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La asistenta mágica
Lo malo no es que la McDormand crea que es Emma Thompson. La McDormand siempre ha sido una actriz resultona y gesticulera, algo limitada y con un aire paleto que ya cansa, más floja de lo que la mayoría de soplapastas se dignarían admitir. Pero lo malo no es que le haya dado un ataque de celos y se haya puesto a patear el suelo con aquello del yo la tengo más larga, no. Lo malo, joder, es que el director, su ayudante y todo el puñetero equipo de producción estaban convencidos, realmente, de que la McDormand era la Thompson.
Por lo demás, y salvando vestuario y ambientación, esta bobada no es otra cosa que un vodevil ligerito, facilón y carantoñero.
Diego Deltell 
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