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| 64 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sines Crupulos
Voy al cine (Emiratos Árabes)
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Su valoración:  |
24 de Abril de 2008 |
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Orquesta para los títulos de crédito y una voz en off dice "tuenti senturi fax presenta: Consiensias Muertas. Protagonisada por: Enri Fanda". Entonces una drosophila melanogaster se me posa sobre la aurícula izquierda, pero un frenazo musical en seco y la entrada de un coro angelical que desemboca en una apacible melodía westerniana alejan al díptero.
Henry Fonda y otro vaquero desmontan en un pueblo seco y solitario frente a la tasca, el primero hecha un vistazo al polvo y desembucha: "Más desierto que un sementerio"
Horror. Le dobla Pixie. Y al amigo le dobla Dixie.
En la disyuntiva entre seguir adelante o tratar de buscarla en V.O.S, una gorda a caballo con escopeta, una pelliza sureña abotonada y un desfiladero recortado contra los cirros me sumergen en la trama.
Y a pesar de la angustiosa sensación de que en cualquier momento un pistolero puede soltar aquello de "malditoz roedorez", para cuando Anthony Quinn se saca tarareando una bala con el cuchillo, yo ya estoy entregado al incidente de Ox-Bow.
Y entonces me topo con una fila de sombreros alineados en la barra. Uno oculta los ojos de Fonda mientras descuartiza almas con su lectura. Y al fondo, la hermosa dama en su pintura, que "tal parece que tenga vida".
Ante todo ello, sólo puedo lamentar su escaso metraje y recomendarla sin reparos.
Buenísima.
Un diálogo.
Camarero. "Qué quieren, ¿whisky?"
Amigo. "¿Qué tienen?"
Camarero. "Whisky"
Fonda. "¿Qué te parece? Nos pregunta qué queremos y sólo tiene whisky. Y del malo, seguro"
Camarero. "Del peor"
Fonda. "Traiga dos vasos y una botella"
Y la escena se cierra con una pelea de humor fordiano.
Títulos alternativos:
Siete hombres con piedad.
El árbol de los ahorcados.
Una carta contra la injusticia.
Sin jurado.
De una misma rama.
Divertirse a cualquier precio.
Cuatreros sin defensa.
Tres sogas.
Sin clemencia.
Por la sed de la venganza.
Vivir hasta el alba.
Sines Crupulos 
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| 46 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
27 de Febrero de 2010 |
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Lo primero que llama la atención en esta cinta es cómo están rodados los caballos. Potencia, control, velocidad. La cámara en su sitio. Dan ganas de vender el coche y de comprarse un purasangre.
Lo segundo, la escena de la diligencia. Ella y él no cruzan una sola palabra y, sin embargo, todo queda meridianamente dicho. El juego de miradas habla por los codos. Una pequeña historia dentro de la historia. Un apunte emocional que dura lo que dura el paso de la diligencia.
A esas alturas, estás pegado a la pantalla. Intuyes, presientes, paladeas a priori el desenlace.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La escena clave cumple todas las expectativas. El mayor Tetley insta a los que estén en desacuerdo con el ahorcamiento a situarse al otro lado. Primera perversión de la justicia: el fiscal no debe demostrar la culpabilidad. Es el inculpado quien ha de probar que es inocente. William Wellman nos lo cuenta sin decirlo, haciendo que sean los que están a favor de posponer el linchamiento quienes tengan que moverse. El punto de partida es la condena.
Entra la música, un silbido lírico y sencillo que acompaña el movimiento de los siete disconformes. La melodía cala hasta los huesos. Desemboca en un acorde abrupto que da entrada a un plano que recorre el gesto airado del verdugo colectivo.
La ejecución es un fuera de cuadro y una sombra triple.
Segunda perversión de la justicia: la decisión mayoritaria es siempre respetable. Wellman cuida el pulso narrativo. Su mirada es irónica. No nos presenta una jauría sanguinaria. Nos muestra un simulacro de interrogatorio, una parodia justiciera, como si el asesinato en grupo pudiera ser un acto razonable.
Irrumpe la verdad: son culpables todos menos siete.
William Wellman nos regala un travelín para el recuerdo: ya en el bar, la cámara recorre –nuevamente– los rostros del verdugo colectivo. Caras desoladas, abiertas al abismo de lo irreparable. Por primera vez en toda la película sentimos empatía con el pelotón de linchamiento. Después de semejante plano la lectura de la carta es redundante. El cine no es literatura. Ningún texto puede ser más elocuente (dentro de la propia película) que la fila de gestos en la barra.
La ira lleva al acto infame. El acto infame lleva hasta el remordimiento. El peso de la culpa es infinito y no prescribe. Que Dios se apiade de vosotros –dice el sheriff–. Yo no tendré piedad.
Más allá de las cualidades morales de los individuos, más allá de la escisión maniquea entre buenos y malos, más allá de los principios personales, son los actos los que revisten una carga de bondad o de maldad. Y el acto violento y colectivo es sumamente peligroso. Tiende a ahogar en su caudal a la justicia.
Servadac 
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| 35 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
15 de Abril de 2009 |
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Pequeña joya de cine, realizada por William A. Wellman (1896-75). El guión, de Lamar Trotti (“El joven Lincoln”, Ford, 1939), adapta el relato “The Ox-Bow Incident” (1940), de Walter Van Tilburg Clark. El film se rueda en escenarios exteriores de Alabama Hills (CA) y en los platós de Fox Studios (Century City, L.A., CA), con un presupuesto relativamente modesto de 560.000 USD. Es nominado a un Oscar (película). Producido por Lamar Trotti para la Fox, se estrena el 21-V-1943 (EEUU).
La acción dramática tiene lugar en la pequeña localidad fronteriza de Bridger’s Wells (Nevada) y en el cercano valle de Ox-Bow, durante una jornada de unas 8 horas, entre las 3 de la tarde y las 24 h. de un día del invierno de 1885. Art Croft (Morgan) y Gil Carter (Fonda) son dos vaqueros amigos que trabajan como temporeros en la región. Carter acompañado de Art acude al Conby’s Saloon del lugar con el propósito de pasar un rato con su amiga y amante Rose Mapen (Hughes), chica de alterne y prostituta del establecimiento. Darby (Filian), propietario del salón, les dice que la bella Rose se ha marchado a San Francisco para no volver, por lo que se deberán conformar con la contemplación del cuadro “Mujer con un loro”, que preside el establecimiento y que es una ingenua evocación de la imagen de la chica. Poco después llega la noticia del asesinato del vaquero Larry Kinkait. Art es inteligente, tranquilo y equilibrado. Carter es sensato, simple, susceptible y agresivo. Tiene buen oído y buena voz. Como cantante dispone de un repertorio de tres canciones.
El film suma crimen, drama, cine negro y western. Tras la incorporación (diciembre 1941) de los EEUU a la IIGM, cae en las manos de William A. Wellman el relato de Clark, que lee apasionadamente. A cambio de un contrato que le liga como realizador a la Fox en condiciones desventajosas para él, Wellman consigue que Darryl F. Zanuck acceda a rodar el film, que tiene un éxito limitado, como tenían previsto.
La película desarrolla una historia que contradice normas canónicas del western: la mujer hermosa abandona al vaquero para irse con otro y deja el Oeste el Oeste para vivir en una gran ciudad (San Francisco); los escenarios ocupan espacios reducidos y se prescinde de los grandes paisajes; no hay historia de amor; los buenos llegan tarde y sin información; una mujer, Jenny Grier (Darwell), alienta la violencia del grupo; etc.
La historia es realista, cortante y desgarradora. La atmósfera es sombría y claustrofóbica. El guión es sobrio, conciso y estilizado. La acción es intensa y el ritmo narrativo es vivaz. El desarrollo de los acontecimientos es denso y oscuro. La iluminación es sombría, casi espectral. Los árboles muestran formas retorcidas y tortuosas. El terreno es árido y áspero. La obra muestra influencias del teatro clásico (unidad de tiempo, lugar y acción) y de la tragedia europea de inspiración clásica (Shakespeare).
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La precipitación, las urgencias innecesarias, la ira, la sed de venganza, los sentimientos de debilidad e impotencia, la ausencia de un liderazgo lúcido, fuerte y equilibrado, los temores y los miedos individuales y colectivos y otros factores similares, se erigen en móviles de una acción conjunta que no obtiene ni el refrendo de la legalidad (por ausencia del sheriff) ni la sanción del juez.
La visualidad apoya y subraya los rasgos de ilegalidad, ilegitimidad y sinrazón de la acción. Sombras trágicas parecen moverse y seguir a la partida de justicieros. Los primeros planos de los rostros crispados y convulsos delatan la obcecación y furia de los expedicionarios. La jefatura del grupo a cargo de un antiguo mayor confederado, que viste el uniforme que usó en una guerra que finalizó hace 20 años, habla de desconexiones con la realidad, estupidez y locura. La debilidad con la que se exponen los argumentos en contra de la iniciativa descabellada revela pusilanimidad, falta de convicción y cobardía. La cena con risotadas y manifestaciones hueras de falsa alegría evidencian el cinismo y el despropósito que imperan en la parte mayoritaria del grupo. Los oídos sordos a los argumentos sensatos y prudentes de los disidentes ponen de manifiesto la ceguera y la ausencia de ecuanimidad con la que algunos quieren impartir justicia.
El film aporta diversos elementos a partir de los que se pueden deducir explicaciones particulares de los motivos profundos que impulsan a algunos a comportarse desatinadamente. El antiguo mayor descubrió sus tendencias sádicas durante la Guerra de Secesión y no ha podido superarlas. La anciana Ma arrastra profundas insatisfacciones personales y frustraciones psicológicas perturbadoras. Los vaqueros Art y Gil son conscientes de lo que ocurre, pero callan mucho a cambio de falsos sentimientos de aceptación e integración en el grupo.
El reparto incorpora un largo elenco de figuras destacadas, que entregan interpretaciones solventes y convincentes.
El film propone una seria reflexión sobre el imperio de la ley y los peligros de sustraer a los Tribunales la administración de la justicia. Formula un alegato contundente contra el linchamiento. Condena la crueldad, la intolerancia y el salvajismo humanos. Condena de pena de muerte. Denuncia la improcedencia de la sed ciega de justicia a toda costa. Justifica que la administración de la justicia se base en el juicio sereno y plural de personas rigurosas, independientes, imparciales y ecuánimes.
La música, de Cyril J. Mockridge (“La novia era él”, Hawks, 1949), contribuye eficazmente a la creación del clima descabellado y deprimente de la acción. Añade las tres canciones del repertorio de Gil Carter. La fotografía, de Arthur C. Miller (“Qué verde era mi valle”, Ford, 1941), en B/N, explora a través de las imágenes los estados de ánimo despiadados, crueles e inhumanos, que animan el comportamiento de los protagonistas.
Film de culto e imprescindible.
Miquel 
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| 27 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Txarly
Qingoco (China)
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Su valoración:  |
17 de Enero de 2010 |
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Estoy completamente seguro de que ni James Cameron ni Peter Jackson ni Steven Spielberg han visto Incidente en Ox-Bow. Si la hubiesen visto, se habrían dado cuenta de que no se necesitan más de dos horas de metraje para contar una historia de las buenas, con una hora y doce minutos es suficiente, sin contar con que el único efecto especial que aparece es un movimiento de cámara con dos disparos fuera de campo.
Lo que en realidad quiero comentar es que la vean, pasarán una hora de Cine muy agradable. Posee una fuerza, un empuje y una narrativa muy alejada de los cuentos para lelos que se gastan Cameron y cía. Una historia fría, directa que no se pierde ni en tramas paralelas o Toros sentados. Una técnica con la cámara de quitarse el sombrero: encuadres, primeros planos, travellings... portentosos!! Los diálogos son sentencias, bravuconadas, arrebatos y mofas, más que habladas escupidas hacia el interlocutor, con una fuerza y una pasión que consiguen engancharte desde el principio a uno de los mejores westerns de la historia. Y sí, yo también creo que este sea el western favorito de Eastwood. No me extraña nada.
Magnífica.
Txarly 
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| 22 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
31 de Octubre de 2009 |
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Con pelis como “Incidente en Ox-Bow” suele asaltarme un sentimiento contradictorio. Por un lado pienso que resulta inconcebible que una peli así no haya tenido mayor repercusión pública y que, por lo tanto, sería del todo necesario emprender una especie de campaña para darla a conocer en su justa medida. Ya sabéis: organizar cine-forums, proyectarla en las escuelas, declararla patrimonio histórico-artístico de la Humanidad, etc. etc. Pero por otro lado -desde una perspectiva puramente egoísta- debo reconocer que me satisface que “Incidente en Ox-Bow” no sea una peli demasiado conocida. Me satisface porque constituye un placer indescriptible descubrir joyas así cuando crees que tu bagaje cinéfilo está lo suficientemente bregado como para dejarse sorprender con facilidad. Pero no, afortunadamente la sensibilidad de un buen cinéfilo nunca se endurece más de la cuenta y, de vez en cuando, pelis como la de Wellman se encargan de constatárnoslo. Así pues, permitidme que apague el megáfono y que recomiende este peliculón a quién no lo haya visto (y lo merezca) a mi manera. Por lo bajini, a boca-oreja, como se hace con todo film de culto que se precie.
Mi más sincero aplauso y reconocimiento, pues, a un atípico western cuya principal virtud reside en que, sin apartarse demasiado de los consabidos cánones del género, nos ofrece un plus de contenido sobrecogedor: la condena del linchamiento. Un infame tema que quizás no admita discusión desde la perspectiva actual pero que en un tiempo y en un lugar donde la ley del revólver era una especie de real decreto y en el que el buen funcionamiento de la justicia era poco menos que una utopía, constituía una práctica –si no políticamente correcta- sí relativamente tolerada. Wellman nos describe la sucesión de los acontecimientos a partir de las súbitas reacciones de una turba de pintorescos personajes entre los que destaca, como no, la enérgica personalidad de Gil Carter (Henry Fonda). Sorprende gratamente, sin embargo, que Wellmann sea capaz de componer y desplegar en apenas 72 minutos el heterodoxo criterio de los siete u ocho personajes principales que, además de Carter, forman parte de esa numerosa patrulla que acorrala a los tres supuestos ladrones y asesinos en 0x-Bow. Sorprende porque no es habitual, hoy en día, disfrutar de un ejercicio narrativo tan conciso e intenso a la vez.
(sigo en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Pero si el trasfondo ético o moral es importante en “Incidente en Ox-Bow”, también lo es –y no menos- su aspecto formal. Y aunque no estamos ante el típico western fordiano, rodado en grandes espacios abiertos, Wellman demuestra saber rentabilizar al máximo las posibilidades del lugar donde se desarrolla la acción (el valle de Ox-Bow, de madrugada) para darle mayor énfasis dramático a su peli mediante imágenes sombrías y expresionistas. Dos planos fueron, en concreto, los que me impactaron más profundamente: el que muestra las sombras de los tres ahorcados en un fuera de campo modélico y, como no, el magnífico plano de Carter, con los ojos ocultos por el ala del sombrero de su compañero, leyendo la sentida carta de despedida de Donald Martin (Dana Andrews). Dos planos para el recuerdo que forman parte ya, desde ahora mismo, de mi particular galería iconográfica del séptimo arte.
Taylor 
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