Un personaje peculiar este Joe Gould. Al parecer verídico. Un espíritu libre que deambula sin más propósito que mantenerse íntegro y fiel a sus convicciones sin más ayuda que la respetuosa caridad que provoca en cuantos le rodean y que por uno u otro motivo acaban admirándole.
La razón de tanta admiración y respeto está motivada por un grandioso proyecto no culminado que al parecer abarca todo el saber popular de la gran manzana y del cual Joe es el único depositario. Pero su secreto, el que tan sólo acabará por arrancarle calladamente su último descubridor, es el que propicia su declive final, que además acabará arrastrando a quien lo desvela.
Con algún que otro histrionismo justificado por el personaje y una correcta interpretación de los demás actores integrantes, se desarrolla una un tanto larga película que puede acabar desmotivando -por su lento desarrollo del desgranamiento de las capas que cubren a Gould- a los más impacientes. Y tampoco lega una "extraordinaria recompensa" a quienes se muestran más comprensivos hasta sus postrimerías pues en realidad lo interesante de la película es experimentar junto al personaje de Stanley Tucci cómo el pequeñó Gould va minando sus defensas hasta transmitirle su misma "enfermedad"...
Me gustó, aunque con las reservas propias de quien ve una película buscando ese mensaje oculto que no acaba de ser demoledor sino que lamentablemente no consigue horadar hasta llegarnos a la raíz... una pena pues la peli lo intenta, pero...
Un saludo.
spoiler:
La vida misma -y no la pereza- pone las trabas suficientes para que el hombre de genio muchas veces no consiga expresarse en toda su plenitud al verse abocado a cumplir los trámites cotidianos que nos impone ésta y que nos entretienen hasta hacernos perder el fin último. Vedándonos finalmente la posibilidad de acometer con éxito cuanta empresa nos propusimos.
Ese es el mensaje final que extraje de la película...pero claro, también eran las dos de la mañana y estaba un poco cansado...tal vez ni siquiera era eso...