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Sinopsis
Año 1937. En plena guerra civil, tropas republicanas irrumpen en un circo, durante el espectáculo, para reclutar a sus empleados para luchar contra las tropas nacionales. Mucho tiempo después, en los últimos años del franquismo, dos payasos (Carlos Areces y Antonio de la Torre) luchan por el amor de una atractiva trapecista (Carolina Bang). (FILMAFFINITY)
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18 de Diciembre de 2010
399 de 537 usuarios han encontrado esta crítica útil.
1.- BALLATA TRISTE DI UNA TROMBA
Fallida, inacabada, insustancial, alargada innecesariamente, tan valiente como tirarse a pozo sin fondo, desaprovechada hasta el vértigo, dividida y diversificada como lo que pretendía plantear. No hay vómito de cine, sólo simple y desagradable sabor a bilis. Grotesca. Y, realmente, me duele escribir esto porque era uno de tantos que veía en “Balada triste de trompeta” el definitivo tour de force de Álex de la Iglesia, el resurgir de un cineasta que merecía más y la venganza por el maltrato injustificado de “Muertos de risa”. Hay muchos enlaces comunes con esa obra maldita e indignamente olvidada pero están ensuciados por la arena de una pista de circo que el director de “El día de la bestia” nunca debía pisar solo. Hablo de Jorge Guerricaechevarría y lo mucho que se le recuerda cuando finaliza el grito desconsolado del público envuelto en llanto y lágrimas.
Hay directores que no necesitan guión ni historia. La imaginería y el despliegue de un paritorio de imágenes sobrepasan cualquier límite que les imponga un texto predefinido. El problema de Álex de la Iglesia es que nos quiere contar una historia pero finalmente no sabe cómo hacerlo. Sus imágenes, planos y secuencias quedan, por lo tanto, vacios por disfuncionalidad, huecos por ordinariez narrativa y prendados de un hilo mínimo hacía la empatía de un espectador que tiene que buscar pequeños brotes en un gran huerto seco sin vida.
Sin recuerdos tan sólo queda el olvido. “Balada triste de trompeta” es una película de historia sin historia.
Me parece muy bien que Álex quiera dar trabajo a su novia pero Carolina Bang no es Giulietta Masina ni Ingrid Bergman, es Yola Berrocal oxigenada con el mismo portento interpretativo que Paris Hilton. En manos de ellas su personaje queda inútilmente descrito y tira por la borda esfuerzos que no conducen a nada. El viaje que inicia desde Fellini hasta Hitchcock pasando por la barbarie y el esperpento queda en la cabeza del director como lo que nunca fue plasmado por disfuncionalidades en la postproducción, cortes en secuencias que no se entienden y personajes desdibujados con acciones incomprensibles.
Álex de la Iglesia es autor pero no nos encontramos ante una película personal ni insólita sino desmenuzada y quebrada en el letargo de lo insípido. ¡Más carne, esto es la guerra!, parece decirnos un director que pretende aglutinar toda la España mediática y política desde la Guerra Civil en los himnos a la televisión por medio de Raphael y que finalmente me deja igual que la canción cuando acaba la película:
«Balada triste de trompeta
por un pasado que murió
y que llora
y que gime
como yo»
«Esta crítica continua con spoilers, desnudos y vísceras en el Spoiler»
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
2.- MI REINO POR UN CULO (Y DE CULO)
¡No me lo puedo (de) creer! “Balada triste de trompeta” se reduce a la historia de un culo. Un culo gordo y peludo con un dueño llamado Carlos Areces. Cuenten las veces que se ve su culo y se asustarán. Sale más que los nulos desnudos completos de Carolina Bang. Parece que Álex de la Iglesia actúa cual Otelo-calienta-braguetas enseñando la ‘chicha’ y ‘pechuga’ que no desea compartir. Un acto vil… como aquella metáfora que se instaura en su película.
Todo empiezana diluirse cuando vemos a Fran Perea dando paso previo a infiltraciones infantiles terroristas en la construcción del Valle de los Caídos. Son las primeras irregularidades y no van a ser las únicas. Comienza el chapapote y desbarajuste mental: ¿Había sacarina en 1973? ¿Llegaron tan rápido a España las camas de “El exorcista” en inexistentes ‘Pasajes del terror’? Posiblemente sea lo de menos, porque lo de más son chistes sin gracia, tramos de comedia romántica tumorales y sin emoción, guión con innumerables lagunas, planos que no dicen nada cortados en la sala de montaje o por falta de medios como la gran tela roja final o el lanzamiento del ‘Motorista Fanstasma’ y, finalmente, un conjunto de sinsentidos con alguna frase y secuencia que salva al conjunto de la total quema.
Natalia representa a una bella patria llamada España. Envuelta de rojo y con ansias de ser maltratada como pasión para mantener el deseo de dos aspirantes: Javier, el payaso triste, representa a la España hija de la lucha republicana y perdedora desde su infancia. Nunca podrá poseer a esa España que le tienta pero que tiene otro dueño, Sergio, lo simple, la fuerza y la violencia, el poder y la dictadura de ese circo que llamamos país.
La España republicana tiene miedo de poseerla pero cuando cree liberarla de la posesión (a cuatro patas) llega el caos y la tragedia. Con la España nacional desfigurada comienza la huida y el exilio. Franco aquí es presentado como Teresa de Calcuta y Javier muerde como una fiera, previamente servil, a la mano que le da de comer. Nada ha cambiado. Con ambas Españas deformadas y mutiladas llegan otros circos llamados terroristas que pretenden poner a España ‘por los aires’. Pero España (Natalia) sigue sin dueño. La locura republicana o la desagradable fealdad de la mutilación nacional son rechazadas por España aunque… mira que lo intenta. Primero, con el bando nacional que ya no engaña a nadie (ni a los niños) por muchos disfraces que se ponga porque nada puede tapar sus atrocidades y, segundo, con el bando republicano que desea secuestrar a la nación para conseguir un ansiado síndrome de Estocolmo.
Ninguno consigue el verdadero amor, tal vez en su último suspiro el bando republicano pero con tanto tirar, sobar y abusar al final España queda muerta y rota, quebrada por dentro y ‘crucificada’ ante (y por) payasos. Gran metáfora, eso sí, pero pésima ejecución.
Maldito Bastardo  |
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16 de Diciembre de 2010
270 de 385 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Acabo de llegar del pre-estreno de "Balada" y vengo con una mezcla de sentimientos...
Primero los buenos: Hay que reconocerle que Alex de la iglesia le ha echado cojones, eso nadie lo duda, la peli es técnicamente impecable, tiene imágenes potentes (Esa tela roja sobre la cruz de piedra...) y a veces el delirio cuasi felliniano resulta embriagador... Otras veces, la mayoría, sin embargo...
...Y aquí empieza lo malo, el delirio no hace ni puñetera gracia, de hecho exaspera, a mi y a los que tenía sentado a mi alrededor que se miraban con cara de "Vaya paja mental" cada dos por tres.
Es curioso como dos grandes directores como Iñarrittu y de la Iglesia han decidido tirar por la calle de enmedio este año, dejar de lado a sus guionistas, Arriaga y Guerricaechevarría, y montarse un guión ellos sólitos, claro que al guión se le ven más las costuras que a la cara de Antonio de la Torre (El único actor de la peli, por cierto, que se cree lo que dice) y es que desde que empieza se ve que los diálogos están escritos con muy poco sutilidad y dictados por un director con ideas visuales pero sin mucha maña para dialogar con naturalidad, hay diálogos brillantes, claro, pero se pueden contar con los dedos de una mano (cercenada) Sin embargo los tres pilares de una buena historia, personajes, dialogos y trama se caen por su propio peso... Y aqui entro en el Spoiler
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
El tema diálogos es exasperante, cuando el Niño Areces se reune con su padre a través de las rejas de la cárcel y Santiago Segura hace lo que puede con un texto imposible donde le dice por las buenas que tiene que ser el payaso triste y clamar venganza (!) Ok, Alex, ya lo hemos pillado no hace falta que nos lo deletrees...
A partir de ahí la peli coge unos derroteros delirantes, el momentazo de Carlos Areces despelotado con un miembro microscópico (Pobre Carlos, imagino que debía hacer un frio de la leche en el monte pero De la Iglesia le hace un flaco favor a la vida amorosa de Carlos Areces) y la verdad no acabo de pillarle el punto a verle el culo a Areces más que a Carolina Bang...
Cuando ví a Areces corriendo con el campo desnudo con un jabalí y luego mordiendo perdices pensé que estaba viendo Spanish Movie o mejor "La Matanza de los garrulos lisérgicos", las escenas con Sancho Gracia, Franco y las cacerías a lo "Santos Inocentes" no se sostienen por ningún sitio, ya sé que es todo muy simbólico, muy buñeliano y toda la leche, pero no me creo nada, no me creo que Areces se vuelva loco (No por el actor que hace lo que puede y más) sino porque el personaje está vacío.
Y uno es testigo de burrada tras burrada, con la sensación de que se ha quedado mucho del montaje en la sala de AVID (La escena del tiroteo en el bar, ¿Recuerdan Acción Mutante? Pues eso, pero peor... La escena de Carrero Blanco, de acuerdo, sí, mola ponerlo todo en el contexto histórico y doblar a un tipo de la tele diciendo que vió un payaso) Pero a estas alturas te da igual quien va, quien viene, que quiere el loco de la cara cortada (¿Por cierto, para qué tanto misterio en no mostrarla si se ve en el trailer?) Y el otro loco con la cara planchada y pasada por sosa caústica (¿A cuento de qué? ¿De que haga juego con el traje?)
De verdad que alguien me explique para que sirve el personaje del motorista ¿? Se da tres trompazos contra la pared (Que risión!) para luego pegarse otro contra el valle de los caídos ¿Qué hace el personaje de Tallafé al final? ¿Por qué el tipo que entrena perros se enfrenta a la policía y deja que Areces se escape? Todo es porque sí
Llega un momento en que todo en esta película deja de tener sentido y de importarte y dirán que sí el esperpento, que si el surrelismo que si las dos Españas que si esto y lo otro, cuando no hay historia, ni personajes que te importen ni guión más que un puñado de anécdotas no hay película (Sería interesante lo que hubiera hecho Guerricaechevarría con esta película, las ideas visuales y el instinto de Alex era muy bueno) Pero si la única razón por la que te quedas en el cine, esa fue al menos la mía, es esperar a ver si se le ven las tetas a Carolina Bang (Y no, no se le ven) es que algo no funciona...
Patrick Bateman  |
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17 de Diciembre de 2010
189 de 283 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pocas veces alguien tiene el valor para hacer algo así en el cine español. Álex de la Iglesia lo ha tenido al llevar a cabo un film como éste cuyo significado y profundidad pasará inadvertido para la mayor parte de los espectadores, acostumbrados al cine masticado.
El punto de partida es comprensible para todos, se nos pone sobre aviso de lo que vamos a encontrar: un fresco de la visión que Alex de la Iglesia tiene de la España del siglo XX. Tras una sucesión de fotografías e imágenes de archivo bien escogidas y montadas de un modo bastante efectista nos encontramos en un escenario durante la actuación de unos payasos en plena Guerra Civil. Los integrantes del circo serán reclutados por el Ejército Popular ante una situación de emergencia y obligados a cargar contra un regimiento del Ejército rebelde en el que los primeros serán derrotados. Este es el verdadero comienzo de la historia. El que después será el payaso triste, Javier, asistirá al apresamiento, languidecimiento (en las cárceles) y asesinato de su padre, interpretado por Santiago Segura, en el Valle de los Caídos, mausoléo mortuorio y faraónico construido a mayor gloria del general Franco y que, de algún modo (como veremos al final), es la viva representación del régimen instaurado por éste. El joven tendrá que abandonar su sueño de convertirse en el payaso tonto, siguiendo con la tradición familiar, dado que su experiencia vital lo empujará a la represión de los traumas vividos durante su juventud sumiéndolo en la más profunda tristeza y sumisión (reflejo de lo que ocurrió con tantos y tantos republicanos e hijos de republicanos obligados a reprimir su propia memoria personal frente a la represión del régimen). Es en este momento cuando pasamos a 1973, año en que se desarrolla la mayor parte del guión y nos encontramos con Javier ya ejerciendo como payaso en un circo cuya estrella principal es un sádico payaso del que todos parecen depender, Sergio. En este mismo circo trabaja Natalia, una joven y hermosa trapecista.
No deja de ser significativo que toda la película se desarrolle en un circo, el centro tradicional de la ilusión y la escenificación, de la más pura pantomima. He aquí otra metáfora de la España de Franco, una auténtica ilusión, una mera fachada sostenida bajo miles de muertos y que ocultaba un interior miserable tanto en lo moral como en lo físico (la humillación a la que fueron sometidos aquellos olvidados, aquellos derrotados por la España de Franco, está genialmente reflejada en el uso de Javier como perro de caza por parte del coronel que mató a su padre). El hecho de que la historia se articule en torno a dos payasos que adoptarán los rasgos característicos de este personaje a su propia anatomía de modo irreversible añade el dramatismo definitivo a esta historia, la historia reciente de España.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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Aquí está el triángulo amoroso que va a dar al guión su dinamismo y al film su contenido metafórico. Natalia vendría a ser la representación de la propia España indecisa y oscilante entre el autoritarismo y la violencia de Sergio (representación de los rebeldes, del propio franquismo, lo cual se deja ver claramente en su machismo y gusto por la dominación) y la comprensión y el cariño de Javier (la representación de esa otra parte de la sociedad española reprimida y destruída por la guerra y décadas de dictadura y trata de enseñar el camino por medio de palabras amables). Como decíamos Natalia/España está indecisa y da tumbos entre unos y otros, juega con ambos, incluso llega a ser masoquista al querer verse poseída por Sergio (un reflejo al largo silencio de buena parte de la sociedad española durante aquellos largos cuarenta años de dictadura). Todos necesitan a Sergio en el circo, lo cual es una metáfora de la figura de ese Franco que cada vez que lo consideraba necesario, que veía peligrar su posición recordaba a los españoles su miseria, aquella guerra de la que venían y que tenían la paz sólo gracias a él, por eso, en el circo nadie está dispuesto a alzar la voz frente a él (por eso y por su gusto por la violencia, claro).
Sin embargo, a pesar de que Natalia entiende que su relación con Sergio no sólo la daña a ella sino que también puede dañar a Javier decide abandonarse en brazos de éste, lo cual provocará la ira de Javier que se sumirá en una espiral de violencia asesina (aquí la sangre no me parece gratuita, pues explica a la perfección los móviles de la violencia en la guerra y del propio régimen, sé que a los más sensibles puede herirles, pero Alex de la Iglesia aquí es fiel a la verdad) alimentada por sus traumas reprimidos (una advertencia contra la autorepresión de la memoria). Todo esto tendrá como corolario final un combate épico en aquella cruz de la reconciliación (así la catalogó el régimen) donde fue crucificada España. Desde las catacumbas del Valle de los Caídos plagadas de muerte y desolación (el núcleo de un régimen cuyo eje rector fue la violencia) irán ascendiendo hasta el clímax en que se dirimirá esa lucha entre los dos payasos (sus cicatrices y rostros deformados son un recuerdo al culto a la muerte y el odio a la inteligencia manifestado por Millán Astray y tan propio de cualquier fascismo) y que acabará con el suicidio de Natalia, porque al fin y al cabo eso fue la guerra civil, el suicidio de todo un pueblo.
Sin embargo el final aún contendrá una última carga de profundidad. Ambos habían querido a Natalia a su manera, eso es indudable, para ambos se había convertido en algo enfermizo. Finalmente descubren que ambos la han matado: Sergio se ríe, pero Javier llora, porque sabe que ha traicionado a la esencia misma de lo que es. Aquí hay un recuerdo a la Transición y a la famosa Ley de Amnistía que impuso ese vergonzoso silencio sobre la historia más reciente de España, del asesinato de España.
davilochi  |
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18 de Diciembre de 2010
149 de 223 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Érase una vez un prólogo desatinado. Fernando Guillén-Cuervo grita y no transmite nada. Santiago Segura tiene de actor lo que Carlos Areces de figura mítica del porno.
Érase una vez unos créditos superlativos. Al acabar advertiremos con tristeza que muy probablemente han sido lo mejor de la película.
Caperucita España es una trapecista jamona cuyo apodo, 'La Roja', le viene por el uso de una tela carmesí que adorna dos banderas: la republicana y la de Franco.
Caperucita España vive con el Lobo... pero, ay, a la chica también le gusta el Bobo. Dicen que el Lobo es un payaso extraordinario –no hay atisbo de magia cuando habla con los niños. El Bobo es simplemente bobo. El Lobo es lobo para el Bobo pero, bien mirado, el Bobo es lobo para el Lobo.
El Bobo es lobo y el Lobo es bobo. Los dos son en el fondo tan lo mismo, con la franja de escarlata en las banderas…
Nos une el rojo de la sangre –qué bien, una metáfora cromática de significado doble: sangre es a la vez violencia y parentesco. En realidad la significación es triple: cómo nos une el rojo de la Roja cuando da la campanada en eurocopas y mundiales.
Caperucita España es algo puta, la verdad. Que si el Lobo, que si el Bobo... Duda entre pollón y micropene. "Mira porcelana, o la muñeca o el balón." No se puede tener todo: ¿Lobo o Bobo?
La cinta tiene inmensas buenas intenciones y hace aguas por doquier. Hubiera deseado que Álex de la Iglesia rodara un film de altura: una sátira descomunal y delirante, repleta de talento, humor y cine. Sin embargo, todo queda en un espumarajo de artificio.
Con lo que le ronda por las tripas pretende construir un esperpento patrio y personal. Y yo, con mis gafas de pasta, apenas veo una caricatura zafia, sin profundidad, no muy graciosa –ahí está el mayor problema: los chistes son, en general, ridículos y malos.
La película me parece honrada, íntima y fallida. Contiene alguna perla: la escena del polvo salvaje entre Caperucita y el Lobo, en la que el Bobo (¡qué bobo!) cree que la está zurrando; las muecas enfrentadas de los dos payasos al final (una secuencia de gran riesgo que además funciona); la muy oportuna canción de Raphael… Alguna frase lapidaria: “La muerte es lo que tiene, que une mucho.”
Para entretener al respetable, de vez en cuando un motorista canijo se la pega contra una pared. El inventario de las ocurrencias vergonzantes sería tan extenso que da pereza ponerse a redactarlo.
Entré en la sala temiendo lo peor pero sin descartar una sorpresa positiva. Me encontré con el cuento negro, amargo, insustancial, simplón y endeble de la España de la Iglesia y sus payasos Grand Guignol.
El Lobo y el Bobo tirando fuerte de la tela carmesí…
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
…hasta que, colorín colorado, a Caperucita se le rompe el espinazo.
Y es que el odio es lo que tiene: une mucho.
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“Y vosotros, ¿de qué circo sois?”
Servadac  |
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12 de Septiembre de 2010
173 de 294 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hola, amigos, soy Quentin (sí; lo del nick es un alias), el que se sentó en el preestreno a la izquierda del amigo “pionero”. Lo sé porque a mi derecha (espacial, se entiende) había sentado un tío con camisa azul a rayas, chaleco de Lacoste, gafas de pasta y un pin con el lema “Rato 2012” que, no sé porqué, me da que bien podía ser él.
En fin. El caso es que pasaba hoy por aquí y me ha decidido aportar mi propia reflexión sobre esta “peliculilla de saldo” que, total, y a falta de dos meses para su estreno, “sólo” es la más exitosa de la historia del Cine Español en Venecia (ajo y agua a los genoveses, que no tienen festival (de cine)). Una película de la que todo Dios, y no salgo de mi asombro, parece tener una opinión perfectamente definida a pesar del “pequeño” detalle de que ninguno la ha visto (salvo nuestro amigo el “pionero”, Marchante y yo, que somos V.I.P.). Sí, todo quisqui, unos poseídos por el espíritu de Nostradamus y otros por el del Caudillo, tiene ya decidido si le gusta o no y que nota le va a clavar, con dos cojones: una mitad tiene clarísimo que es la “obra maestra definitiva” y la otra mitad – ay, qué risa, Marisa- que “De la Iglesia está acabado y que desde El Día de la Bestia y no levanta cabeza”: soniquete que he oído de todas sus anteriores películas menos, por supuesto, cuando la estrenó (entonces decían que no la levantaba desde “Acción Mutante”).
Y ese, más allá de los premios que le caigan, es el mayor triunfo de De la Iglesia. Porque, mira por dónde, el bueno de Alex, un buen día, harto del percal y de tanto olor a podrido, decide echarle dos cojones y enterrar de una vez esa farsa de “La Transición”; poner un espejo delante del rostro de Jano de la verdadera España, la “eterna”, que últimamente se empeña en no reconocerse: cainita, cerril, ignorante, envidiosa y mezquina como la madre que la pario. Una España que ni perdona ni olvida y dónde, mucho más que la felicidad propia, lo importante es que el vecino se joda y no levante cabeza. Se deja de gilipolleces y, con la simplicidad del genio, muestra España justo como lo que es: un par de payasos dándose de hostias. Y, ¿qué es lo que hace el españolito ante la provocación, al ver su propio y grotesco rostro en el celuloide?: para variar, y por aquello de chiste de la tortuga y el escorpión, le da la razón; empieza a destilar veneno, envidia y mezquindad (es lo propio) hasta dejar corta la metáfora y hacer que su sarcasmo sepa, y mira que es difícil, descafeinado y condescendiente.
Enhorabuena, Alex. Has conseguido que tus payasos se proyecten dentro y fuera de los cines. Ahora que te quiten lo bailado.
Caroline  |
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