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Ludovico
Ávila (España)
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Su valoración:  |
21 de Enero de 2008 |
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Magistral metáfora, entre lo místico y lo político, sobre el caos y la violencia, sobre la tiranía de lo colectivo y la socialización homicida impuesta a los seres humanos por unos y por otros en nombre de la libertad.
Desde la primera escena, Tarr nos introduce en un universo mágico, a veces fascinante, a veces terrible. Lástima que la traducción de los subtítulos, tan penosa como de costumbre, pueda incluso impedir la comprensión de una escena clave: el monólogo de Erszt sobre las novedades introducidas por Andreas Werckmeister en el sistema musical occidental; monólogo donde el musicólogo plantea la necesidad de revisar la historia, desandar lo andado y volver al origen: idea —que obviamente puede proyectarse al conjunto de nuestra cultura— antológicamente traducida en términos visuales por dos espectaculares travellings circulares de 360 grados en sentidos contrarios. Escena que culmina con la afirmación de la cualidad individual y la necesidad del límite. Ahí, en mi opinión, habría que buscar la clave de la metáfora.
Aunque la substancia del film es básicamente metafísica, una lectura política es prácticamente inevitable, y Tarr molestará por igual a la derecha y a la izquierda: es un francotirador que va por libre y que dirige aquí una mirada empática a dos seres, muy distintos entre sí, pero que como él, coinciden en la afirmación radical de su individualidad y en su negativa a sumarse a cualquiera de los dos bandos en que se polariza la demencia colectiva: 1) Janos Valushka es un joven bondadoso, no tonto aunque tal vez un poco simple, siempre dispuesto a ayudar a unos y a otros, que —con una traslación un tanto mecánica de las realidades celestes a las terrestres— confía ciegamente en la armonía cósmica y no se entera de lo que pasa a su alrededor hasta que la barbarie más criminal se muestra abiertamente ante sus ojos. 2) El musicólogo Erszt, por su parte, percibe con lucidez que «todo está equivocado» —y no sólo el sistema musical—, y opta por el retiro solitario, consciente de que el caos imperante es superior a toda posible solución. Ante la agresión, sólo queda acogerse a que, en última instancia, «nada importa, nada importa en absoluto».
Anulada la capacidad de resistencia («Melancolía de la resistencia» es el título de la novela en que se basa la película) por un poder al que no se puede escapar, sólo queda la solidaridad entre los escasos disidentes de la barbarie para sobrevivir juntos: volver a afinar el piano para ajustarse a la norma y adaptarse a vivir como mejor se pueda en la «cocina de verano». Más que rendición, recurso al único reducto en el que todavía es posible la supervivencia: la libertad interior.
Visión de una lucidez sin concesiones en su pesimismo radical, «Armonías de Werckmeister», film de una belleza visual literalmente incomparable, me parece, sencillamente —y dentro de lo que conozco—, la película más importante que se ha filmado en las últimas décadas.
Ludovico 
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| 57 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Alexei
Londres (Reino Unido)
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Su valoración:  |
21 de Diciembre de 2006 |
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Bien, sé que esto no es un foro, pero me gustaría desde aquí defender Sátántangó, hacer mi análisis de Armonías de Werckmeister y no malgastar mucho mi tiempo intercambiando opiniones con personas que recurren a la grosería y a lo soez para expresarse, porque, una cosa es estar en un bar con tus colegas, y otra muy diferente hacer una crítica, y me parece la opción blanda y un poco triste acudir a este tipo de lenguaje no teniendo más que ofrecer que un par de tacos; y alguien que escribe "deberían fusilar a Béla Tarr" o "ésta película es una puta mierda" sin ningún tipo de argumentos deja mucho que desear de su capacidad intelectual, o de su capacidad en general.
Para empezar, Sátántangó dura siete horas y media, que no digo que sea poco. Luego, resulta un poco bochornoso ponerle un 9 o un 10 a una película cuando a uno no le ha gustado, y os aseguro que ese no es mi caso. Ahora, con respecto a lo del Sevilla Festival de Cine 100% Europeo, estoy de acuerdo con que la organización es bastante mala (estamos en Sevilla…), pero muchas de las propuestas que nos ofrece son muy interesantes.
Por culpa de reaccionarios cuadriculados Van Gogh se pegó un tiro, ¿y no decían que Mozart era “demasiado elaborado” y lo enterraron en una fosa común como a un perro?, ¿y qué fue de Modigliani?, bien, pues ahora todo el mundo los adora.
El arte vanguardista en general peca de esa debilidad: o se odia, o se ama. Yo intenté ser honesto y reconocí que me quedé dormido viendo Sátántangó, y que en algunas escenas uno se pregunta si le están tomando el pelo o no, pero todas esas dudas se disuelven cuando uno ve la secuencia que abre Armonías de Werckmeister: en ese momento entiendes que Béla Tarr es un genio, y su cine, una experiencia única.
El director húngaro, comprometido radicalmente con el arte, o comprometido con un arte radical, nos narra aquí una historia (basada en el libro "Melancolía de la Resistencia" de László Krasznahorkai) demencial, absurda, apabullante, tremenda, triste, mágica, devastadora, desoladora, pese a su dureza y aspereza hermosísima (qué música Dios mío la de Mihály Víg; qué rostro impagable el de Lars Rudolph), salvajemente lírica… una obra de arte absoluta.
P.D.: Me parece patético hacer un análisis sin haber visto la película entera.
Alexei 
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| 27 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
20 de Febrero de 2010 |
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1) La extraordinaria escena inicial deja claro que una cosa es la realidad y otra el cine.
En un bar mugriento llega la hora de cerrar pero los parroquianos ebrios exigen que antes el joven Jànos enseñe lo suyo. Se trata de la representación de un eclipse en el sistema solar, poniendo a la gente a girar en el centro del local, como astros y satélites.
Jànos es similar a Mishkin, el inocente idiota dostoievskiano, un alma pura. Vive en su propio mundo, que es la vida concreta: el ahora.
¿Qué tal el cosmos, Jànos?, le preguntan del modo más natural.
Gran personaje y gran actor, de muy expresivos ojos.
El circo llega con la ballena gigante al pueblo. Se rumorean vagos desórdenes. En la plaza mayor el recibimiento es sorprendente.
Para Jànos, contemplar la ballena es un acontecimiento trascendental.
2) La fábula es sencilla pero el director húngaro aplica su estilo y la extiende en todas direcciones. Pronto acompañamos a los personajes en largas caminatas, la cámara como un caminante más, y nosotros ahí, a través de la cámara, oyendo el rítmico roce de las ropas, según el procedimiento Tarr.
Hacia la mitad, una maleta, el puro objeto, se convierte en pieza ajedrecística de un golpe de Estado.
Los hijos malcriados de un jefe policial: uno esgrime un palo, exactamente igual que los componentes de la compacta y oscura masa humana, sin etiquetas, cargada de violencia ciega, dispuesta a abrir la compuerta del Terror.
3) Jànos cuida a un musicólogo solitario que graba para sí sus especulaciones sobre las teorías armónicas de Werckmeister y el “Clave Bien Temperado” bachiano; que afina y desafina.
Siguiendo tales especulaciones, Bela Tarr marca un ritmo deliberadamente monótono, articulado mediante repeticiones, para provocar un efecto hipnótico; para cambiar el régimen de percepción: de realista a estético.
La ballena es símbolo total del misterio. Su ojo abierto, fijo… Jonás, digo Jànos, hace por situarse frente a él, divisar ese abismo interior.
En el universo Tarr todo es viejo: casas, ropas, muebles, calles. Llevan una eternidad ahí.
Una vez más, ningún coche. Un tractor lento, un jeep militar, un tanque, un helicóptero como aterradora cabeza de insecto, pero ningún coche. Efecto de intemporalidad.
4) Predomina la noche. Entre la inocencia y el Terror, la batalla está perdida.
Predomina el negro, más que el blanco o el gris.
Una desolación bellamente labrada.
Archilupo 
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| 26 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Entrañable
Compostela (España)
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Su valoración:  |
24 de Febrero de 2010 |
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--Actas de la XXXVII Reunión del Comité de Pragmatismo Cinematográfico, O No (CPCON)--
--Integrantes--
-Rodolfo Mancini Rosso, doctor en Filosofía y experto en estudios marxistas.
-Lord Archibald de Flockismeyer, pingüino de la escuela maniqueísta.
-Ignatius Von Garland, estudioso de la construcción de ficciones y el sexo en grupo.
-Sándor Zarraonandia Pires, destacado hungarista, vasquista y lusista (por ese orden).
--Orden del día--
Descubrir la utilidad que pudiera tener como elemento cinematográfico en sí la obra conocida como "Armonías de Werckmeister" (a ser posible, sin tener que llegar a verla).
--Conclusiones--
Tras la proyección de la película, un acalorado debate y una merienda (a cargo de Lord Archibald) consistente en bocadillos de nocilla, y habiendo aclarado que:
1- Lo que hablan casi todos los personajes no es coruño, sino húngaro.
2- La nocilla blanca que se vende sola sabe distinto de la que viene en el bote de 2 sabores.
3- La película, puesta al revés, parece no contener mensajes ocultos que te vuelven vegetariano.
Se determinó que, básicamente, "Armonías de Werckmeister" sirve para:
A- Empaparse de la emoción de un personaje ante la visión de algo prodigioso para él aunque anecdótico para el espectador.
B- Sobrecogerse con una escena de violencia en la que no se oye un sólo quejido ni grito de ira ni se ve una gota de sangre por el "mero hecho" de estar filmada cojonudamente.
C- Captar con satisfacción estética y emotiva diversas resonancias formales o temáticas entre las distintas unidades en forma de planos-secuencia larguísimos que conforman la película. Por ejemplo, viendo como otro personaje distinto se empapa a su vez de la emoción ya mencionada en el apartado A tiempo después.
D- Percatarse de que el ritmo adecuado es aquel que el director sabe convertir en tal.
E- Maravillarse por la belleza de una escena y además, minutos después, preguntarse cómo coño fue rodada.
F- Tener miedo de algo que no vemos ni comprendemos.
G- Descubrir una vez más que el cine puede crear mundos.
H- En general, disfrutar con los ojos, los oídos y el corazón.
I- Otros.
--Apunte final--
Al terminar la película, Von Garland preguntó qué representaba la ballena, a lo que Lord Archibald respondió propinándole 37 golpes en la cabeza con una sartén. El teflón quedó severamente dañado.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Normalmente las películas cuyo argumento no acaba de entender una importante proporción de espectadores, en el sentido más básico de la palabra "entender" (es decir, poder explicar en un par de líneas su argumento de forma clara de modo que quede explícito su significado a todos los niveles), se puede clasificar en uno de estos 3 grupos:
1-Argumento demasiado complejo para la capacidad de comprensión de dichos espectadores.
2-Argumento y/o narración demasiado enrevesados para el límite de tolerancia y/o capacidad de seguimiento de dichos espectadores (ojo que no es lo mismo).
3-Obra plagada de simbolismo "racional", entendiendo esto como "metáforas que simbolizan otras cosas concretas y perfectamente explicables", por ejemplo, "el pedrusco representa el inmovilismo del régimen".
4-Obra surrealista, lírica, abstracta o plagada de simbolismo "irracional", entendiendo esto como "imágenes que pretenden transmitir algo puro e inefable", por ejemplo, "no sé lo que representa el pedrusco, pero me conmovió".
(existen también tipos mixtos, por ejemplo "Primer" estaría entre los dos primeros y "2001" probablemente tenga un poco de todos, en distintas proporciones)
El problema consiste en que a veces uno no sabe a qué tipo de obra se enfrenta. Hay quien se cabrea ante algunos de estos tipos o todos. En mi caso particular:
1- La película me gusta si me aporta algo más, y cuando me la explican además cobra mayor interés. Asumo el no haberla entendido, sé que no soy la persona más inteligente del mundo.
2- La película me gusta si me aporta algo más, pero la explicación suele no interesarme mucho por basarse en medios a mi juicio deshonestos y torpes.
3- La película me gusta si me aporta algo más, pero la explicación suele no interesarme en absoluto.
4- Si está bien hecha, la película suele entusiasmarme.
Supongo que "Armonías de Werckmeister" es del 4º grupo, el 3º es posible pero sinceramente no me interesa demasiado y además creo que sin entender (según la definición anterior) nada en absoluto es perfectamente disfrutable.
Entrañable 
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| 13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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felas
san lorenzo de el escorial (España)
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Su valoración:  |
22 de Febrero de 2010 |
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Dice así el resumen que hace la editorial El Acantilado sobre “Melancolía de la Resistencia” de László Krasznahorkai “:
“Tragicómica y melancólica, esta novela nos presenta un mundo plúmbeo y totalitario, dominado por fuerzas ciegas e impersonales. Un escenario humano desolador en el que la inteligencia es anulado por la fuerza bruta y la violencia, y en el que el caos arrastra irremediablemente a unos personajes que, entre el conformismo y la insignificancia, no aciertan a crear un orden nuevo menos cruel y menos gris. El estallido de violencia no alcanza siquiera el rango de revolución y la vida transcurre, en esta pequeña y anónima ciudad húngara, sumida en una atmósfera de terror y amarga ironía. Melancolía de la resistencia es una obra maestra del humor negro.”
El director Béla Tarr adaptó la novela al cine en 2000, y desde luego sus lentas secuencias nos dejan huella. Lograr que con una sola cámara un grupo de borrachos desarrapados, en un espacio reducido, nos demuestren a ritmo pausado el fenómeno de los eclipses, el movimiento del cosmos, y que después de finalizar las más de dos horas de duración del film, salgas moviendo las manos imitando al sol es un logro significativo. Cuanto ganarían las escuelas si se lo explicaran así a los niños.
Hay dos secuencias fundamentales de la película que merecen nuestra reflexión: la llegada al pueblo del carromato con la ballena dentro del contenedor y esa multitud silenciosa que avanza con paso firme por las calles para llegar al hospital y apalear a los enfermos. Nada es la solución, ni la llegada del príncipe ni la generación de violencia. El cuerpo desnudo de un anciano encima de una bañera, hace retroceder a los manifestantes, y el orden, con la llegada del ejército y la policía se impone. La contemplación de la ballena destrozada en la plaza nos lleva al pesimismo, la armonía del mundo es afinada por los Werckmaister de la globalización, y el neoliberalismo.
La música excelente de Mihály Vig, que actuó en Satántango haciendo de Irimias.
felas 
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