|
|
Críticas de "Sexo, mentiras y cintas de video"
|
Comprar:
|
| DVD |
 |
 |
|
| 52 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Langfuller
Barcelona (España)
|
Su valoración:  |
29 de Octubre de 2007 |
|
|
En la excelente composición del personaje de Spader destacan las dubitaciones en sus diálogos que probablemente reescribiera añadiéndoles la naturalidad de lo imperfecto. La media sonrisa, la mirada interrogativa y esos titubeos denotan la inseguridad de un personaje que sólo está dispuesto a participar en la vida con la mirada. Graham nos descubre su voyeurismo a la primera que se presenta cuando le pregunta a Ann si ha salido alguna vez en televisión: consciente o inconscientemente, desde el principio la imagina víctima de su objetivo. Pero Graham no es el clásico "voyeur", una tensión interna le acomete y se manifiesta en sus contradicciones. Si por un lado se resiste a encerrarse bajo siete llaves, según afirma, por el otro pronto se enclaustra para rehuir el contacto con los demás. Sin embargo, la puerta de su casa permanece abierta y su contacto con el mundo se mantiene gracias a esta circunstancia que permite las distintas intrusiones del trío de protagonistas. Me interesan aquí dos escenas de la primera parte de la película en la que se presenta el personaje: la sobremesa con el matrimonio de John y Ann y la charla en el café a solas con Ann.
En la primera, sorprende la atracción creada entre Ann y Graham a expensas del marido que se muestra en todo momento cínico y distante. Las miradas de Graham gravitan en torno a la figura de Ann desplazando a su amigo al que, por otra parte, ya nada le une después de nueve años de separación. El número nueve alude al cambio de vida, a una muerte y una resurrección simbólicas (en consonancia con su costumbre de vestir de luto). Además de ese detalle de numerología hay otra referencia bíblica en la mención a la costumbre de la mujer de salar en abundancia las comidas. La sal se ofrendaba en los pactos realizados ante dios y probablemente sea una vaga referencia al pacto de fidelidad del matrimonio. Las posturas aparentemente opuestas de John y Graham se confrontan simbólicamente. Mientras que John, el infiel, se mofa de esa manía de su mujer de poner tanta sal, de Graham se nos dice anecdóticamente que años atrás "oficiaba misas privadas detrás de la capilla", en alusión a su fidelidad.
En la escena del café los personajes de Ann y Graham tienen la posibilidad de intimar en ausencia del marido. Graham pide té helado, una bebida que le caracteriza durante toda la película, hasta que logra figuradamente romper el hielo, ponerse del otro lado de la cámara -algo que aterroriza a cualquier "voyeur"- y expresar sus temores. Quizá la elección del té helado invite a una intimidad cuyo propósito parece ser antes la curiosidad que la lascivia. Graham descubre su impotencia mientras Ann acaricia inadvertida y repetidamente el pie de su copa de vino blanco en un ligero movimiento de vaivén. No hay lascivia en ese gesto porque no hay consciencia del mismo. Ese detalle mínimo de puesta en escena adelanta el tipo de relación que se establece entre los dos personajes y que prefiero no revelar aquí.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El rol de Ann consistirá en ayudar a Graham a superar su impotencia, del mismo modo que él terminará por ayudarla a ella que, en cierto modo y dada su frigidez, comparte esta anomalía. En esta liberación juega un papel predominante la gestión del espacio que tan importante es en una película sobre el voyeurismo porque, en definitiva, siempre trata de la posibilidad del voyeur de salir afuera, de exteriorizarse y abandonar la concha en la que se refugia. A esa cerrazón, refiere la ambigüedad de la palabra inglesa "closure", que emplea Graham al afirmar, en referencia a su relación anterior, que ha vuelto después de su ausencia de nueve años para "clausurar" algo. En realidad, ese algo puesto en clausura es él mismo y lo esencial de su vuelta consistirá, de ser capaz de lograrlo, en abrirse al mundo. La mención a la lluvia en el porche de su casa en la escena final de la película constata, dado que el agua en su curso es un símbolo de fertilidad, la superación de su impotencia gracias a Ann, su liberación de la reclusión y la salida al mundo.
Langfuller 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 32 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
|
|
¿Hay algo de transgresor en el hecho de contarle a una cámara de vídeo tu sexualidad más recóndita?
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Soderbergh así lo cree y en esta cinta consigue que también lo pensemos nosotros. Ningún personaje es lo que parece ser. Los vamos descubriendo a medida que ellos se descubren a sí mismos. Pequeños detalles operan esas transformaciones: un cambio de vestuario, de luz, de plano. Sutilezas muy bien utilizadas por el director.
La primera vez que Andy Mc Dowell va de visita a casa de Graham, el amigo misterioso, lleva un vestido que sólo le llega a la rodilla, en lugar de las faldas monjiles con las que aparecía hasta ese momento; el marido, el abogado ambicioso, se nos muestra en su despacho de traje claro con pajarita, asombrosamente ridículo, en una de las escenas finales; la camisa invariablemente negra de James Spader nos hace pensar sin querer en un paralelismo religioso: el sacerdote, la confesión... hasta las hermanas tienen un apellido que no da lugar a dudas: Bishop, “obispo” en inglés.
¿Por qué la terapia de Ann resulta en apariencia inútil, descafeinada? Porque todo lo que cuenta se lo está relatando al terapeuta calvo, que le recibe con su misma cara de terapeuta cada semana, en una consulta irreal a la que solo le falta la tacita de té y la labor de ganchillo. La única vez que ella cuenta con total sinceridad algo de sí, esas cosas que uno solo saca de sus abismos, lo hace frente a la cámara de video de Graham, y no creo que sea porque él escucha, sino porque está hablando consigo misma. Por primera vez parece ponerse ante un espejo, explorar, buscar. Esa es la verdadera terapia, por ahí atisba uno la posibilidad de concerse. Y lo paradójico es que quien está presente es prácticamente un extraño, una sombra tras la cámara, que jamás contará aquello que oye. Lo guardará como un secreto de confesión, para disfrute y meditación personal.
El hecho mismo de grabarlo da trascendencia a cada palabra. Ambas hermanas realizan una exhibición ante la cámara (desvelan su cuerpo, en un caso, su alma, en el otro). Dos caras de una misma moneda. Quizá cada personaje es eso, un aspecto de una personalidad completa e idealizada, escisiones muy esquemáticas de un ser más complejo que reuniría en sí la espiritualidad de Graham, los temores y represiones sexuales de Ann, el apasionamiento y el complejo de inferioridad de Cynthia y la ambición y la indecisión de John, que ve por primera vez desnuda a su mujer, simbólicamente hablando, la noche en la que escucha la grabación en casa de su extraño amigo. Ahí asistimos a una elipsis maravillosa en la que se adivina una escena de sexo que no nos es desvelada.
Como pasa muchas veces, al final es tan importante lo que se cuenta como lo que solo se deja imaginar.
Hermione Granger 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
orantos
Madrid (España)
|
Su valoración:  |
18 de Junio de 2008 |
|
|
No me canso de repasar esta película, cuantas más veces la veo, más brillante me parece. Hay que verla en versión original aunque el doblaje en español es peculiar no se adapta a nuestra cultura: la cadencia en las voces, las miradas, los gestos... son un alarde de interpretación. Me parece erótica, inteligente y valiente y me gusta mucho.
orantos 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
hugotwenties
sabadell (España)
|
Su valoración:  |
20 de Septiembre de 2008 |
|
|
Yo suelo hacer una o dos pausas cada vez que veo una película. Sin embargo, cuando vi ésta tuve la impresión que tenía que quedarme mirando casi sin pestañear, entrar en la historia. Hay que verla con tranquilidad. Ópera prima de Soderbergh, bastante diferente de su cine al que más tarde nos hemos acostumbrado (Un romance peligroso, Traffic...), Sexo, mentiras y cintas de vídeo es una historia íntima, cerrada, de 4 personajes, 2 hermanas y 2 antiguos amigos, en que se da vueltas y vueltas a la necesidad física, pero también psicológica del matrimonio, y más allá, del simple amante. Durante la película vamos viviendo paralelamente en la piel de los personajes, sobre todo, para los hombres, de Graham (James Spader). Los comprendamos o no, se hace enriquecedor vivirla, los sentimientos vienen por si solos. Lo que me fascina es la capacidad de Soderberh para crear unos personajes polifacéticos, reales en resumen, que vamos conociendo a medida que avanza la película. Y de manera profunda: a través de sus temores y anhelos en el sexo. Particularmente, me parece una película bella no en su imagen, peró más bien en su esencia, retratando un "minimundo" con delicadeza y cura. Única pega, Soderbergh siempre tiende a clasificar sus personajes, lo que hace previsibles muchas de las escenas, pero nadie es perfecto. La recomiendo, especialmente para quien tenga el tipo de sensibilidad necearia para poder "endinsarse" en las esperanzas, nada lascivas por cierto, de un grupo de treintañeros, que buscan gran parte de su camino a través de las relaciones con el sexo opuesto y la comprensión que hacen de esta relación. Muy correcta.
hugotwenties 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
|
Miquel
Palma de Mallorca (España)
|
Su valoración:  |
27 de Junio de 2010 |
|
|
Primer largometraje del debutante Steven Soderbergh (Atlanta/Georgia, 1963). El guión es del propio Soderbergh, quien tras dar vueltas a la historia durante un año, la escribe en 8 días. Se rueda a lo largo de 5 semanas, entre octubre y noviembre de 1988, en escenarios reales de Baton Rouge (Luisiana), con un presupuesto ajustado de 1,2 M USD. Gana la Palma de oro, el premio al mejor actor (Spader) y el premio Fipresci (Cannes). Producido por John Hardy (“Bajos fondos”, 1995) y Robert F. Newmyer (“Training Day”, 2001) para Outlaw Productions y Virgin, se proyecta por primera vez en público el 20-I-1989 (Sundance, EEUU).
La acción dramática tiene lugar en Baton Rouge (Luisiana) durante varios días del otoño de 1988. Ann (McDowell), su marido John Millaney (Gallagher), Cynthia Bishop (San Giacomo), hermana menor de Ann, y Graham Dalton (Spader), amigo de juventud de John, forman un cuarteto de treintañeros, liberales y con problemas emocionales, de relación y afectivos. Inseguridades, temores, dudas, represiones sexuales, inmadurez, indecisiones y algunos complejos, presiden sus vidas y afectan a sus relaciones interpersonales. Ann es hermosa, fría, remilgada, angelical y frágil. John, abogado prestigioso y competente, es egocéntrico, mujeriego y ambicioso. Cynthia, extrovertida e impulsiva, rebosa sensualidad, erotismo y descaro. Graham tiene una personalidad compleja y enigmática, cree que es sexualmente impotente y practica el voyeurismo.
El film suma drama, análisis social, cine independiente y película de culto. Obra de un realizador de 26 años, aborda temas de su generación, que desarrollan con admirable madurez, elegancia y delicadeza. La narración se apoya en el uso de sutilezas, sugerencias y detalles de escaso relieve aparente, que comunican al espectador muchos extremos relevantes. El color de la camisa de Graham, la variación de vestidos de Ann, la pajarita de John, la lluvia, etc., son elementos que definen matices que enriquecen el relato, descubren aspectos ocultos de la personalidad, los deseos y las intenciones de los protagonistas y revelan características especiales de la acción y el argumento. De la misma manera que la comunicación requiere la presencia de alguien dispuesto a escuchar, la reflexión se ve estimulada y potenciada por el uso de cintas de vídeo que enfrentan a los actores con ellos mismos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El principal tema objeto de análisis y reflexión viene dado por las relaciones interpersonales de los cuatro protagonistas entre ellos. El enfoque del tema se concreta en un conjunto de afirmaciones correctas, oportunas y lúcidas. Además de relaciones sexuales, el ser humano relaciones de afecto, amor y comunicación. El recurso a la mentira y al engaño como medio de autoprotección en las relaciones con otras personas no sólo no resuelve los problemas, sino que los prolonga y agrava. El film explora los conceptos de sexo y no sexo, soledad y compañía, amor y desamor, compatibilidad e incompatibilidad, funcionalidad y disfuncionalidad y otros que plantean las relaciones humanas. Los problemas que analiza, se formulan en términos de gran sobriedad. Se presentan animados por pulsaciones contenidas y controladas, lo que permite su análisis reposado y tranquilo, exento de sobresaltos y de estados emocionales alterados. Centrado en el análisis de personas jóvenes, el film respira optimismo, fuerza vital, flexibilidad y vigor. Aborda temas humanos que siguen siendo de actualidad y mantienen su interés.
Los diálogos son abundantes, fluidos, concisos y realistas. El ritmo del relato es pausado y equilibrado. La puesta en escena es imaginativa y funcional. El conjunto del trabajo pone de manifiesto el ingenio y el talento del realizador. El humor, presente con reiteración, se basa en la ironía y la sátira. Las interpretaciones de James Spader y Andie McDowell (en uno de sus primeros papeles protagonistas) son acertadas y convincentes.
La banda sonora, de Cliff Martínez (“Traffic”, 2000), ofrece una partitura original breve, de 8 cortes, para flauta y otros instrumentos de viento (de madera o caña). Añade como música adaptada la canción “Garbage”, de Mark Mangini (autor e intérprete). Las composiciones son tenues, suaves y emotivas. Acompañan momentos culminantes, como la secuencia inicial o la conversación de Anna y Graham. La fotografía, de Walt Lloyd (“Vidas cruzadas”, Altman, 1993), en color, crea planos largos, limpios, sencillos y de gran belleza visual. La sobriedad de los decorados y el número escaso de protagonistas contribuyen a dotar de ligereza y equilibrio a la visualidad y al relato.
Referencias
- Joanna BERRY, “Sexo, mentiras y cintas de video”, ‘1.001 películas que hay que ver antes de morir’, pág. 780, Grijalbo ed., Barcelona 2010 (10ª edición, actualizada).
- Augusto M. TORRES, “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”, ‘Cine mundial’, pág. 821, Espasa ed., Madrid 2006.
- Oti RODRÍGUEZ MARCHANTE, “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”, ‘Antología crítica’, TyB ed., Madrid 2002.
Miquel 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|