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| 49 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
14 de Noviembre de 2007 |
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Noveno film de la etapa americana de Hitchcock. Escrito por el acreditado Ben Hecht, se rueda en exteriores de Beverly Hills, LA, Miami y Río de Janeiro y en plató, con un presupuesto estimado de 2 M dólares. Es nominado a 2 Oscar (guión y actor reparto). Producido por Hitchcock, se estrena el 6-IX-1946 (EEUU).
La acción tiene lugar en Miami (Florida) y Río de Janeiro (Brasil), a lo largo de unos pocos meses, a partir de abril de 1946. T.R. Devlin (Cary Grant) es un agente secreto americano que contacta con Alicia Hubermann (Ingrid Bergman), hija de un colaborador nazi condenado a prisión, con el propósito de reclutarla para que espie a Alexander Sebastian (Claude Rains), jefe de un tenebroso grupo nazi.
El film es un thriller de espionaje, un drama romántico, un drama psicológico y una intriga criminal. Se rueda tras la IIGM y antes de la eclosión de la Guerra Fría, por lo que los criminales son nazis establecidos en América. Los personajes están bien construidos y tienen profundidad, las incidencias del relato están narradas con fluidez, eficacia y sutilidad, los diálogos son memorables y la atmósfera es densa e inquietante. Como es habitual en él, Hitchcock apura las situaciones de peligro, crea tensión con efectividad y elegancia y sus personajes son de moral ambigua: suman inocencia y culpabilidad, sinceridad y engaño, generosidad y codicia, amor y venganza. Se presta especial atención a detalles visuales, que dicen más cosas de lo que parece a primera vista. Las llaves y la taza de café devienen símbolos de suspense, la botella que el camarero sirve por error y retira exalta el misterio, la presencia de Alex entre una fotografía de sobremesa y el reflejo de su imagen en un espejo habla de su condición de persona vulnerable y dominada, el alka-seltzer explica sin palabras el estado de Alicia tras una noche de alcohol. El uso de la cámara subjetiva (conversación en el dormitorio) subraya el apasionado enamoramiento de ella. El vestuario, diseñado por Edith Head, también hace las veces de vehículo de expresión visual: revela el interés del realizador por la elegancia, la belleza y la pulsación del deseo. Entre muchas, son destacables dos escenas: el beso mientras andan y hablan (el más largo en cine hasta entonces) y el movimiento de grúa desde el plano general superior de una sala de invitados hasta el primer plano de una mano con una llave. Woddy Allen en "Scoop" rinde homenaje de simpatía a la escena de la la bodega del sótano.
La música, de Roy Webb ("Retorno al pasado"), hilvana pasajes cálidos y románticos con otros fríos y ásperos, en el seno de una partitura efectiva y vibrante. Añade valses vieneses y una samba brasileña como motivos de baile. La fotografía, de Ted Tetzlaff, hace uso de tomas largas, encuadres de detalle, planos picados y primeros planos de excelente factura y de gran fuerza expresiva. Interpretaciones impecables de Grant, Bergman y C. Rains. Magnífica secuencia final, en la que intervienen 7 personajes.
Miquel 
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| 27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
22 de Enero de 2011 |
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Hitchcock eleva a una cima el arte narrativo del detalle. No el detalle de tipo ornamental, como filigrana con que se remata la estética de una composición completa para redondear su elegancia, sino el detalle manejado estratégicamente para potenciar con economía la eficacia del relato, como en los sueños, donde un detalle puede condensar una descomunal carga de significado, lo que da ese valor expresivo de intensidad casi alucinatoria, como bien sabían los surrealistas.
En su recomendable libro sobre Hitchcock, Truffaut entroniza a esta película como una de sus favoritas, junto con “Vértigo”, por su lograda atmósfera de ‘sueño filmado’, por llevar a la quintaesencia el aprovechamiento dramático del B&N y por conseguir, en su increíble estilización y sencillez, el máximo de efectos con el mínimo de elementos, con el mínimo de violencia.
Asuntos de envergadura gigantesca, como una célula nazi oculta en Sudamérica cuyos planes amenazan la paz mundial, o como la tragedia íntima de una espía infiltrada en esa célula y obligada a durísimos sacrificios por exigencias de su misión, no se cuentan mediante grandes escenificaciones, campos de batalla, ejércitos en acción destructiva, tiroteos, persecuciones, trepidación, sino con la desaparición de una llave de su llavero, el baile de números de una etiqueta, la mengua de la bebida en unas copas, la mirada sobre una taza, los pasos vacilantes en una escalera…
Detalles en la narración y detalles presentados visualmente en primeros planos poderosos que dicen en un instante lo que otros directores no logran decir en la totalidad de su filmografía: el modo varonil con que la madre del nazi Sebastian enciende un cigarrillo ante determinada revelación, o el plano que se cierne en picado como ojo de halcón desde lo alto de una escalera palaciega hasta el interior de la mano de alguien en el vestíbulo, son ya media película, pero de estos detalles impresionantes hay a docenas.
Si lo combinamos con el hábil uso de otro recurso, el ‘suspense’, que involucra de lleno al espectador porque sabe cosas que los personajes no saben, y está en vilo, preguntándose qué harán él o ella en la pantalla cuando lo descubran, cómo reaccionarán, el resultado no puede ser sino magistral y apasionante.
Archilupo 
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| 26 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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emilucho
Granada (España)
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Su valoración:  |
8 de Septiembre de 2006 |
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Festival de DIRECCIÓN. Festival de CÁMARA. Festival del ÉSTO en ESTE momento.
Es la primera película de Hitchcock que veo, y si no llega a ser por la sutil invitación que te hace el reloj para irse a dormir, de buena gana hubiera visto cinco más de este recién descubierto genio. Qué manera de mostrar una historia tan fácil, corta y previsible!! Eso es cine puro y duro!! Por no hablar de las interpretaciones, la del más elegante, irónico y sobrio Grant, y la de la insuperable, bella y enamoradiza Bergman. Vaya parejita...
Todavía no logro saber como te llegan a encandilar una historia y unos sucesos tan previsibles. Me da la impresión de que es así como te lo quiere mostrar el viejo Alfred, pausado y previsible, pero con ALGO especial. Me recordó a un mago argentino, del cual desconozco el nombre, que hacía un juego de magia con cartas, y lo repetía una y otra vez, pero cada vez más lento, y cuanto más lento lo hacía, más se te abría la boca mirando el televisor. Y decía: <<no se puede hacer más lento...o tal vez sí>>, y lo hacía de nuevo, mostrando cada uno de sus movimientos más pausados todavía. Pura MAGIA. Pura magia me pareció, ya no el argumento, ni tan siquiera las grandísimas interpretaciones de Grant y Bergman, sino la forma que tiene Hitchcock de mostrarlo.
Probablemente, casi con seguridad, no sea la última película que vea de este director, y es posible que haya alguna que me guste más que ésta, pero ha sido tan mágica mi primera experiencia con el señor Alfred Hitchcock que se merecía la más grande oda en prosa.
Nota:9.75
emilucho 
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| 16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gort
Marte (España)
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Su valoración:  |
13 de Octubre de 2008 |
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1.
Si yo fuera una de las piezas del ajedrez, un peón, un alfil, el mismísimo rey, ¿podría llegar al jugador?
Distinto de todas ellas, inasequible al fragor de las escaramuzas que se llevan a cabo en uno u otro flanco, él es todas las piezas, sus movimientos, el límite del tablero, el color de los escaques…
Tampoco cuando sueño alcanzo al soñador –yo mismo-, y angustiado persigo la voz que me llama, y los negros ojos se me hacen inquietantes. Pero no son ellos, es el fondo más allá de ellos.
Y si por casualidad tuviera que fingir, guardar las apariencias ante otra persona, ¿no serían mis intenciones inabordables para el engañado, un misterio insospechado yacería bajo mi rostro amable?
2.
Alicia Huberman vive un sueño en la terraza de un apartamento de Río, un idilio amoroso de palmeras y sosegada playa al fondo. Cuando llega la noche, en esa misma terraza, el sueño se torna en embrión de pesadilla, en vago presentimiento de catástrofe.
Él guarda la clave que transmuta la sustancia onírica. Viéndola tan feliz, demora la transmisión de la mala noticia, desea no darla. Se apoya contra la pared mientras ella habla sobre los preparativos de la cena, y pronuncia las funestas palabras.
Su presencia, su rostro rotundo y meridiano, su mentón partido, el tono sosegado de su voz, que antes habían constituido la delicia, son ahora la forma de la pesadilla. Son la pesadilla. Son lo notorio (‘Notorious’), lo evidente, lo significativo.
3.
No es tanta la distancia, en vano se ausculta la lejanía. Es sólo que a quien se busca está bien escondido, camuflado en la superficie.
El hacedor suprime las diferencias, identifica el fondo con la forma: la esencia de la obra no es ajena a los elementos que la constituyen, es los propios elementos en su más mínimo detalle. La anilla de la taza de café, los dientes de la sierra de la llave, las facciones de la bella Bergman son el hacedor.
No debe confundirse, eso sí, a éste con la persona física cuyo nombre firma la película (en clarividente percepción de la naturaleza de su quehacer el Sr. Hitchcock se imagina dentro de la obra –en la fiesta en la mansión, ¿qué tal tomando una copa de champagne?- avisando, así, de forma inteligente y burlona). Es la obra quien se hace a sí misma, quien desde un fondo inaprensible, caótico, al que no se le puede dar forma, se presenta como las luces y sombras de la imagen. Lo único que hacemos nosotros es responder a su llamada, actuar como medio (‘médium’). No otra cosa es el empeño secular de la creación humana.
4.
‘Notorious’, ‘Vertigo’, ‘Rear Window’, ‘Psycho’… la puerta queda abierta para que se escape la imagen, para que otros le den carta de independencia liberándola de lo que no es ella (guión, personajes, etc.).
Gort 
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| 13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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horacio
Madrid (España)
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Su valoración:  |
7 de Febrero de 2008 |
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Ni siquiera se te ocurra hacerme la broma de que ya tienes entradas para ver Encadenados en la filmo o que has visto una edición en dvd más completa, con entrevista a la hija de Hitch o a una sobrina o con declaracioens de Isabella Rossellini porque descubrió unas cartas de su madre contando secretos de esos besos tan increíbles, esos cuerpos que parecen darse constantes revolcones sin la menor fatiga tan propios de las pelis de don Alfredo (Con la muerte en los talones, La trama...), no me provoques, please, porque lo dejo todo.
Vale, lo mismo me pasaría con Vértigo, La ventana indiscreta o Con la muerte... o La sombra de una duda o, incluso, Frenesí, tan distinta... pero Encadenados me emociona una y otra vez, me sorprende a pesar de haberla visto tantas veces, esas tomas, esas expresiones de un reparto colosal, y sobre todo, la audacia infinita tan propia de Alfred Hitchcock, al hablar de muchas cosas con sólo sugerirlas. Por ejemplo, la pasión sexual, los devaneos de la protagonista, el amor libre como rechazo a un estado de cosas, y los celos desesperantes de un
tipo que no acepta tenerlos y en medio el intento de resurrección de los nazis, la madre posesiva, los hombres terribles convertidos en guiñapos...
Empieza muy arriba y no para de crecer, años y años después...
Cary Grant, un modelo Hitchcock para armar como un puzzle: la elegancia impertérrita de un hombre cabal metido a saco en conflictos que no busca.
Ingrid Bergman, en pocos gestos, breves sonrisas: todo el bien y todo el mal, toda la osadía de
una mujer abierta a los placeres y excepcional manera de pedir amoroso socorro.
Y Claude Rains. Si digo algo de su personaje lo desvelo todo. Una cosa tan solo: su presencia, desde el comienzo hasta el final, es la de un burgués intachable en campo minado. Y todos los demás, un coro magnífico de secundarios en esta sinfonía cinematográfica que el gran director realizó, nada más y nada menos que para entretener a la gente con una buena historia que justifique salir de casa y olvidar sus problemas.
horacio 
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