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| 41 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
2 de Mayo de 2006 |
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Lubitsch es un director plenamente respetado que, sin embargo, no parece estar en cuanto a reconocimiento popular entre los más grandes del séptimo arte.
Quizás sus comedias, tan sofisticadas y refinadas como ésta que nos ocupa, dan normalmente una apariencia de frialdad o cínica frivolidad que, siendo indiscutiblemente entretenidas, no acaba de conectar totalmente con lo “emotivo” sino más bien con la “inteligencia” del espectador. Y luego que es un director de interiores, sin grandilocuentes fotografías... (parece una chorrada pero influye, a D. Lean se le mete constantemente en listas de los mejores directores prácticamente por Lawrence..., y sí, estoy de acuerdo, pero no olvidemos el juego de puertas de Lubitsch).
Esta película es un buenísimo ejemplo (sin ser la mejor de su filmografía desde luego) de su elegancia, sutileza, agilidad y precisión.
La historia acaba siendo un romance con más intensidad de lo que de su tono casi displicente puede desprenderse, una muestra de la melancólica visión de Lubitsch sobre el amor efímero, sobre la magia de un romance y sobre los dos protagonistas que prefieren dejarlo antes de que ese apasionamiento cegador (ambos están cegados claramente, si continuaran juntos las cosas inevitablemente no terminarían bien) acabe con la fugacidad amorosa. La película va, por tanto, más allá de la comedia y de una planificación visual extraordinaria; tan magnífica que puede hacernos olvidar que también hay algo de “corazoncito” en ella.
Como digo, esta bonita historia de amor está camuflada bajo un ejercicio de ingenio y estilo tan abrumador que puede acabar provocando cierta sensación de asepsia, cierta separación con el espectador. Y es que nuestro ojo no está entrenado para que el cine nos tome en serio. Para que (Miguel Marías) se nos otorgue un papel activo en lo que se nos cuenta y se dirijan directamente a nuestra inteligencia (los directores que buscan la emoción por encima de todo parecen tener más aceptación, ya no hablo de los que se dirigen al imbécil que todos llevamos dentro y que Hollywood pelea por sacar en cada estreno).
En esta película la imagen hace avanzar la trama. No es un virtuosismo técnico, es un virtuosismo narrativo. Desde ese punto de vista Lubitsch me parece uno de los directores más precisos que han existido. Sus soluciones visuales son de un ingenio constante, una obra de auténtica ingeniería visual.
Gran uso del montaje, de la composición de planos y, sello de fábrica, de la elipsis y de todo aquello que queda en off (detrás de una puerta, el fuera de campo...), la sucesión de planos-viñeta, la importancia de los objetos para hacer avanzar la historia sin la palabra, las transiciones (que no son meros recursos para acelerar una parte poco interesante y que sirva de nexo, sino que se le da la vuelta para que tengan también un punto de comedia) etc. ¡Es que hasta la forma de presentar a los personajes es mucho más moderna que cualquier cosa que se haga hoy!
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(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: ...
Todo es un mecanismo narrativo y de comedia fantástico (y comedia no es sólo partirse de risa igual que un drama no deja de serlo si no lloras). Puede parecer fácil, pero no hay muchos más que lo hagan con tal exactitud (hoy día ni siquiera existe) y, además, en Lubitsch es constante, no se trata de meter detalles y hallazgos aislados, se trata de construir narrativamente la película empleando al mismo nivel la palabra y la imagen.
Pero además de un excelente y elegante uso de la puesta en escena y de unos recursos visuales trabajadísimos, el guión tiene unos diálogos brillantes con constantes frases lapidarias. A Lubitsch le gustaba especialmente la guerra de sexos desde el punto de vista de aguda confrontación de ingenios, desde un erotismo contenido...
La película, en definitiva, mezcla el vodevil, el enredo, la comedia de infidelidades y equívocos... y Lubitsch nos lo sirve con su ironía habitual no exenta de melancolía y cierto pudor, elegancia también podría llamarse, que no sé si encaja demasiado bien con lo que actualmente predomina. Él prefiere sugerir sin caer en lo chabacano ni en la sal gruesa.
Y luego, además, está la habilidad del director para buscar siempre un matiz, un detalle que fuera un poco más allá. Cuando crees que el gag o la secuencia termina él mete un nuevo giro y entonces cierra.
Lo que pretendo decir es que Lubistch, más allá de que sus pelis gusten o no, que enganchen o no, buscaba contar una historia de una forma no apta para lo que Cortázar en literatura llamaría “lector hembra”. Lubistch, de esta forma, es tan moderno hoy día como pudiera serlo Godard en los 60 (vale, pon el que quieras si no te gusta Godard). Hoy lo obvio gana la batalla, lo evidente. No existe el papel activo del espectador, que sólo es sujeto pasivo de perrerías varias (o de buenas intenciones, que también las hay, pero sujeto pasivo en definitiva). Las cintas de Lubitsch nos tratan de igual a igual como si nos dijeran: “Cuento contigo para que esto avance. Cuento contigo para que aprecies que lo que podía contar con un diálogo y plano-contraplano no lo muestro; te enseño mejor las consecuencias y lo que se intuye, no lo que se ve o se oye”.
Bloomsday 
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| 19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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FATHER CAPRIO
Almeria (España)
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Su valoración:  |
18 de Marzo de 2007 |
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Si usted dispone de una hora y media de su tiempo desocupada considere seriamente ver esta película. Encontrará en ella suficientes elementos altamente atractivos y acabará reconociendo que no ha perdido su tiempo. Y sobre todo encontrará a Ernst Lubitsch. Bueno..., no se trata de To be or not to be ni de Ninotchka pero el sello Lubitsch se estampa claramente sobre esta comedia. ¿Obra menor? Quizás. Tal vez. Pero aun así merece la pena.
Aunque el tono de la película sufre algunos altibajos el inicio es francamente genial (no se pierdan detalle de la elección del menú) y en general nos mantiene alerta a los diálogos y con una sonrisa en los labios en todo momento.
Las comedias de Lubitsch hacen un guiño al espectador inteligente, a aquel que es capaz de leer entrelíneas. No recurre al humor fácil. No nos desternillaremos con él pero sonreiremos con complicidad.
Me gusta este tipo de humor. Como me gusta encontrar a actores de la talla de Edward Everett Horton, secundarios a la sombra, pero que dan un brillo especial a las obras en que participan.
FATHER CAPRIO 
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| 16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
19 de Junio de 2009 |
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Si entre un ladrón-estafador consumado y una estafadora-ladrona no menos vocacional y aplicada surge la atracción erótica, en el roce durante el flirteo desplegarán como un cortejo todas sus habilidades prestidigitadoras.
Birlarse la billetera, el reloj, el bolso, la pulsera, el encendedor y los anillos mientras están juntos es el resultado de meterse mano una pareja de carteristas. Es la excitación, el juego, su particular parada nupcial, su literal timarse.
Una idea brillante.
Los farsantes se mueven por los grandes hoteles venecianos, como ‘bon vivants’, pasando por aristócratas en un mundo suntuoso.
La ambientación propicia el tono refinado y trepidante en que la ironía de Lubitsch da su mejor rendimiento, con diálogos ágiles y situaciones vodevilescas, maquinaciones y equívocos que se multiplican, girando siempre en torno al contacto carnal, aludiéndolo muy de cerca en danza íntima, a temperatura elevada, pero sin tocarlo.
El ritmo vivo, de baile alegre, explica que este chispeante ejercicio aguante bien el envejecimiento.
Una realización brillante.
= = = = =
Falso barón: Debo sincerarme, condesa.
Falsa condesa: Ya lo sé. Es usted un ladrón.
Falso barón: Páseme la sal, haga el favor.
Archilupo 
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| 16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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LeonNewman
Leon (España)
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Su valoración:  |
24 de Marzo de 2006 |
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Para quien aún piense que "los antiguos" eran una especie de seres asexuados, he aquí un ejemplo de cómo se las gastaban en plena resaca de los locos años 20. Comedia con multitud de guiños sexuales que muchos de los que hoy en día van de progres y liberados no se atreverían a poner en sus películas. Y sin un desnudo, ojo: todo sugerencia, estilo, inteligencia.
¿De verdad hemos progresado tanto?
LeonNewman 
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| 11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
4 de Julio de 2009 |
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Indispensable para quien le guste las películas románticas.
Los minutos iniciales son perfectos. Desde las habitaciones del hotel se presenta a un hombre que cae al suelo inconsciente; al mismo tiempo aparece otro con aspecto lánguido, mira por la ventana. No hay paredes, todo se comunica, se contempla el agua con el brillo de la noche, un gondolero canta y una mujer saluda enigmática desde otra góndola que se desliza por el canal, igual que la cámara.
Elegancia total.
Pero ahí está Lubitsch. Ese mundo de ensueño, pronto vemos que, en realidad, pertenece al mundo de los mortales. Se trata de un ladrón romántico, de exquisita personalidad, atractivo hasta el punto de enamorar a su siguiente víctima, una millonaria.
Sólo los genios del cine pueden combinar imágenes y diálogos tan llenos de encanto entre la relación triangular que nos presenta.
Indispensable. Con un final lleno de ternura, de esa que llega directa al corazón.
fantomas 
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