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| 21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
3 de Abril de 2010 |
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El epígrafe “Honrarás a tu padre y a tu madre” sirve a la película para adentrarse en las relaciones paternofiliales.
Como en la segunda de la serie, se maneja el supuesto de que el verdadero padre no sea el legal sino un tercero.
La hija tiene ya unos veinte años y vive con su padre, aún relativamente joven, en el bloque de apartamentos. Descubre, se supone que accidentalmente, una carta póstuma de la madre, muerta muchos años atrás, casi tantos como veinte. La carta podría tener revelaciones de importancia suprema, pero antes de abrirla la joven proyecta sobre el contenido fantasías íntimas y trata de que esas fantasías se conviertan en realidad.
En ese margen conjetural se despliega una situación de tragedia griega, Edipo y Electra fuertemente evocados. La cuestión genética es ahí decisiva y, por lo mismo, lo es también la enigmática carta testamentaria, cuyo mensaje oculto proyecta a la película hasta un campo emocional insólito, con enorme intensidad, y hace que permanezca entera en vilo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Aunque ambos personajes pactan destruir la carta sin averiguar su contenido, una esquina que se salva de la destrucción por el fuego contiene las dos o tres palabras suficientes para tranquilizar al espectador, si la posibilidad del incesto había llegado a perturbarle.
Archilupo 
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| 9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kieslowski hiperboliza lo terrenal de nuestra sociedad a través de esa tormentosa relación entre una hija y un padre separados y, a la vez, ligados por una carta escrita por la madre de ella antes de morir. En este cuarto capítulo, en consonancia con la temática del mismo, se ahonda en esa relación entre padre e hija.
Tomando ese eje por referencia, Kieslowski realiza aquí una historia muy personal en la que, en el fondo, se relata una trágica historia de amor detonada por una misteriosa carta. Un amor que existe entre dos personas que aún queriéndose, deseándose y amándose, en el sentido carnal del término, deciden no romper con los convencionalismos de nuestra sociedad, esos que derivan del cuarto mandamiento, relatado aquí, como no podía ser de otra manera, con gran maestría por parte del cineasta polaco. Es, al tiempo, lasciva, sentimental y tremendamente melancólica.
The Motorcycle Boy 
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| 10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Y vamos a la carga con el cuarto mediometraje de la serie de diez capítulos de aproximadamente, sesenta minutos de duración que el director Krzystof Kieslowski realizó para la televisión pública polaca junto con el guionista Krzystof Piesiewicz.
Desde el episodio que da nombre al cuarto mandamiento (“Honrarás a tu padre y a tu madre”) se juega a practicar lo contrario que predica el decálogo en el que se basa esta película. Revisa las relaciones entre un padre y una hija que viven juntos desde una plena armonía que mantiene en su recuerdo a la fallecida madre de la chica. Lejos de parecer el modelo más clásico y televisivo de padre e hija, transmiten el espíritu de una relación amistosa, jovial y vivaz que ya en los primeros compases de la película puede incluso inquietar al espectador por las miradas que ambos se intercambian. Durante un viaje que el padre ha debido realizar, la hija, Anka (Adrianna Biedrzynska) contempla repleta de curiosidad una carta que parece que su padre ha olvidado sobre la mesa, aparentemente escondida entre otros documentos, que indica claramente que sólo deberá ser abierta cuando se produzca la muerte del progenitor, Michal (Janusz Gajos).
Así pues, la cinta de Kieslowski mantiene con brío la tensión desde el primer minuto, cediendo gran importancia al carácter de intriga en que se baña la película y ofreciendo una primera hora con detalles memorables y escenas de gran fuerza que se ven dinamitadas por lo que posteriormente vivirán los protagonistas. Unos momentos que han llegado a mis entrañas cargándome de incomodidad y confusión, sensaciones que no he conseguido hacer desaparecer hasta el final de la cinta, en la que todo parece aclararse, pero de un modo insuficiente. Confieso que durante los minutos posteriores a la primera hora de metraje, me han dado ganas de darle al STOP e irme a dormir, no sin levantarse en mi estómago un estado revolucionario.
Situándonos en la parte técnica de la película, en su forma de contar las cosas y de transmitirlas a través de las realistas interpretaciones de Adrianna Biedrzynska y Janusz Gajos, la calidad que despiden todos sus fotogramas es sencillamente insuperable. Pero a mí me ha tocado la fibra moral su argumento, que no comparto ni aunque sólo sea una intención con vistas a un arreglo cercano. Seré un joven antiguo, un ignorante o sencillamente las inclinaciones que se pintan me parecen fuera de lugar incluso hoy, diez años después. Pero no he asumido la trama, o por lo menos, no he querido hacerlo.
(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento, por falta de espacio)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Por todo esto y mezclando lo bueno con lo malo, el cóctel que consigo elaborar tiene sabor a interesante y se puede digerir con agrado y admiración en su inicio hasta que finalmente puede resultar indigesto o hacer que se acuse una fuerte resaca que invite a preguntarse cómo el mismo director del primer decálogo, tan tierno, tan crudo, tan bello, es capaz de ofrecer con su inimitable forma de hacer las cosas (desde una admirable atmósfera que asola las entrañas y te pierde entre su nieve) la antítesis de todos los adjetivos favorables citados.
Quien consigue superarse en esta ocasión es, además del extra de turno Artur Barcis (nuevamente con una muda aparición, enigmática pero llena de sentido), el compositor Zbigniew Preisner, que hasta el decálogo sobre el que a través de estas líneas se hace crítica, elabora algunas de las mejores piezas conseguidas hasta el momento, llenas de sensaciones indescriptibles y rebosantes de esplendor.
Sandro Fiorito 
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Macarrones
Burgos (España)
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Su valoración:  |
9 de Noviembre de 2011 |
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Honrarás a tu padre y a tu madre (Yavé ya estaba por el lenguaje no sexista, para que luego digan que se lo han inventado las feministas).
La película, pues bueno, destartalada. Tiene dos rasgos de humor, que son lo mejor de la historia: la oftalmóloga con unas gafas enormes y la conversación en el ascensor, arriba y abajo. Kieslowski parece que quiere recorrer el camino que une a Moisés con Freud, pero pronto pierde la brújula y se desorienta: empieza entonces a dar vueltas y más vueltas en torno a unos personajes que no son reales ni alegóricos, sólo retorcidos hasta extremos inverosímiles.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Gran discusión entre mi cabra Rifiuti y yo sobre qué carta queman al final, si la de la madre o una falsificada por la Electra varsoviana (de tal modo que, en contra de lo que ella acaba afirmando, el texto que le leyó al padre en el aeropuerto sí era el real). Mi cabra defiende que queman la primera, yo que la falsa. La verdad es que da un poco igual, resolverlo sólo serviría para saber a qué potencia hay que elevar la chaladura de la tipa protagonista
Macarrones 
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| 12 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
19 de Diciembre de 2008 |
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Dramón de agárrate y no te menees algo insulso que trata no tanto del a priori tema fundamental, el incesto, sino que ofrece una lúcida aunque asaz desapasionada indagación en la naturaleza de la incertidumbre. Es ése es el contexto en que los dos personajes principales se mueven, presentado las dudas sobre su parentesco más como forma de mostrar a cámara los sobres cerrados de las convenciones o valores humanos (clarificadora por ahí es la forma de entregarse de la hija, sin mucha convicción, y la lucha interna del padre), que como incursión morbosa en un drama convencional. Esto lo incluiremos en el “haber” del mediometraje.
Sin embargo, y voy con el “debe”, ese drama humano acerca de la incertidumbre y sobre cómo redefinir aquello que pensamos inamovible, probablemente poderosísimo en su formulación, acaba en una reflexión axiológica fría y arbitraria, teórica podríamos decir. Muy preocupado parece Kieslowski, en ese sentido, en examinar la fragilidad de nuestra propia naturaleza; más preocupado, digo, que en mostrarnos a nosotros, espectadores, aquello que late bajo una estructura de afinado desarrollo y una amortiguada iluminación de sombra y hielo.
Es decir, a la cuádruple raíz del análisis que Kieslowski plantea en esta ocasión me parece que le falta el triple salto mortal del cine.
Bloomsday 
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