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Sinopsis
Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. De Winter y la joven se casan y se van a vivir a la mansión inglesa de Manderley, residencia habitual de De Winter. Pronto la señora Winter se da cuenta de que no puede borrar en su marido el r... Leer sinopsis completa
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30 de Enero de 2007
153 de 169 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Todos los amantes del mago Hitchcock tenemos una cita periódica en Manderley.
Una cita para revisitar el único film del maestro al que le fue concedido un oscar a lo largo de toda su carrera.
Una cita para dejarse envolver por los múltiples misterios ocultos entre los muros de la mansión de Manderley, siempre atentos a no profanar el ala este de la mansión, el templo donde mora la memoria de Rebecca, vigilada celosamente por su férrea sacerdotisa, la Sra. Dambers.
Una cita para acompañar en su terrible odisea a la única heroína (que yo conozca) del cine y de la literatura carente de nombre propio, para aumentar, si cabe aún más, el sentimiento de despersonalización, empequeñecimiento y anulación a que es sometida, magnificado porque el nombre que da título a la obra, Rebecca, cuya arrebatadora personalidad está presente en todos los rincones de la mansión, es el nombre de una mujer muerta.
Una cita para revivir la tortura interior de Maximillian de Winter, el poseedor de un angustioso secreto, quien, bajo una óptica contemporánea, tomaría el papel de inconsciente torturador, por sus brotes de ira y por el abandono a que somete a su joven esposa.
Una cita para aterrorizarnos con la perversión de la patología lésbico-necrófila de la Sra. Dambers, magistralmente interpretada por la actriz Judith Anderson, en un papel que la encasillaría durante toda su carrera.
Una cita para admirar otra magistral interpretación de George Sanders en el papel del cínico, chantajista y amoral Jack Favel, el primo de Rebecca.
En definitiva, una cita para revisitar una de las obras maestras de Hitchcock, una mezcla de historia de intriga, cuento gótico de fantasmas y melodrama romántico, que, como todas las obras maestras, aumenta su capacidad de fascinación con el paso del tiempo
La inminencia de esa cita siempre causa un renovado placer al cinéfilo, porque para todo cinéfilo, siempre es un placer... volver a Manderley.
Maximillian  |
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11 de Febrero de 2007
59 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Digo que mi nombre se lo debo a esta película simplemente porque mi madre y su mejor amiga hicieron un pacto cuando eran jóvenes cuando la vieron por primera vez, la que primero tuviera una hija la llamaría Rebeca, pues aquí estoy, mi madre cumplió ese pacto. La primera vez que la ví yo era una chiquilla y ya la veía en versión original, algo que sigo haciendo desde entonces y que animo a hacer a todo el mundo. Soy una auténtica fan del maestro Hitchcock, todas sus películas me fascinan, unas más que otras pero ninguna me ha decepcionado. Para mí Rebeca es simplemente, la mejor. Todo, absolutamente todo, me parece inmejorable. Cabe destacar a Judith Anderson, la temible ama de llaves, esa mirada fría, esa silueta en negro que se pasea por los pasillos de la mansión de Manderlay, espectacular. El personaje de Joan Fontaine, de la que no sabemos su nombre en la película, puede resultar un poco soso al principio pero esto cambia cuando tiene una larga conversación con el ama de llaves, aunque bien dicho, ésta es la que habla prácticamente en todo ese encuentro, pero ese encuentro en la habitación de Rebeca hace que " la intrusa ", entiéndase por Joan Fontaine, " despierte " de su pasimonia y se de cuenta de que ella es ahora la esposa de Maxim De Winter y que ya es hora de " enterrar " a Rebeca para siempre. Ahí es cuando su personaje crece más y se le coge más afecto. Laurence Olivier, que manera de hacernos pensar... que momentos tienes también. La presencia de Rebeca se siente en toda la película y aunque nunca aparece nos podemos hacer una idea personal de como sería físicamente por las constantes descripciones que se hacen de ella. La película está llena de escenas inolvidables, nunca me cansaré de volver a verla.Gran final, solo como el maestro sabe hacer. Inolvidable
rebeca  |
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Miquel
Palma (Mallorca) (España)
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17 de Noviembre de 2007
46 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Primer film americano de Hitchcock. Escrito por Robert E. Sherwood y Jean Harrison, adapta la novela gótica "Rebecca" (1938), de Daphne du Maurier. Se rueda en exteriores de Big Sur, Palos Verdes y Point Lobos State Reserve (CA) y en los platós de Selznick International Studios (Culver City, CA). Nominado a 11 Oscar, gana 2 (película y fotografía). Producido por David O. Selznick, se estrena en "première" el 24-III-1940 (LA).
La acción tiene lugar en Montecarlo y en la mansión de Manderlay, situada en la costa de Inglaterra (RU). Maxim De Winter (Laurence Olivier), inglés adinerado, viudo desde hace poco, conoce en Montecarlo a la joven dama de compañía (Joan Fontaine) de la Sra. Judith von Hopper (Florence Bates). Él, oscuro y complejo, tiene frecuentes altibajos de ánimo. Ella es tierna, impresionable, inocente, tenaz y romántica.
El film es un thriller psicológico con componentes de drama, romance, misterio e intriga policíaca. El relato, muy bien narrado, constituye un prodigio de misterio, tensión e intensidad. Contado en "flashback", un personaje ausente es el motor de la acción. Los carácteres se presentan bien construidos y con profundidad, incluso el de secundarios (ama de llaves y Jack Faver). Los diálogos y las imágenes hacen presente en la historia un extraño personaje que no aparece nunca, pero mantiene en vilo la atención de actores y público. Se palpa la presencia insidiosa e inquietante del mal, el asedio que levanta en torno a la inocencia y la mella que hace en ella. Hitchcock maneja con habilidad los recursos visuales, verbales y argumentales que generan inquietud y tensión. Cabe destacar el uso que hace de un pasado amenazador, de las sospechas que levanta y de su manifestación a través de actores implicados en la acción. Es el primer y único film de Hitchcock que recibe el Oscar a la mejor película y es el primero de cuatro nominados al Oscar a la mejor dirección. En España, donde tiene gran éxito, determina que el tipo de jersey que viste la protagonista reciba el nombre de rebeca, acepción aceptada por la Real Academia e incorporada al Diccionario. El presupuesto permite al realizador construir un escenario amplio y temible, que inspira la mansión de "Xanadú", de "Ciudadano Kane" (1941). Son escenas visualmente destacadas la del baile de disfraces, la del acantilado, la de los coches a la carrera y otras. Son soberbias las actuaciones de Fontaine, Olivier, Sanders y Judith Anderson.
La música, de Fanz Waxman ("Sunset Boulevard", 1950), se apoya en una partitura de 21 cortes, que contribuye a la creación de la potente atmósfera del film. Destacan los temas "Main Tittle", "Opening Scene", "Sra. Danvers", "Manderley Ball" y "Epílogo". La fotografía, de George Barnes ("Juan Nadie", 1940), se apoya en un notable trabajo de cámara, que refuerza con sombras, proyecciones de sombras, espacios desolados, imágenes del mar embravecido, etc. Son soberbias las actuaciones de Fontaine, Olivier, Sanders y Judith Anderson.
Miquel  |
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4 de Junio de 2006
61 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La película con la debutó Alfred Hitchcock en el cine norteamericano no podía tener mejor reconocimiento con once nominaciones y dos oscars, incluido el de mejor película en 1940. ¿Merecidos? Bueno es un tema menor el de los premios aunque a mí juicio aquel año hubo varias películas mejores como "Las uvas de la ira" pero lo importante es analizarla con objetividad.
En aquel momento Hollywood y los premios lo controlan el productor David O. Selznick, que un año antes había arrasado con "Lo que el viento se llevó". El fichaje de Hitchcock era lógico habida cuenta de sus éxitos en el Reino Unido y la Segunda Guerra Mundial acechando la invasión de la isla.
Una buena novela de Daphne Du Maurier, de la que ya había adaptado "La posada de Jamaica" un año antes, sirvió de material argumentativo y el mediocre guionista Philip MacDonald se limitó a transcribirlo pero omitiendo y adulterando todo lo que señalaban desde arriba como explico en el spoiler. En fin que el oscar se lo llevó Selznick como productor a mejor película...todo muy imprevisible como ven.
"Rebeca" tiene muchos puntos fuertes evidentemente, por ejemplo la fotografía que es sensacional de George Barnes, unas envolventes melodías de Franz Waxman que enfatizan acompañan cuando es necesario, unos decorados magníficos como esos interiores de Manderley, unos secundarios excelentes en especial Judith Anderson que demuestra que es una gran actriz, aunque su actuación le hizo que se encasillase y repitiese por siempre el papel de ama de llaves, y también destacar a George Sanders. Y por supuesto la mano en la cámara de sir Alfred único en el mundo.
El problema que le veo a "Rebeca" es meramente personal lo reconozco. No me siento en ningún momento identificado con las peripecias de la señorita Joan Fontaine. Un mujer neurótica, con falta de personalidad, egocéntrica no lo olvidemos ya que su máxima preocupación es aparentar ser tan "guay" como la anterior señora Winter.
Una envidia típica de mujer (que si es muy guapa, que si la quería más, que si...)
Evidentemente sólo una mujer podría hacer una cosa así y dar ese enfoque de culebrón que arrastra todo el film.
Además hay otro tema que me intriga aún más que los "problemones" del matrimonio de Winter y es la reverencia a la estructura social que se presenta como normal.
En muchas ocasiones de la película me dan ganas que entren los soviets de Petrogrado por la puerta y pasen a bayoneta al señor y señora de Winter y allegados menos al pobre George Sanders que dice la mejor frase de la película dirigiéndose al comisario: "Creo que usted defiende a de Winter porque es la persona más importante de aquí y le invita a cenar".
Porque esa es otra, el clasismo que desprende toda la cinta, rechina bastante en nuestros días. Y es que un tipo de recomienda leer los artículos de criquet en el Times no me produce ninguna empatía por su vida.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
No se trata de comparar la novela y la película, pero sí desde luego me gustaría señalar que se producen varios cambios de vital importancia. El más grave sin dudas es que en el libro, Maxi sí asesina a Rebeca, disparándola con su pistola, por sus continuos amoríos y escarceos incluso en la casita de la playa. Por tanto no hay ningún accidente. Pero claro presentar a un asesino que se salga con la suya no es algo que estaba bien visto en la puritana sociedad norteamericana, además parecería que se está justificando el crimen, al merecérselo un ser tan malvado como Rebeca y podría cundir el ejemplo. Por lo tanto moralismo al canto.
Además el señor de Winter aparece en la novela como un ser bastante ambiguo y algo pérfido y no como un hombre tan sólo distanciado pero locamente enamorado de Joan Fontaine como nos cuenta el film, pero claro la Love Story se vendría abajo.
En resumidas cuentas de Hitchcock prefiero otras cuantas aunque desde luego "Rebeca" no es mala ni mucho menos, pero es verdad que cuando la veo tengo que imaginarme que soy Marqués y Grande de España para que mi raciocinio de intelectual no sufra un colapso.
Me hubiera gustado que Buñuel hiciese un "remake" de esta película. Hubiera sido la monda. Menos mal que nos queda la imaginación.
vircenguetorix  |
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13 de Mayo de 2011
32 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Como la mayoría de las comedias, “Rebeca” basa su conflicto argumental en un equívoco. Una mujer piensa que su marido se ha casado con ella para sustituir a su esposa fallecida, cuando en realidad lo ha hecho para olvidarla. Todas las escenas de la primera parte ilustran esta situación engañosa. Así, los esfuerzos de la nueva esposa por suplantar a la antigua dejan en evidencia no sólo la distancia entre ambas sino la confusión de roles: Max de Winter espera de su mujer lo contrario de lo que ella intenta hacer ya que la ha “contratado” por carecer completamente de los atributos de la difunta Rebeca. Recordemos que es una “acompañante pagada” que asciende de categoría. Pero “Rebeca” no es una comedia.
Y esto a pesar de Hitchcock, que se sentía atraído por el humor subyacente de la historia y que siempre dijo que la película era más de Selznick que suya.
Hitchcock tenía razón, puesto que la historia que realmente narra “Rebeca” es de una hilarante crueldad. La protagonista ni siquiera tiene nombre (incluso a la chaquetilla de punto que llevaba se la bautizó con el nombre de su antagonista fallecida). El papel que juega en la vida de Max –que ni sabe cómo se peina o viste, que no tiene la delicadeza de retirar la mantelería alusiva a la anterior Señora de Winter- es instrumental y se limita en último término a ayudar a quemar su pasado (de forma literal, por cierto). El servicio la observa, divertido, y Max es, desde luego, cómplice.
Pero no es comedia, a pesar de poseer momentos bastante divertidos y muy hitchcockianos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
Obviamente porque hay un personaje que se toma todo muy en serio, la célebre Sra. Danvers. Ella custodia el castillo con el celo suficiente como para que su arquitectura gótica incline la balanza. La enorme riqueza iconográfica de esta película es producto de ese esfuerzo: la cambiante silueta de Manderley, la cabaña junto al mar, la puerta de la habitación maldita custodiada por el fiel cancerbero, las rocas pertinaces sobre las que recae la rompiente, la cara del marinero loco, la propia figura espectral de la Sra. Danvers. Serían en sí mismos materiales inofensivos, de no ser porque una mente en penumbra los ha transformado.
Ahí surge la tensión que, a mi entender, hace de “Rebeca” una película magistral, la eterna violencia que se da entre –disculpen la cita, pero no hay expresión que lo defina mejor- la realidad y el deseo, que Daphne du Maurier concibe y que Hitchcock muestra encarnándola en dos escenarios concretos, dos habitaciones. El dormitorio de Rebeca –lo que Rebeca no es y que no existe más que en la mente fetichista de la Sra. Danvers- y el interior de la cabaña –lo que en realidad era Rebeca. En ésta última está la solución del secreto de Rebeca, y no me refiero al mediocre misterio relacionado con su muerte y que deberemos padecer antes de que acabe la película. A lo largo de la filmografía de Hitchcock, esto será un recurso muy común, como sucede con la habitación de Norman Bates en “Psicosis”, tan reveladora.
Talibán  |
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