Nunca 17 minutos me hicieron sentir tanto... confuso, extasiado, inmóvil, delirante pero sobre todo maravillado. Muestra que el inconciente es un pedazo de arcilla y que pocos lo han moldeado.
En ese juego Dalí estaba cansado de jugar con él, lo amoldaba como quería, su inconciente era su hijo y el delirio sus ojos.
Puedo quedarme horas frente a un cuadro de Dalí y siempre le encuentro algo distinto. Los cuadros de Dalí son cine en una imagen estática. Pero he aquí que un día se encontró con una pseudo alma gemela: Buñuel. El cine de Buñuel son cuadros en movimiento.
Pero existe una obra que supo manejar la tesis y la antítesis y hacer su propia síntesis.
Corrían los locos años veinte: la gente huía despavorida del cine, el delirio era colectivo (en ambas partes: amantes y odiadores)... ¿A qué se debía?... a Un perro Andaluz.
Partiendo de la base ¿Qué es más aterrador que una nube tapando la luna llena? se llega a una obra que va directo de los nervios ópticos al inconciente.
¿Cómo lo logra? ¿Mediante un buen guión, el manejo de cámara, efectos especiales, elipsis narrativas o la música? NO. Mediante la imagen... y nada más hace falta con padres como Buñuel y Dalí.
spoiler:
La más conocida una navaja cercenando un ojo mientras una nube pasa por delante de la luna llena. ¿Pero cuál mejor que infinitas hormigas saliendo de una herida de una mano y devorándose la carne?
También un hombre atado a un caballo muerto sobre un piano de cola. Una exquisita colección de imágenes inconexas pero sorprendentes jugando con el espectador un Juego Lúgubre alojándose en la Persistencia de la Memoria...