|
Para evitar que la película se convierta en un puro docudrama sobre los últimos días de Miterrand, el guión intercala las peripecias privadas del biógrafo que acompaña al presidente, lo cual, siendo un truco tan viejo como lícito, sólo consigue que el espectador bostece y desee, cuanto antes mejor, que vuelva a aparecer ese Miterrand-Bouquet que tantas cosas con enjundia tiene que decir y tantas miradas repletas de melancolía y sabiduría tiene que lanzar.
PRESIDENTE MITERRAND habla de política, sí, pero también de la vida, de la muerte, del amor... Hay diálogos que no tienen precio.
LeonNewman 
|