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Bebiendo del mundo fantástico de Terry Gilliam.
Ciertamente estamos ante una cinta peculiar, eso nadie puede ponerlo en duda. Una comedia romántica de lo más atípica y bizarra, que entretiene durante buena parte del metraje y que contiene algunas escenas realmente inspiradas, donde el director (y guionista) da rienda suelta a su fantástica imaginación y nos brinda una serie de sueños extraños y divertidos, pese a la evidente irregularidad de alguno de ellos.
La utilización de técnicas caseras y rudimentarias (stop motion) para la elaboración de los sueños de Stéphane es lo que realmente le da un mayor encanto a la película, con una más que manifiesta influencia del mundo fantástico del genial Terry Gilliam, ex Monty Python, en todos y cada uno de ellos.
Sin embargo, la historia nunca te llega a enganchar del todo, se hace algo pesada, fría y confusa, y nunca logramos entender por completo a varios personajes, sobre todo a Stéphanie, que pasa de querer a su vecino a humillarlo, y viceversa, sin aparente motivo. Todo dentro de una historia de amor-odio de lo más infantil y bobalicona.
Supongo que más que un problema de los actores puede ser del guión, el cual les obliga a continuos cambios en su comportamiento que no tienen demasiado sentido y a dejar aparentemente inacabadas varias escenas dentro del mundo real. Será que se echa en falta al maestro Kaufman.
Lo mejor: todo lo referente al apartado visual y artístico ( es entrañable la vetusta técnica stop motion).
Lo peor: la incoherencia del guión, demasiado desestructurado, infantiloide e irregular.
Hrundi_Bakshi 
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