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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
13 de Septiembre de 2008 |
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Primer gran film de Renoir. El guión, escrito por Renoir y Charles Spaak, desarrolla un argumento original de Renoir, que se inspira en su experiencia personal de piloto de aviación y la de sus compañeros durante la IGM. Se rueda en exteriores de Colmar (Alto Rhin) y del castillo de Koeningburg (Bajo Rhin) y en los platós de Studios Eclair y Studios de Boulogne-Billancourt, entre febrero y marzo de 1937. Es el primer film en lengua no inglesa nominado al Oscar a la mejor película. Gana el Premio Especial de Venecia y el premio del NYCCA (film extranjero). Producido por Frank Rollmen y Albert Penkovith para Realisation d'Art Cinématographique (RAC), se proyecta en preestreno el 7-VI-1937 (Francia).
La acción dramática tiene lugar en Francia (cantina de una base aérea) y en Alemania (acuartelamiento militar de un aeropuerto, campo de prisioneros de Hallback, castillo-prisión de Winsterborn y granja de montaña próxima a la frontera suiza). El relato se desarrolla a lo largo de algo más de 18 meses. Un avión francés de reconocimiento, pilotado por De Boeldieu (Fresnay) y Maréchal (Gabin), es abatido (19-III-1914) sobre suelo alemán por el avión de combate del capitán von Rauffenstein (Stroheim) unos meses antes del inicio de la IGM. Después de pasar por la enfermería, son trasladados al campo de Hallback, donde comparten cautiverio con un maestro (Dasté), un actor de teatro (Carette), el hijo de un banquero judío (Dalio) y otros. Después de varios cambios, coinciden en la prisión del castillo de Winsterborn el aristócrata De Boeldieu, el mecánico Maréchal y el hijo del banquero Rosenthal. Rige la prisión el capitán von Rauffenstein, ahora mutilado de guerra.
El film suma drama, guerra, vida carcelaria y romance. Es una obra de una gran sencillez aparente, una ironía sutil y exquisita, personajes memorables, grandes actuaciones y escenas conmovedoras. Es una de las grandes películas de Renoir y una de las más admiradas. Sus ideas centrales se basan en la creencia en la igualdad de las personas y la posibilidad de la fraternidad entre ellas, al margen de las diferencias de clase y de educación, y de situaciones sobrevenidas de guerra. Para el guionista las fronteras de los Estados son artificiosas y absurdas, los nacionalismos defendidos por el nazismo y el fascismo son una necedad, la fraternidad entre los pueblos es una urgencia derivada de la propia naturaleza de las cosas y la paz es posible. Defiende los valores del humanismo (libertad, solidaridad, amistad...) y opta por un pacifismo activo. Defiende sus propuestas básicas desde una posición no partidista suficientemente amplia para que todos puedan considerarlas razonables, aceptables y deseables. En otro orden de cosas, el film muestra el ocaso progresivo de la aristocracia como clase dominante en Europa y su progresiva substitución por la burguesía y las clases populares.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En coherencia con sus propuestas, denuncia y condena el antisemitismo, el racismo y la xenofobia. Se refiere con simpatía al pueblo judío, al que describe libre de los ofensivos estereotipos que habitualmente se le atribuyen. Rosenthal comparte con sus compañeros de cautiverio las remesas de alimentos que le envían los familiares. Exalta la camaradería, el compañerismo y la amistad. Defiende el amor, el verdadero y profundo, el que nace en lo más profundo del alma y es capaz de unir el destino de dos personas más allá de bandos, partidas, banderías, creencias, nacionalidades y etnias.
No hay personajes malvados. No los hay ni entre los reclusos ni entre los carceleros. Todos, cada uno a su manera, de modo diferente y en medida dispar, son víctimas de la guerra. Los personajes más trágicos son los dos aristócratas: el comandante alemán y el capitán francés. Influyó en films posteriores, como en el túnel de "La gran evasión" (Sturges, 1962), el canto de "La Marsellesa" de "Casablanca" (Curtiz, 1942) y otros. Son escenas memorables la despedida de los dos amigos cuando uno yace en el lecho de muerte, el tumulto que provoca un francés para que otros dos puedan huir, el número escénico de los disfraces, el primer plano del belén de Navidad, la despedida en la cabaña, etc.
La música, de Joseph Kosma ("Una partida de campo", 1936), aporta una partitura vibrante, que combina aires de fanfarria militar, pasajes lúdicos, pinceladas trágicas (redoble de tambores) y temas idílicos. Añade composiciones de época, como los valses paralelos de la cantina francesa ("Frou-frou") y alemana ("Vida de artista", Johan Strauss), una canción inglesa ("It's a Long, Long Way to Tipperary") y un tema de amor ("Si tu veux Marguerite"). La fotografía, de Christian Matras ("La ronda", Ophüls, 1950), en B/N, ofrece tomas largas que se inician o terminan en un primer plano, un diligente trabajo de cámara, una admirable profundidad de campo y encuadres a través de ventanas y puertas que ponen en comunicación el interior con el exterior. No faltan escenas multitudinarias, tan gratas a Renoir (soldados en la sala de la representación teatral). La estética se ajusta a las pautas del realismo, en este caso profundamente sincero y elevado con toques líricos. Excelentes interpretaciones de Gabin, Fresnay y, sobre todo, de Stroheim.
Miquel 
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| 51 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Betomovies
http://forocine.mforos.com/ (Argentina)
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Su valoración:  |
23 de Abril de 2007 |
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Una película que para mi gusto va de menos a más, comienza contándonos la vida de un grupo de prisioneros de guerra en un campo de concentración alemán, sus formas de divertirse, la manera de relacionarse alemanes y franceses a pesar de ser enemigos de guerra, las tentativas de escape de los presos más rebeldes, etc. Allí el filme nos muestra en forma un tanto curiosa cómo era la vida de los prisioneros de guerra en Alemania (quizás me resulte poco creíble el buen trato que era dispensado hacia ellos).
Debo reconocer que la primera hora del filme se me hizo bastante densa, quizás faltó una profundidad discursiva que no tardaría en llegar luego, cuando con mucha simpleza narrativa, Renoir propone una cinta de indudable carácter antibelicista. Es allí donde la película levanta muchísimo su nivel, con diálogos llenos de conceptos interesantes, donde se nos pone de manifiesto que la amistad puede existir muy a pesar del contexto bélico que hace de coyuntura, allí donde las relaciones humanas superan las condiciones más desfavorables exponiendo las contradicciones más extrañas de la naturaleza humana. Un clarísimo ejemplo de ello es la distinción y roces entre hombres que comparten una nacionalidad pero que pertenecen a distintos estratos sociales, y la afinidad entre enemigos que comparten vínculos de clase. Así se expone la polémica idea que la clase social fuese más importante que la patria.
Tremenda la parte final del filme, es ahí donde el título de éste se hace carne en la historia con esa promesa de regreso para sembrar vida nuevamente. Conceptos sublimes que se abordan como la ilusión de poder volver a empezar y reconstruir amor donde el odio de la guerra provocó exterminio, la valentía de querer ser libres y terminar con los conflictos armados antes que vivir prisioneros del enemigo.
Betomovies 
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| 26 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
31 de Marzo de 2011 |
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Quizás el título de esta crítica resulte exagerado, de acuerdo, pero lo que está clarísimo es que lo mío con el cine francés no tiene remedio. Lo he intentado con casi todos los grandes (Carné, Bresson, Truffaut, Godard, Malle y ahora Renoir) y lo único que he conseguido —en mayor o menor medida— es encadenar decepción tras decepción.
Obviamente, hay excepciones: H.G. Clouzot, por ejemplo, me encanta. Así como algunas cosillas de Truffaut, Malle, Rohmer, Clair, Clément y Chabrol. Pero poco más. Casi podría decirse, por lo tanto, que mi sentimiento generalizado hacia el cine francés es, en líneas generales, bastante tibio.
Mi última gran decepción ha sido, concretamente, “La gran ilusión”. Un film en el que había depositado grandes expectativas y del que, por desgracia, tan sólo puedo decir que se trata de una buena película. Una conclusión a todas luces paupérrima teniendo en cuenta que estamos hablando de la gran obra maestra de Renoir y teniendo en cuenta que la vi dispuesto a flipar con ella y a recompensarla como la mayoría de mis colegas cinéfilos han hecho previamente: con ochos, nueves e incluso dieces.
Lamentablemente, no he sabido conectar con su espíritu humanitario ni con su ferviente defensa de la igualdad entre clases. Y no porque no me solidarice con sus postulados, por descontado. No he conseguido conectar con todo ese contenido alegórico porque me parece excesivamente ilusorio, antojadizo e ingenuo. Y todo ello no me cuadra, para nada, en un drama carcelario ambientado en la 1ª GM. En un drama carcelario en el que los prisioneros degustan delicatessen y cognac añejo y en el que los soldados alemanes parecen hermanitas de la caridad. No, señores, no cuela. Como alegato antibelicista prefiero “Senderos de gloria”; como fábula, “La vida es bella” (el niño, al menos, sirve como pretexto); como drama carcelario, “Le trou” y como todo eso y más, “El puente sobre el río Kwai”. De aquí a Lima, vamos.
Aún así, debo reconocer que le debo un nuevo visionado (de Scardanelli suelo fiarme bastante), que los personajes —más que memorables— resultan entrañables y que la prodigiosa interpretación de Erich Von Stroheim ya justifica, por si sola, su visionado. Lo dicho: buena. Sin más. Y ahora, cojan sus bayonetas y apunten al NO. Lo comprenderé.
Taylor 
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| 18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
11 de Febrero de 2011 |
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Es imposible imaginar al vitalista y humano Renoir filmando una película bélica tejida con explosiones, tiroteos, bombardeos, batallas y hazañas.
“La gran ilusión” se ocupa de la vida, tal y como sigue discurriendo entre unos prisioneros franceses, a pesar de que la guerra pueda amenazarla gravemente.
Mientras lo habitual es rodar la guerra a escala inhumana, mostrando su esencial brutalidad, Renoir lo hace a escala humana, fijándose con plena deliberación en zonas ajenas al combate: la comida, las ropas, los planes de fuga (ese túnel que en tantas películas galas se ha cavado, como si fuese el mismo…), camaradería jovial y solidaridad, incluso el romance que con cálida intensidad anula a la contienda, y por supuesto la libertad, que jamás se pierde de vista.
Los oficiales franceses componen con bastante juego un dúo de contrarios, personificación de clases sociales antagónicas: el robusto y llano teniente (Gabin), el refinado y aristocrático capitán (Fresnay). Pero a la hora de las personificaciones, el portento de la película es la actuación del cineasta Von Stroheim en el papel de comandante prusiano. Interpreta con gestualidad impresionante en tres idiomas a un hombre de honor que sienta a su mesa a los oficiales apresados, los trata con impecable cortesía y llora desde lo hondo de su corazón de caballero antiguo al tener que disparar su arma en cumplimiento del deber.
Ese hombre de imponente y conmovedora presencia simboliza la ilusión deseada por Renoir: que la sencilla calidad humana prevalezca sobre la barbarie.
En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un anhelo ciertamente ilusorio.
Pero el maestro francés lo formuló con toda su fe civil y republicana.
Archilupo 
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| 25 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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capacitivo
Jaen (España)
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Su valoración:  |
14 de Marzo de 2009 |
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Maravillas había leído sobre esta película de Renoir y no puedo afirmar que el director haya tenido la culpa de esta gran decepción que me he llevado.
El filme tiene momentos grandiosos, el uso de la cámara para la expresión de sensaciones y el cuidado de cada plano es admirable pero tiene para mi gusto tiene dos grandes problemas de raíz que expondré a continuación.
Los personajes que nos presentan están mal definidos provocando que mi capacidad de empatía con ellos sea nula, por lo que en ningún momento me hacen sentir ni padecer. Sólo se toman la molestia de definir a dos personajes, los aristócratas del castillo de los que no daré más detalles para no caer en spoilers, pero demasiado rápido y sin sentido haciendo que una gran carga sentimental del filme pase de puntillas.
El otro gran problema es la historia/guión en sí. Cuando me he enfrentado a la visión de "La gran ilusión" ya tenía en mi haber cinéfilo dos obras maestras sobre las huídas de cárceles, "Un condenado a muerte e ha escapado" y "La evasión", que sin duda han bebido de las virtudes del filme de Renoir pero en donde se plasma los quehaceres de un grupo de convictos en pro de su libertad de una manera más detallada y sencilla. Olvidándonos de que gran parte de la película se apoya en como van a huir, que sin duda es novedoso para la época, el filme tiene 25 minutos finales que no vienen a nada, hundiendo más mi valoración final.
Si a estos dos grandes problemas le sumas una música desastrosa que además está muy mal montada obtendrás como resultado la gran decepción que me he llevado.
capacitivo 
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