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Críticas de "Río Grande"
Río Grande
Buena
John Ford
(1950)


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Río GrandeRío Grande
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21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
kiss_army   Palencia (España)
Su valoración: Interesante 28 de Mayo de 2009
Por todos es sabido que los indios eran unos cabronazos sin escrúpulos cuyo único propósito en la vida era cortar la cabellera de los intachables ciudadanos norteamericanos que sólo querían vivir pacíficamente en tierras que no estaban habitadas previamente. Cuando uno ve un western clásico sabe que es muy probable que se enfrente con este panorama y, en este sentido, Ford no era de los peores. No hay que olvidar que este hombre también dirigió "El gran combate". Pero al fin y al cabo esto es cine y uno está dispuesto a asumir esta visión parcial y maniquea del asunto a condición de que se nos cuente una buena historia. Con Ford esto es ir casi sobre seguro.

Pero aquí no encuentro al mejor Ford. Al menos el que más me gusta. A la tara ya dicha del falseo histórico descarado yo le añado la del patriotismo exacervado, el homenaje a la sufrida vida militar, el sentido del honor por encima de todo (de lazos familiares, del uso de la violencia...). Y también puedo pasar por encima de todo eso, pero en este caso la historia que cuenta Ford me interesa menos de la habitual. No se le puede poner peros a la narración, como siempre excelente, pero la historia no me atrapa, los personajes no son tan complejos como en otras ocasiones (valgan como ejemplo "Centauros del desierto", "El hombre que mató a Liberty Valance" o "Dos cabalgan juntos"). El sentido del humor habitual en Ford está ahí y eso se agradece, pero a veces es simpático (el personaje interpretado por Victor McLaglen) y otras veces un tanto ridículo y fuera de lugar (el corneta tartamudeando, el disparo en el culo). También se agradece que las canciones no molestan demasiado (cosa infrecuente) y que la niña repelente salga poco. El recurso del secuestro de los niños para buscar la compasión del espectador y el odio hacia esos desalmados indios me parece muy recurrente y facilón.

Sin embargo Ford es Ford, y siempre hay donde rascar: las escenas de indudable interés y la narración fluida son sus mayores virtudes; pero no evitan que por momentos llegue el tedio. El Ford militroncho y patriotero no es el que más prefiero pero siempre es disfrutable, aunque el hecho de que me aburriese por momentos hace que no le llegue a dar un siete. John Wayne está sobrio como siempre, perfecto en su papel, y Maureen O'Hara es incapaz de estar mal nunca. También de no salir guapa. Aunque la cámara de Ford siempre ha estado enamorado de ella.
kiss_army
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15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
jastarloa   Madrid (España)
Su valoración: Buena 14 de Marzo de 2006
Con esa sabiduría a la hora de contar historias, es difícil encontrar una mala película en la filmografía de Ford. En esta ocasión yo habría reducido el número de canciones (aunque son clásicos "yanquis" bastante bonitos y se aderezan con detalles cómicos o emotivos, entre guitarras y presentaciones de los cantores del regimiento se van más de 10 minutos, que parecen pocos pero se notan); habría trabajado mejor la parte final del guión, pues resulta algo convencional la captura de los niños y el rescate; pero el resto sigue siendo tan bueno como de costumbre.
Los primeros 20 minutos, justo hasta antes de llegar la mujer del Coronel York, son mis favoritos. Me pareció cojonuda la escena en que el coronel escucha el nombre de su hijo mientras están pasando lista.

El típico gazapo lo encontramos en este western hacia el minuto 60, cuando después de la cena los comensales desaparecen súbitamente de la imagen mientras se retiran a sus "aposentos". Posiblemente lo hayan cortado en algún proceso de restauración (o de censura), porque me parece demasiado cutre como para ser resultado de un montaje original.
jastarloa
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polelo   Jérica (España)
Su valoración: Buena 5 de Julio de 2007
En las orillas de Río Grande un destacamento de la caballería de los Estados Unidos custodia el territorio patrio siendo acosada por las tribus indígenas que no dudan en atravesar el Río (frontera entre U.S.A. y Méjico) como forma de escapar a las persecuciones federales.
La película no deja de representar una doble metáfora, por un lado la que nace de los dos personajes principales (Mauren O'Hara y Wayne), matrimonio separado por las circunstancias de la guerra de secesión que hallarán en este confín de la nueva patria americana el sentido de una nueva nación de hermandad entre los otrora enemigos, también evidente en la figura del hijo, la nueva generación crecida sin los estigmas del antiguo enfrentamiento.
La otra parte de la metáfora, entroncaría con la todavía reciente Guerra Mundial, los soldados se enfrentan ante la hostilidad de los indígenas, unidos en la causa común de atacar el destacamento (Montañas Negras, Chicaguas y Mescaleros) que podrían representar el enemigo fascista atacando a las democracias ante la pasividad política y la falta de determinación de las mismas (Méjico y USA en este caso) en unir sus fuerzas ante el enemigo común (un recuerdo para Ford que impulsó años antes una sociedad para apoyar la intervención Norteamericana en favor de la segunda república española en plena guerra civil).
No desesperemos por que el maestro Ford nos reservará algunos cartuchos de militarismo patriótico-democrático-paternalista.
Demasiado panfletaria, lo siento, no es de lo mejor y reconozco que Mauren no es de mis favoritas, McLaglen tampoco está especialmente fino, solo salvable Wayne (una vez más).
Pese a todo el principio me parece antológico títulos de credito incluídos, ya que conforman própiamente el arranque del film con un lenguaje puramente visual extraordinario (la entrada en el fuerte con los niños y las mujeres saliendo a recibir a los soldados acompañados por una impagable melodía irlandesa son sobrenaturales).
Aspectos interesantes.
polelo
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alfie   Triana (España)
Su valoración: Muy buena 7 de Marzo de 2009
Completa Ford su trilogía sobre la caballaría americana ("Fort Apache" y "La Legión Invencible") con una lección de lírica y poesía trasladada a la gran pantalla. Una música evocadora unida a los lienzos que es capaz de pintar el maestro alrededor de un B&N inigualable, regalan al espectador momentos inolvidables repletos de escenas que le quedarán grabadas por siempre en la memoria.

"Río Grande" además posee todos esos elementos tan personales del director y que elevaron su cine al un nivel nunca alcanzado por nadie. Rehusa frecuentemente de la acción para embarcarse en el silencio de los personajes, solo interrumpido por esa preciosa música contumbrista americana, y mostrarlos en sus soledades, en sus pensamientos y rodeados por unos parajes inigualables. Además, a los numerosos encuentros con la genialidad cinematográfica, hay que sumar el descubrimiento de una pareja fantástica como son John Wayne y Maureen O´Hara; sin duda, su encuetro supuso un perfecto preámbulo a lo que vendría después ("El Hombre Tranquilo"). La presencia de otros habituales de Ford (McLagen, Johnson) completó un reparto no muy espectacular para la época, pero increiblemente bueno en las manos del director.

Así pues esta obra costumbrista, patriótica y conservadora, lejos de terminar enfocada en estos últimos términos, se convierte en un ejercicio magnífico de cine donde la importancia de la acción queda claramente en un segundo plano y convierte a la guerra en la culpable de que todo ese romanticismo quede contenido y haya impedido, antes con la guerra de Secesión y ahora con la guerra con los indios, la felicidad de una familia a la que el coronel Kirby sacrificó por su deber militar. Ford construye con esto una interminable sucesión de escenas y cuadros dignos del mejor museo y que constituyen sin duda otra de sus grandes obras maestras que despiertan esa cálida sensación que acompaña a cada uno de los "The End" del director americano: puro Ford, pura poesía.
alfie
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Normelvis Bates   Suena Wagner y tengo ganas de invadir (Polonia)
Su valoración: Notable 27 de Mayo de 2010
Hay que ser masoquista. Imaginemos a alguien a quien, cosa no del todo rara, no le gusta comer hormigas. Las encuentra feas, asquerosas y sucias. Si es racista, las verá además negras, y eso le pondrá aún más de los nervios. Imaginemos que a ese alguien, con el objetivo de demostrar al resto de la humanidad lo feas, asquerosas, sucias y negras que son las hormigas, se dedicara, un día sí y el otro también, a zampárselas a bocados, tostadas y fritas, en carpaccio, metidas entre dos rebanadas de pan untado con mayonesa, asaditas a fuego lento o al horno y bien crujientitas, picoteándolas, regaditas con cerveza, mientras ve una peli, no sé, digamos que de John Ford. Más que masoquista, hay que ser zopenco, diréis algunos. No es así, hombres de poca fe: los mediocres nunca hemos sido capaces de comprender a quienes, en un momento u otro de sus vidas, vieron la luz, corrieron hacia ella y bajaron después a la Tierra a traernos la Buena Nueva. Confieso avergonzado que con la cerveza lo a mí me gustan son las pipas.

En FA hay montones de comedores de hormigas, pero en vez de zamparse bichejos, se zampan obras enteras de directores a los que detestan, con el único fin de que el mundo sepa lo equivocado que está, lo lejos que se halla de la Luz que ellos y no cuatro generaciones de espectadores sí fueron capaces de ver. Los hay especializados en Hitchcock (un tahúr), Wilder (no tiene puta gracia), Capra (una monjita) o Ford (buscad Hitler en la Wikipedia e id anotando adjetivos), pero todos tienen en común el ímpetu guerrero con que luchan contra los falsos ídolos y pregonan sus bajezas, no sea que a los niños de teta se nos pasen por alto. En el caso de Ford, son de lo más tiquismiquis y puristas. Claro, como somos pequeñitos, no distinguimos aún la línea que separa la historia de la ficción y corremos el riesgo de que nos confundan y manipulen. Tenemos tanto que aprender de ellos.

Su lucidez y su pureza, además, no tienen fronteras. Ser colombiano, por poner un ejemplo al azar, no le impide a uno poner a parir a Ford por no mostrar en sus pelis los atropellos que él no cometió sino ficticiamente sobre los indios, aun corriendo el riesgo de que un descendiente de esos españolitos crueles y mostachudos de las pelis de piratas de Michael Curtiz le pueda recordar a su vez que en Colombia, hasta muy avanzado el siglo XX, era moneda corriente la estupenda práctica del “enganche”, mediante el cual se mantenía a los indígenas esclavizados de por vida en caucherías y plantaciones de coca, en pago de una deuda que nunca podían devolver y contribuyendo de este modo a engrandecer (¿semilla a semilla? ¿ladrillo a ladrillo? ¿con sudor y lágrimas?) la hermosa nación que él habita ahora, y que no hay, que el españolito recuerde, ninguna película comparable a las que firmó Ford que hable de ese tema, ni para denunciarlo ni para glorificarlo. Claro que la culpa es del españolito, por preferir las pipas a las hormigas.

(Queda un párrafo en el spoiler. Ánimo)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Normelvis Bates
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