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| 23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
15 de Julio de 2009 |
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La veracidad es el rasgo más característico que Techiné imprime a la película.
Con veracidad reaccionan los adolescentes al ser inundados por impulsos y sentimientos nuevos. Los expresan con franqueza, lealmente. Entre compañeros del instituto, cuando se acerca el verano, el fin del bachillerato y la primera incertidumbre hacia el porvenir, se despiertan las atracciones eróticas. Amor y amistad son aún enigmáticos, perturbadores, entre chico y chica, entre chicos. No son la cínica farsa perpetrada en la boda inicial, por conveniencia, en medio de cánticos procaces y burda borrachera.
Aún faltan años para la eclosión libertaria del 68. En los guateques se baila el twist, y lento con los Platters. Se estrenan las de Bergman: el chaval con inquietudes poéticas sale decepcionado de “Como en un espejo”.
Al fondo, la guerra de Argel. El mayor de los alumnos viene de allí y se opone a la descolonización. Lo sigue a todas horas con un transistor pegado a la oreja, y su postura derechista lo enfrenta a los demás.
Veraz, sincero y sin impostaciones, frecuentemente conmovedor, es también el tono narrativo adoptado por Techiné. Y lo que es principal virtud de la película, a un tiempo es lastre artístico, al discurrir la acción con cierta monotonía: acaso lo dramático esté falto de acentuación, de un mínimo énfasis que introduzca viveza en el ritmo.
Como tantos autores de la ‘Nouvelle Vague’, Techiné pasó a dirigir tras participar como crítico en “Cahiers du Cinema”. Los primeros intentos no fueron del todo claros, pero “Los juncos salvajes” corresponde a la madurez de su estilo. En la búsqueda de un naturalismo delicado y hondo, la afinidad con Rohmer es patente. Y, como todos los de la escuela, desarrolla la influencia de Jean Renoir. Se ve en las cálidas escenas del río, acompañadas por pasajes solemnes del ‘Adagio’ de Barber: escenas pictóricas, de un sensualismo trascendental, un estético canto al momento presente, flexibles juncos silvestres mecidos por el ahora del goce y el juego, del que los adolescentes se empiezan a sentir arrancados por las reclamaciones del mundo adulto, por los mandatos de convertirse en “alguien”, adoptar una identidad precisa; el mundo del sudor de la frente, la preocupación y, probablemente, la soledad colectiva.
Archilupo 
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| 15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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KG_
Lazkao (España)
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Su valoración:  |
16 de Mayo de 2006 |
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Qué tendrá el cine francés que tanto me gusta...
Qué tendrá: sencillez, silencios, falta de barroquismo, se centra en los personajes, en sus vidas...
Los Juncos salvajes podría haber sido otra estúpida película sobre la adolescencia, los primeros amores... pero no, resulta ser mucho más, y eso es algo que admiro en el cine francés de calidad, que se nos cuentan historias que aparenetemente se han contado mil veces pero de una forma atrayente a la vez inteligente.
Secillamente, "Los Juncos Salvajes" es una pequeña gran película que huye de los estereotipos clásicos en el cine al más puro estilo "made in hollywood", para sumir al espectador en una preciosa poesía de la adolescencia a la vez que nos enseña cuán difícil era vivir en esa Francia de los 60 con una Algeria que quería dejar de ser colonia francesa. Pero a la vez, esta película de Andrè Téchiné nos enseña que a pesar de no vivir en Francia o no estar en los 60, ñla adolescencia sigue siendo una etapa dura para quienes se sienten diferentes o que no encajan, por el motivo que sea (aquella que quisiera se mayor para no ser una adolescente, aquel que no entiende el mundo en que vive...).
Simplemente fantástica, como fabulosas las interpretaciones de unos jovencísimos Gaël Morel (ahora en su faceta de director) y Stéphane Rideau (que para mí siempre será el chico de Primer Verano).
Qué tendrán las películas francesas que tanto me fascinan...
KG_ 
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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Manu_A
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
4 de Mayo de 2008 |
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Es una delicia revisar una película después de muchos años y que la película gane enteros en su segundo visionado.
La película nos sitúa en la Provenza a principios de los años 60, en una primavera-verano, en un ambiente rural en la que tres alumnos de un colegio interno y la hija de una de las profesoras, emergen a la vida, en la turbulenta época de la adolescencia. Techiné como ya hizo con el SIDA en la década de los 80 en Los Testigos (película que por otra parte también recomiendo), usa como hábil telón de fondo, la independencia de Algeria, tanto por las noticias que llegan de la televisión y radio como por los diálogos y/o reacciones de los personajes.
Techiné huye del didactismo fácil y por tanto jamás concretiza ni la época en la que se sitúan los personajes, ni los sucesos históricos en los que decide centrar su atención. Porque dichos aspectos geográficos, culturales e históricos los supedita a la construcción de sus personajes. A Techiné le interesa la interacción entre las coyunturas exógenas y las personas que se arropan bajo esas coyunturas. Cómo la independencia de Argelia influye y conforma la personalidad y el interior anímico de sus personajes. Y no la independencia de Argelia en sí.
Estamos acostumbrados, fuertemente influenciados por la exposición estandarizada que usa el cine americano (Munich de Steven Spielberg, sería un ejemplo) a que cuando se utiliza un determinado acontecimiento bélico-ideológico-político, se formule en el film de forma autónoma y de forma complementaria como dicho incidente afecta a los personajes. Techiné prescinde del primer planteamiento.
Porque para dar voz a todas las voces ideológicas que tuvieron parte en el conflicto, establece a los personajes, personificando cada una de las voces, sin establecer jerarquías entre ellos, y por tanto, trazando un retrato ecuánime y equilibrado todas las opciones ideológicas que emergían ante el conflicto. Sin demostrar un decantamiento por uno u otro.
Techiné, al provocar que todos ellos se interelacionen, evidentemente dibuja la confrontación entre sus personajes ya que cada uno muestra una posición diferente. Y ese conflicto es lo que permite la articulación de la narración. La resolución de Techiné ante el choque, no implica ningún punto irresoluble, sino al contrario. Opta por el diálogo a pesar de las diferencias y es más, aboga incluso por el amor (exponente máximo del diálogo).
Película pues, franca, directa, transparente, lúcida, emotiva, estupendamente escrita e interpretada y centrada en sus personajes que nos habla de esa época vital que tanto nos obsesiona.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Recuerdo que mientras la visionaba por segunda vez, a raíz del título de la película me vino a la memoria un verso de la canción del Dúo Dinámico, Resistiré, canción que hizo uso Almódovar en Átame.
El verso dice así: "Soy como el junco, que se dobla pero siempre se mantiene en pie."
Poco después, el profesor sustituto de Madame Álvarez en la clase de literatura, les hace leer a sus alumnos, la fábula sobre el roble y el junco. El roble presume ante el junco ante su imponente presencia, su firme arraigo a la tierra y su fortaleza. Ante una tempestad, el junco permanece en la ribera del río y el roble es arrancado de su lugar.
Dicha fábula y dicho verso definen a los cuatro adolescentes principales del film. En el desenlace, Mariani le comenta a Forestier: "Hay algo más violento que la guerra: que todo pasa". Y qué sino fuimos en la adolescencia. Seres dolientes con nuestros conflictos internos, con los dramas que tuvimos que pasar ya fuesen por motivos extrínsecos o intrínsecos (o una combinación de los dos cómo se narra en el film), que creimos que no aguantaríamos la tormenta. Y solo el tiempo nos ha demostrado que fuimos como el junco, que se dobla pero siempre se mantiene en pie. Como esos cuatro chic@s confundidos. Ya lo dice Maïté Alvarez: "No sabes como me pesa la juventud".
En mi álbum de cromos particular, dicho film también me hizo rememorar la lectura de El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio. Salvando las distancias entre novela y film, se establece también un drama social en un ambiente campestre, en un tono fluido, intimista y asociando adolescencia como fase evolutiva del hombre con naturaleza (salvaje) colindante al caudal de agua.
Porque la película está filmada de forma limpia, donde domina el amarillo del sol brillante y el verde del campo salvaje. Formalmente, Techiné rueda aferrándose a la verosimilitud, siendo siempre transparente y manteniendo a raya el lirismo poético. Solo se permite dos pequeños incisos elegiacos, uno especialmente sostenido:
Forestier abrazándose con toda sus fuerzas a Serge mientras que van en moto camino a la ciudad. Imagen que después verbalizará Forestier: "me siento como un ladrón", síntesis de sus sentimientos (prohibidos) respecto a Serge.
Momento lírico que nos evoca un recuerdo del film como bella película para ver, revisionar y recordar.
Manu_A 
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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RENZO
Toledo (España)
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Su valoración:  |
21 de Enero de 2007 |
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Todos necesitamos encontrarnos con nosotros mismos, pero no es una tarea sencilla. Nos encontramos con una sociedad basada en convenciones, en normas y en una ética mayoritaria. A pesar de todo cambian, pero la vida individual a veces va más deprisa impelida por la brevedad del tiempo que se nos ha dado y reclama su derecho a ser feliz. Por eso la adolescencia es una etapa maravillosa, incluso cuando se sufre, porque es cuando más intensamente se percibe lo que es valioso y duradero. La película emociona, tiene una preciosa música y es tan sencilla en la exploración de los personajes que los hace próximos, comunes y por eso su historia es universal.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: ¿Por qué no intentarlo? El amor no aguarda a estar preparados, no espera a que seamos sólidas fortalezas donde refugiarnos si se pierde.
RENZO 
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vfoul
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
21 de Junio de 2011 |
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André Téchiné con una dirección elegante y un tratamiento sin deformaciones, aborda el tema de la sexualidad adolescente de una forma serena, íntima y honesta, procurando que no existan desequilibrios ni los malos entendidos en que hayan podido caer la mayoría de películas que han tratado el mismo tema. “Los juncos salvajes” es una película sincera y respetuosa, enmarcada en un lugar (un internado de muchachos) adecuado, y en un tiempo (el final de la guerra de Argelia) correcto. Téchiné expone las diferentes situaciones de los jóvenes con respeto, y los disecciona minuciosamente, mostrando su inseguridad pero también su madurez, sacando de todo ello una serie de reflexiones interesantes y así mismo consigue una historia hermosa.
En el fondo “Los juncos salvajes”, no tiene desperdicio ya que nos encontramos con cuatro personajes con unas dudas profundas y auténticas: la feminista, asexuada, que de tan insegura que se encuentra detesta su juventud y se acerca muchísimo más al joven que sabe que no le exigirá demasiado, porqué es inocuo ya que el mismo ha descubierto su homosexualidad y vive su amor imposible, en tercer lugar nos encontramos con el muchacho que parece demostrar ser el icono del joven rebelde, porqué para el confiar en los demás significa que a la larga será decepcionado. Y como cuadratura del círculo, tenemos al más simple de todos, pero que sin su presencia la película quedaría sin parte de su substancia, se trata del adolescente de mayor edad, que ha crecido en un ambiente donde le han enseñado lo más básico: las mujeres y que si experimenta otras situaciones es por mera curiosidad.
Con un entorno paisajístico bellísimo, que evoca mucha luminosidad, y sus mejores escenas transcurren en el verde de los bosques y los prados, así como en las márgenes del río.
Vfoul 
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