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Críticas de "Ricardo III"
Ricardo III
Buena
Laurence Olivier
(1955)


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Ricardo IIIRicardo III
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Quatermain80   Madrid (España)
Su valoración: Buena 12 de Abril de 2010
Tras la realización previa de "Enrique V" y "Hamlet", Laurence Olivier produce, dirige y protagoniza la presente película, con la que cerraba su trilogía dedicada a Shakespeare, cuyas obras tantas veces había representado en teatro.

La historia que cuenta "Ricardo III" contiene todas las virtudes clásicas de los dramas shakespearianos, esto es, un desolador retrato de las más bajas pasiones humanas, que afloran siempre cuanto más cercano y mayor es el poder que las anima, en este caso el trono de Inglaterra. Otra de las cualidades características de las obras del genial dramaturgo es la importancia y centralidad que en ellas tienen los malos; en efecto, a Shakespeare debemos varios de los mejores malvados de la literatura universal, siempre consumidos por la envidia y espoleados por el orgullo y la ambición de poder.

La mayor virtud del filme estriba en el respeto con que el espíritu original de la obra es llevado a la gran pantalla, y especialmente en la brillantez con que son interpretados los principales personajes, lo cual debe agradecerse a un reparto excelente, con grandes figuras. Aparte de la interpretación del propio Olivier, buena como siempre, destaca enormemente la labor de Ralph Richardson, que encarna al Duque de Buckingham con gran acierto y contención. Entre los secundarios cabe señalar la presencia siempre estimulante de John Gielgud, mientras que la interpretación de Claire Bloom resulta, a mi parecer, un tanto impostada.

Formalmente, la película posee el añejo encanto que confiere el cartón piedra, profusamente empleado en los decorados, y goza de un vestuario lleno de colorido y gracia. La puesta en escena es teatral, por lo que la labor de realización queda subordinada a los efectos característicos de aquel medio artístico. Así, cuando el personaje principal realiza un aparte, una cámara le sigue y enfoca exclusivamente, y es a ella a la que se dirige Olivier en sus soliloquios. Más original resulta la decisión de mostrar el carácter sombrío y la maldad que caracterizan a Ricardo enfocando su sombra, circunstancia que se repite cuando va a cometer o instigar una villanía. En cuanto al guión nada que objetar, puesto que lo escribió Shakespeare y aquí nos es presentado con leves recortes, sin alterar la historia que se narra. La fotografía no aporta matices de ningún tipo, y sin ser mala tampoco merece mayores comentarios.

Por último, mientras veía las secuencias finales de la película, que narran la batalla de Bosworth (por cierto, bastante pobremente filmada), me sorprendió la extrema sequedad de los exteriores, que para nada se correspondían con la idea que uno tiene de la campiña inglesa. La abundancia de espinosos cardos y polvorientas encinas me hizo sospechar que la contienda se libraba en tierras no muy lejanas. Una breve indagación confirmó lo que ya intuía: Bosworth es La Mancha. En fin, qué grande Shakespeare, y qué ancha Castilla.
Quatermain80
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norben   barcelona (España)
Su valoración: Excelente 27 de Diciembre de 2008
Una de las más famosas obras de Shakespeare versionada por el grandísimo actor Laurence Olivier, que también regalo algunas de sus mejores adaptaciones en el cine, todo hay que decirlo, con un estilo y espacio completamente teatral. En ocasiones podemos tener la sensación de estar en medio de la representación de esas grandes tragedias de Shakespeare.
Un gran actor para una gran historia. Imprescindible para shakespeare maniacos cinéfilos, aunque difícil de encontrar ( olvidense de versiones dobladas )
norben
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Ignasi Borràs   Manresa (España)
Su valoración: Notable 24 de Junio de 2010
Laurence Olivier ya había dirigido, e interpretado a la vez, sendas adaptaciones shakesperianas como “Enrique V” (1944) y “Hamlet” (1948). Unas décadas más tarde Kenneth Branagh haría otro tanto con ambas, más oportunistas y con un cierto aire de descaro.

En “Ricardo III”, dirigida en 1955, Olivier intenta ir más allá de la grandeza sublime del texto, trasladando su complicada prosa a los dogmas cinematográficos. A su vez se reviste del tullido y codicioso Duque de Gloucester que en tiempos de paz, después de las crudas batallas entre las rosas de Lancaster y York, urde un maquiavélico plan para alcanzar la corona, a pesar de una inmensa joroba y una pesada cojea que le corrompen su ser hasta tal punto que le han convertido en un frío y despiadado monstruo, nada agradable a la vista del resto de miembros de la corte.

Así Ricardo asistirá a la coronación de su hermano convertido en Eduardo IV, Rey de Inglaterra (Cedric Hardwicke). Para desembrazarse de sus próximos con el fin de alcanzar, maquina una conspiración contra su otro hermano, George, el Duque de Clarence (John Gielgud), encerrándolo en la Torre por orden expresa del Rey, que Ricardo le ha convencido, según una profecía, le arrebatará el trono. Pero aún le queda el heredero directo al trono, el hijo de Eduardo, Edward (Paul Huson), príncipe de Gales y que tiene a Ricardo como tutor, después de la muerte de su padre. El plan sale según lo previsto, se casará con Lady Anna (Claire Bloom), viuda de Edward de Westminster, asesinado por las fauces del Duque de Gloucester, para abrirse camino a sus pretensiones de acceder a la Corona de Inglaterra.

Salvo los exteriores rodados para recrear la batalla final de la sublevación de los Richmond contra Ricardo III, Olivier siempre rodó en interiores, simulando en los decorados espaciosos y fríos de la corte inglesa. Permitió que el resto de actores (sobresalientes Bloom, Hardwicke, Gielgud y Richardson) obraran con gran libertad de movimientos, reservándose eso sí planos de importancia en lo referente a las características intervenciones y monólogos de su pérfido personaje (mirando siempre a la cámara para buscar la complicidad al espectador).

Cuarenta años más tarde, en 1995, Richard Loncraine (Firewall) dirigió una libre adaptación de la misma obra interpretada por Ian McKellen y Annette Bening, rodeada por una turbia atmósfera pseudofascista que obtuvo admirables críticas.
Ignasi Borràs
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Juan   Avilés. Asturias (España)
Su valoración: Muy buena 13 de Abril de 2010
Shakespeare fue un insuperable dramaturgo no sólo por su talento para urdir tramas y diálogos, sino por la hondura psicológica de sus personajes. En Ricardo III trata, además de reflejar el emponzoñada alma del rey inglés del título, de hallar su recóndita humanidad en el sufrimiento que le causan sus taras físicas, motivo de desprecio a su persona, además de mostrar los remordimientos oníricos que le atormentan a causa de sus viles actos

La historia de Ricardo III se desarrolla en el siglo XV, tras la victoria de la Casa de York sobre la de la Lancaster, lo que puso un momentáneo fin de la Guerra de las Dos Rosas. Siguiendo un esquema de ascenso/caída se narra la historia del duque de Gloucester, de los victoriosos yorkistas, que a base de intrigas y de ausencia de escrúpulos consigue ascender a la corona de Inglaterra, eliminando para ello a cualquiera que se interpusiera en su camino, aunque fuesen sus propios hermanos y sobrinos, unos inocentes niños.

Olivier rueda mayormente en interiores, pero no por ello es Ricardo III es académico y acartonado teatro filmado. El talento de Olivier como realizador, ya demostrado en sus anteriores adaptaciones shakesperianas, se demuestra en esta película, que es un prodigio de planificación, iluminación y montaje.

Tal y como se nos advierte al inicio, Ricardo III se basa sobre todo en leyendas, empezando por la supuesta deformidad física del monarca.
Juan
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Gandulfus   Madrid (España)
Su valoración: Floja 7 de Agosto de 2011
En 1948 Laurence Olivier realizó la que se ha llamado "versión canónica de Hamlet". Ciertamente la podemos ver ahora y con más o menos reparos reconocer que se ha convertido en un clásico.
En 1955 realizó este Ricardo III. Fue premiada en su día pero qué triste desilusión verla en 2011. Qué lamentable utilización del color y la iluminación. Qué lamentables decorados del peor cartón piedra. Qué ridículos vestuarios propios para una representación de "La venganza de D. Mendo". Qué representaciones sobreactuadas incluyendo al propio y extraordinario actor que fue Olivier. De mal en peor hasta la grotesca batalla final rodada en un campo próximo a Madrid y en tiempo de sequía...
Esta película está hoy tan muerta como el mismísimo malvado Ricardo III y todos los asesinados por él.
Gandulfus
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