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Efectos personales

5,4
1.555
votos
Sinopsis
Tras perder a miembros de su familia, tanto Linda (Michelle Pfeiffer) como Walter (Ashton Kutcher) intentan seguir adelante con sus vidas. Por una lado Walter es un joven luchador profesional que regresa al hogar familiar después del brutal asesinato de su hermana, días antes de su boda. Por otro Linda es la madre de un niño sordo cuyo marido alcohólico ha muerto a manos de un amigo en un bar. Mientras tienen lugar los juicios por ... [+]
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user-icon alfie   Triana (España)
Interesante
5 de Marzo de 2009
25 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
El guionista, productor y director televisivo David Hollander debuta en la gran pantalla con una cinta que se caracteriza principalmente por la cantidad de temas de difícil tratamiento que plantea y que pone en juego. Lo hace además alrededor de dos actores de muy diferentes generaciones cosa que en algún momento de la cinta, sobre todo al principio, suscita alguna que otra duda.

La venganza, la adapatación a la sociedad de chicos con dificultades físicas y mentales y con una infancia complicada, las relaciones entre personas de muy diferente edad, la validez de ciertos mecanismos de funcionamiento del sistema jurídico, la superación de pérdidas irreparables de una forma violenta, la presencia de las armas de fuego en la vida diaria de los americanos...todas estas disyuntivas, y alguna más, pululan alrededor del encuentro de Linda y Walter. Sin embargo todo empìeza a funcionar cuando una excelente Pfeiffer y un notable Kutcher se combinan. En este momento Hollander centra su cámara, sus sonidos en una relación que personalmente creo que deprende un halo de encanto y que alcanza su cima cuando Linda toma las riendas del asunto momento para el cual, de una manera u otra, todos queremos ser Walter.

Así que superado ese momento inicial denso de la cinta donde Hollander prentende ahondar en tanto y además al mismo tiempo, la película se ve bastante bien y se termina disfrutando del encuentro de esas dos personas tan marcadas por unos acontecimientos fatales y que juntas consiguen superar esa fragilidad e inseguridad en la que se habían establecido sus vidas. Lo mejor: el final y los siempre increibles ojos azules de Michelle Pfeiffer.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
alfie
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user-icon tiznao   madrid (España)
Pasable
27 de Febrero de 2009
17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
En una terapia de grupo destinada a aquellos que han sufrido perdidas traumáticas de seres queridos, cruzan sus vidas un mujer madura con un hijo adolescente sordomudo (Michelle Pfeiffer), viuda de un marido aficionado a las armas de fuego y asesinado por un amigo de galería de tiro del mismo y una madre (Kathy Bates) y su hijo (Ashton Kutcher), que ha perdido a su disoluta hija asesinada vilmente y arrojada al mar.
Se nos muestra como tratan de sobrevivir ante la luctuosa perdida y sus reacciones en los respectivos juicios en los que se encausan a los presuntos culpables de dichos crimenes, amén de la relación amorosa que se establece entre Michelle Pfeiffer y Ashton Kutcher, arrojados uno en brazos del, otro, mas por la desesperación del dolor y la soledad, que por amor o deseo físico.
Narrada de forma pausada, que en algunos momentos amenaza con aburrir, siempre surge algún pequeño detalle que conserva tu atención, cosa a la que ayuda un, aunque chocante, correcto trabajo dramático de Ashton Kutcher, una buena actuación de Michelle Pfeiffer (de las que esta grandísima y esplendida en su madurez actriz le basta con solventar con el piloto automático), y una desgarrada y magnifica Kathy Bates, que se come la pantalla cada vez que sale en escena.
En resumen, melodrama menor con un buen trabajo actoral, que sin llegar a deslumbrar, merece un visionado y cita ineludible para enamorados de la guapísima Michelle Pfeiffer.
tiznao
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user-icon Migatoyyo   Alicante (España)
Interesante
9 de Marzo de 2009
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Parece que los tiempos que padecemos nos van a llevar a un torrente de filmes que se sitúen en uno de los dos extremos: el drama más desagarrado y descorazonador o la comedia más intrascendente con inopinado optimismo. Esta es la segunda película que me encuentro en pocos días en el extremo del drama con tramposa esperanza (la otra fue Seven Pounds).
Personal Effects es un drama rotundo supuestamente sobre los cabos que nos echa la vida en los momentos de mayor desolación, sobre todo aquello que, pese a la adversidad, florece a nuestro alrededor cuando más árida parece la tierra que nos rodea. Pero, a pesar de sus pretendidos aires de tomar limonada en tiempo de recogida de limones, el tono del film es sombrío, triste, su cadencia lenta, densa y pesada. El film sitúa a los personajes al límite de lo sus emociones, envueltos en su desolación y en sus cuentas pendientes intentado reconstruir sus vidas.
El filme se sostiene en las sólidas interpretaciones de dos actrices fantásticas (no dejamos de felicitarnos por la vuelta de Michelle Pfeiffer a las pantallas), bien secundadas por un Ashton Kutcher y un, al menos para mi, desconocido Spencer Hudson, y una banda sonora efectiva y melancólica.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Migatoyyo
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user-icon gonzalo restrepo sanchez   Barranquilla (Colombia)
Pasable
2 de Octubre de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con una tragedia familiar en común, dos personas, Linda (Michelle Pfeiffer y Walter (un Ashton Kutcher que no convenció mucho en su roll) se reinventan entre sí, más que con la capacidad de ver la vida como es, ¿la de necesitarse el uno del otro? Sin embargo, el hilo conductor de la trama es el hijo adolescente sordomudo (bien interpretado por el actor Spencer Hudson) de Linda, quien verá como la desdicha le seguirá acompañando.

Respecto a lo estrictamente cinematográfico, un cineasta que imprime a este drama una cámara pausada, que en medio de momentos dramáticos, sólo se preocupa más por retratar a los personajes y explorar sus emociones. Con un relato bastante clásico, el cineasta David Hollander incurre en algunos momentos de la historia en la sensiblería y el cliché, aunque no impide ver el film con buenos ojos y pensar —personalmente— que las mujeres actrices (Cathy bates, por ejemplo) lucen bien.

Gonzalo Restrepo Sánchez (Film critic. Barranquilla, Colombia)
gonzalo restrepo sanchez
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user-icon OsitoF   Madrid (España)
Muy mala
30 de Abril de 2012
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hacer una película hoy día sin efectos digitales es arriesgarse a que la gente pase de ti en taquilla, pero reconozco que me quito el sombrero cuando me encuentro algo capaz de despertar mi interés sin tiros, explosiones, bullet-time y croma verde. Lo que ya es para nota y requiere de un auténtico maestro o de un visionario o de un valiente o de las tres cosas juntas, es hacer la película sin música y casi sin un puto sonido, como con una cámara al hombro que tenga el micro estropeado y solo coja ruido de fondo. Y ya si encima, el protagonista es un tío que se gana la vida disfrazado de pollo para repartir panfletos (desafiante trabajo para convencer a la gente de que entre en un local y ¡co-co-co-coooma aquí-ki-ki-ri-quí!), conseguir algo decente e interesante está tan solo al alcance de Billy Wilder o John Houston.

David Hollander no es nada de eso y por eso “Efectos personales” es el truño que es, un truño anecoico en el que lo más pavoroso es el silencio. El sonido se reduce a alguna frase de vez en cuando y unos pasos o una puerta que chirría que parecen hechos en postproducción con bisagras, vasos y hueveras. Lo más parecido a banda sonora es el sonido de un organillo que salta a ratos y que yo creo que se ha colado involuntariamente en el rodaje. Y encima de tanto silencio, el otro protagonista es mudo… No, no penséis que soy un desalmado que no ha entendido la película y que no he pillado que pretendía integrarnos en el mundo de silencio y soledad que vive una persona con discapacidad auditiva. En absoluto: el prota es mudo pero no sordo y curiosamente casi habla más (escuchamos sus pensamientos) que el resto del reparto, un reparto respetable de cierta enjundia con Asthon Kutcher, Michelle Pfeiffer y Cathy Bates a la cabeza.

Pero el relumbrón del reparto se difumina en la oscuridad física -la trama discurre por la típica ciudad de EEUU donde llueve el 80% del tiempo y anochece a las cinco de la tarde- y psicológica que rodea la película: el hombre-pollo vive atormentado por la idea de vengarse ante el asesinato de su hermana… ¿podrá el amor, o algo parecido, con una mujer madura y madre de un mudo traerlo de vuelta a la esperanza? Ni lo sé ni me importa, porque este argumento de telenovela interpretado decentemente y dirigido con el mayor de los amateurismos es la típica película coñazo, aburrida, y deprimente que te puedes ir media hora a preparar la cena y cuando vuelves no te has perdido nada. No entiendo por qué el director se empeña en hacer que el pobre chico mudo nos caiga mal, pero lo consigue (cero empatía, cien de animadversión).

En fin. “Soy un puto pollo”, se lamenta nuestro héroe urbano en un momento trascendental de la película que resume noventa minutos de historias desgraciadas, ambiciones frustradas y vidas sin sentido. Noventa minutos de drama sin otro propósito que permitir que Hollander gane algún oscuro premio en algún oscuro festival de cine social o sentirnos mejor con las miserias de otros.
OsitoF
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