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| 115 de 133 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
13 de Abril de 2006 |
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Sabia mezcla entre narración clásica, goteos surrealistas y personajes esperpénticos (gracias por tu genial "descubrimiento", Ramonciño).
Sería un error quedarse en el ataque al catolicismo a la hora de analizar esta prodigiosa película de Buñuel. Está claro que es lo que más puede escandalizar en una sociedad tan mojigata como la española –de hecho, me uno a su feroz embate–, pero también es interesantísima como retablo de las miserias humanas. Ningún personaje se salva, todos son títeres decapitados al final, incluida la compasiva Viridiana, que se delata a sí misma en sus paseos sonámbulos luciendo muslamen, en su desmedido fetichismo (¿una corona de espinas entre el equipaje?: ¡jooooder...!) y en su visita final a la habitación de Jorge.
La última cena, un crucifijo que es a la vez navaja, una monja inexperta acariciando las ubres (?) de una vaca...: es necesario revisarla varias veces: nunca dejarán de sorprenderte los nuevos descubrimientos (y redescubrimientos) que harás.
Lo mejor, para mí (entre muchas cosas): la bacanal que se montan los interesados mendigos, y eso en lo que casi nadie repara: el personaje de Ramona.
Es, junto a "Los olvidados", lo mejorcito de Buñuel.
La colocaría, sin dudarlo un instante, entre las mejores películas europeas de la historia.
jastarloa 
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| 87 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sines Crupulos
Voy al cine (Emiratos Árabes)
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Su valoración:  |
28 de Enero de 2009 |
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Desde el sutil misterio que provoca el porqué Buñuel parece dar importancia a detalles que nada tienen que ver con la trama, salvo una posible descripción del costumbrismo regional (los perros atados con cuerda al carro) o la inmersión en una personalidad contrastada (Rey salvando a la abeja), hasta las burdas imágenes sueltas que menos aún conectan con el argumento, salvo para resaltar lo evidente (el ratón cazado) o recrearse con descaro (la foto en la última cena), Buñuel crea, a partir una secuencia disparatada de imágenes gamberras (la vaca y la leche), macabras (la niña jugando bajo el árbol) u osadas (la navaja crucifijo), que nada tienen que ver unas con otras, más bien parece que carecen de conexión, una historia sólida, libre y tensa. No hace falta decir que hay que tener un instinto cinematográfico descomunal para dar homogeneidad a semejante disparate y fluidez a un argumento tan llano como un camino de cabras.
Tampoco hace falta mentar, mas lo mento, que la gama de intérpretes que participan en el esperpento es una de las mejores de la historia del cine universal. Lo de Don Francisco Rabal es inhumano.
Durante la práctica totalidad del metraje se puede leer entre líneas, buscar tres pies al gato y pensar mal. Cada escena tiene una doble lectura. El final, más de dos. Y desconozco si la partida es un homenaje al maravilloso final de El Apartamento, rodada un año antes, pero desde luego que está como poco a su misma altura, y es un cierre perfecto para una tarde de feria destroyer que critica al aristócrata y al indigente, pone en evidencia al perverso y al santurrón, saca los colores al laico y al religioso, obliga a la mirada sucia (salvaje el erotismo de Silvia desmelenada), incita a la perversión y convence al indeciso de lo retorcido de nuestra especie.
Brutal segundo por segundo. Tan satánica como celestial. Para vérsela mil veces.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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Sines Crupulos 
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| 77 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Malkav
R'lyeh (Micronesia)
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Su valoración:  |
24 de Noviembre de 2009 |
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La obra cumbre del cine español de todos los tiempos se erige, aún a día de hoy, como un monumento único de fuerza inigualable. La extraordinaria sutileza del guión, las deslumbrantes actuaciones de unos intérpretes en pleno estado de gracia o el número incontable de símbolos, escenas y matices que sugieren todo tipo de lecturas (entre otras tantas virtudes) le otorgan al film una riqueza más allá de todo análisis. Esta es la obra inmortal de un genio irrepetible.
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- Viridiana [primeros pasos]: Preferiría no salir del convento, madre [...] Mi deseo sería no volver a ver el mundo.
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* La liberación de la sexualidad reprimida (eje temático del film, I):
Viridiana está - aunque sólo en principio - desposeída de su naturaleza animal: el convento ha sustituido el apetito carnal por la devoción espiritual. La ubre de la vaca le provoca risa nerviosa y sonrojo: la rechaza porque en ella se reflejan sus pulsiones sexuales, y sólo acepta la leche en la seguridad contenida de un vaso de cristal. Uno es libre de elegir la actitud ante la vida que considere oportuna, pero el instinto no hay quien lo pare.
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El plano vertiginoso: Viridiana yace profundamente dormida por la acción de los narcóticos en los brazos de su tío (artífice de tan perversa situación), vestida con el traje de boda que llevaba puesto su tía el día que murió. Don Jaime, que le ha dejado el escote al descubierto, la aprieta entre sus brazos. La palpa. La besa. La siente con fervorosa intensidad.
[Imagen brutal cuya huella permanece imborrable en la memoria].
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- Don Jorge [toma de contacto]: La Viridiana esa, que ya me tiene cansada la paciencia. [Está] podrida de beatería.
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* Fetichismo:
- El de Viridiana, con su 'kit del buen cristiano' que contiene, entre otros, una cruz de madera, una corona de espinas y unos cuantos clavos.
- El de Don Jaime, que se traviste con el corsé y los zapatos de tacón de su difunta esposa.
- El de Don Jorge, que se recrea con los viejos utensilios de su padre, entre los que destaca un peculiar crucifijo que esconde una navaja (la religión: arma de doble filo)
... y el de Buñuel, que igual centra su mirada en las piernas desnudas de Silvia Pinal que en los ojos vacíos y perturbadores del mendigo ciego.
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Cada diálogo entre Silvia Pinal y Francisco Rabal deviene en jarro de agua fría sobre la religiosidad exacerbada, sobre los prejuicios morales, sobre toda mentalidad anacrónica que prescinde deliberadamente del uso lúcido de la razón.
- Viridiana: Yo no soy como usted, que tiene a su esposa.
- Don Jorge: No es mi esposa. Para vivir con una mujer, no hace falta que nadie me bendiga.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: * La ineficacia de la caridad, limpiadora de conciencias (eje temático del film, II):
Un perro camina exhausto atado por el cuello a una tartana, manteniéndose en pie a duras penas. Don Jorge, que siente compasión por el animal al ver la escena, se lo compra al dueño. He ahí su buena acción del día: ha librado al perro de una vida tormentosa. A continuación, otro carruaje pasa por el mismo camino, con otro perro atado de idéntica forma al que acabamos de ver.
La acción individual a pequeña escala significa pan para hoy, pero hambre para mañana. Salvar a un perro no cambiará las viejas costumbres locales de explotación animal, del mismo modo que dar de comer a un puñado de mendigos no paliará el hambre en el mundo. ¿Es mejor quedarse de brazos cruzados? Buñuel no da respuestas: solo expone los problemas y ofrece las preguntas.
[Atacar a la Iglesia sería lo fácil y lo cómodo: cualquier institución regida por la mano del hombre puede ser corrompida en un abrir y cerrar de ojos. Buñuel va mucho más allá, araña en la superficie: llega hasta las raíces de la moral del resentimiento para ponerla en tela de juicio, logrando que se tambaleen los cimientos de todo lo edificado sobre ella]
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* Idealismo VS. Materialismo (eje temático del film, III): el montaje exquisito.
Es hora de rezar El Ángelus. Buñuel hace una demostración de fortaleza poniendo la forma al servicio del contenido, logrando una unión perfecta en la que el montaje paralelo le sirve para contraponer - con una eficacia increíble - dos formas diametralmente opuestas de entender el mundo: la de aquellos que arrodillados rezan y esperan que las cosas vengan del cielo, a la voluntad del Señor (planos de las nubes y de los oradores), y la de aquellos que saben que para llenar el buche hay que trabajar y ser productivos (planos de los obreros y del pleno rendimiento de sus labores).
El pragmatismo de Don Jorge, que trae la modernización y el progreso a la finca, será una irrupción iluminadora en la visión del mundo que hasta el momento tenía Viridiana.
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El plano davinciano: de entre todos los mendigos andrajosos y desarrapados, el ciego ocupa el lugar de Jesucristo.
[Se puede ser provocador, blasfemo e irreverente. Y luego está Buñuel].
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Tras el incidente de la última cena, Viridiana observa su rostro reflejado en un espejo roto, a la vez que se enjuga las lágrimas que recorren sus mejillas. El cristal le devuelve una imagen fragmentada: la Viridiana de antes está hecha pedazos; la de ahora se atusa el cabello - por fin suelto - antes de ir a llamar, resuelta, a la puerta de su primo. Mientras, una corona de espinas arde en la hoguera. Cuando la puerta se abre, a Viridiana no le salen las palabras, mas no importa: su mirada lo dice absolutamente todo.
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- Don Jorge : No me lo va a creer, pero la primera vez que la vi me dije: "Mi prima Viridiana terminará por jugar al tute conmigo".
Malkav 
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| 60 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Lucryer
Madrid (España)
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Su valoración:  |
26 de Julio de 2005 |
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Buñuel retrata sin piedad los vicios de la mala religiosidad, de la histeria del falso ascetismo, que niega la corporeidad, los instintos, en fin, la animalidad del hombre, lo transforma en "un alma buena encerrada en un cuerpo malo".
Su crítica es destructiva, y en buena hora. Y lo digo como cristiano que soy. A pesar de su indudable orientación anti-cristiana y anti-Iglesia, Buñuel es un Nietzsche del cine, porque la dureza de su crítica obliga a cualquier cristiano a revisar sus creencias a fondo, a reflexionar sobre la religiosidad, a fin de acabar con la religión descerebrada, sentimentalista y cerrada de nuestros días, que poco hace por la salvación que pretende dar a los hombres, y los llena de fantasmas con el cuerpo, los instintos, la sexualidad, etc.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Viridiana encarna plenamente esa visión de la cristiandad, se niega a sí misma, a su propio cuerpo ("yo te vi, estabas desnuda", dice la implacable niña) pero desarrolla una devoción morbosa por los objetos (la escena en que abraza la cruz me pone los pelos de punta), al mismo tiempo que se guía por una dudosa moralidad (la "doble moral"): ayudo a los otros porque en el fondo me conviene a mí, ayudo a los pobres (pintados con asombrosa frialdad, no por ser pobres y deformes son buenos, pueden ser resentidos y tan perversos como los ricos; ¡ salud Nietzsche !) para "limpiar" mi consciencia. Genial y aterrador.
Debo ser sintético, no puedo hablar sobre la galería de personajes egoístas, infames que decoran este fresco de Buñuel. Pero la recomiendo especialmente a los cristianos. Hacer de tripas corazón y aguantar la embestida, que vale la pena. Grande Buñuel.
Lucryer 
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| 54 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
26 de Diciembre de 2007 |
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La hermana Viridiana ocupa en mi particular recordatorio de monjitas célebres un puesto de honor de concesión irreprochable. Infinitamente más bella y sensual que la hermana Mary Clarence (Whoopi Goldberg en “Sister Act”) o la hermana Tomasa (Gracita Morales en “Sor Citröen”), tan sólo se le acerca a considerable distancia la hermana Luke (Audrey Hepburn en “Historia de una monja”). No quisiera parecer banal ni exageradamente libidinoso, pero considero oportuno y esencial hacer hincapié en el tremendo magnetismo erótico de Silvia Pinal porque precisamente ese poderoso don sustentará el eje vertebrador de la historia de Buñuel.
La hermana Viridiana se convierte, asimismo, en una honrosa versión patria de Madeleine Elster (Kim Novak), la fatídica obsesión de Scottie Ferguson (James Stewart) en la hichcockiana “Vertigo”. No tan solo por el razonable parecido de su glacial encanto platino sinó, porque no decirlo, por la curiosa semejanza de sus poderosos y turgentes bustos. Repito que esto no es ninguna coña ni estoy frivolizando. El voluptuoso potencial de Viridiana desencadenará una arrolladora sucesión de acontecimientos que, empezando por el suicidio de Don Jaime (Fernando Rey) y acabando por el festín indigente, pondrá de manifiesto la imponderable certeza del refrán que reza: “tiran más dos tetas que dos carretas”. Y desde ese postulado aparece el Buñuel más surrealista, transgresor y gamberro. Don Luis adereza su obra maestra con humor negro, fetichismo, alegoría, parodia, sátira y música clásica, pero cuando finalmente la mojigata hermana Viridiana accede a jugar esa partida de tute con Ramona (Margarita Lozano) y Jorge (Paco Rabal), es cuando su virtud y devoción acaban sucumbiendo ante la irrefrenable gravitación de los apetitos profanos.
Una sonora bofetada para quien pudiera sentirse escandalizado. Yo, no.
Un clásico del cine español de visión indispensable. Una magnífica ocasión para comprobar como, de vez en cuando, el celuloide adquiere el status de objeto artístico.
Taylor 
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