Pocas veces es tan gratificante poderse meter en una sala de cine y poder acariciar el tacto aterciopelado del reposabrazos de la butaca. Más aún cuando se trata de un festival de cine y la semana comienza a pesar al ver tanta película.
Es grato encontrar películas como la que ocupa estas líneas porque son las que hacen que otras sean grandes películas. Después de la floja "En la cama", (Espiga de Oro en Valladolid vaya usted a saber porqué) Matías Bize nos regala esta solemne infamia. Una cinta llena de pretensiones y sobre todo de ejemplos de como no hacer nunca una película. Una pareja protagonista sacada de una pesadilla, y un desarrollo tan torpe que produce serias carcajadas. Encima el señor Bize se sentirá orgulloso de este trabajo, mientras otros grandes talentos quedan sin descubrir por culpa de engendros como éste.
No todo es malo, pues como indiqué más arriba la butaca era cómoda y la sala caliente en una fría tarde de Noviembre. Mientras la gente abandonaba la sala en desbandada me acurruqué en la sala y me puse a pensar en mis cosas mientras veía como otros iban cayendo en los dulces brazos de Morfeo. Yo pensaba en otras cosas (no recuerdo cuales, pero a buen seguro más interesantes que el film) de vez en cuando echaba una ojeada al patético bodrio del que estaba siendo testigo y ya de paso me eché unas risas (que oye, nuca vienen mal) Y es que eso es lo bueno, que no todo es ver cine, a veces te das cuenta de que tu tiempo puede ser mejor invertido. Eso es lo bueno; eso es lo bueno de aburrir...
spoiler:
Si tienen oportunidad, no dejen de ver el absurdo diálogo en el supermercado sobre la génesis del agua mineral. Sí tienen una pistola a mano a buen seguro la usaran contra la pantalla.