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Ella.
Está él, y sobre su punto giran millones de párticulas. Cuerpos van y vienen y junto a él se encarama uno, pero es tal la luz del punto que asiste a su desaparición en vida, prontamente.
Porque acercados a este punto, el universo, que él mismo gobierna, se vuelve vacío. Quedas sin sueños, sin felicidad, sin recuerdos, con riesgo de padecer insomnio o envejecimiento prematuro.
Y será solo él, el que en el interior de su punto se muestre tal y como es, pareciendo desde la inmensidad un reflejo claro y pausado, no hostil. Sobre vivir nadie se ha pronunciado, aquí se muere, llueve y truena, una burbuja que, suspendida, despaza a su paso el oxígeno.
El abismo, el lluvia, el tormenta, el precipicio, el celo, el muerte, el tempestad, el avaricia, el ira...
Él.
h e r m a n ô n e g r ö 
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