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Abstenerse amantes del cine: estrictamente televisiva.
Estética y técnica estrictamente televisivas. Nada que no hayamos visto ya cientos de veces: acción, violencia, sangre, y criaturas infernales.
El guión es sólido y se mantiene, única y exclusivamente en la estructura más clásica. Pero las secuencias de acción combinadas con unos diálogos al uso americanos, personajes tipo, subtramas tradicionales y nada que no sepamos desde el principio que va ha ocurrir, hacen de la historia un subproducto repetitivo hasta la saciedad.
Sí es cierto que da alguna pincela a lo Expediente-X que podría haber estado interesante, pero enseguida se refugia en los irracionales personajes que todos conocemos desde pequeños, acompañados del líder bueno y del líder malo, en este caso una enferma de las Santas Escrituras.
Sobre la estética y técnica, como decía, estrictamente televisivas. Desde mi punto de vista no es una obra concebida para la gran pantalla, ya que los planos no suelen mostrar gran cosa ni tienen conexión entre sí. En algunos momentos se construyen composiciones bien diseñadas, pero el montaje consigue acabar con esos buenos momentos.
Lo único a destacar positivamente es el uso del zoom, que tanto asusta desde siempre a los cámaras, aquí está utilizado con buenas intenciones en cuanto a la progresión de escalas, aunque siempre de un plano de cerrado a otro aún más cerrado.
La fotografía deja mucho que desear, las interpretaciones no destacan lo más mínimo (aunque tampoco chirrían), y los movimientos de cámara no tienen el más mínimo valor, condicionados por una incesante steadycam incapaz de mantenerse en un único punto.
El final no está del todo mal. A nivel de guión es lo mejor de la película. Pero en imágenes está igualmente construido para el espectador medio, lo que hace pensar que Frank Darabont ya no es el realizador que dirigió Cadena perpetua.
Joaquín Regadera 
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