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5,4
28.276
Ciencia ficción. Fantástico. Thriller
Año 1959. En la escuela elemental William Dawes, una profesora propone a sus alumnos una cápsula del tiempo en la que, por cincuenta años, se guardarán una serie de dibujos que ellos realizan teniendo como tema 'visión de futuro'. Una extraña niña llamada, Lucinda Embrey (Lara Robinson), tan solo escribirá una larga serie de números... y será esta hoja la que después caerá en manos de Caleb (Chandler Canterbury), el hijo del escéptico ... [+]
30 de noviembre de 2009
30 de noviembre de 2009
22 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un gran ¡¡¡What the Fuck!!!! Es lo primero que he pensado al acabar el visionado, ¡¡vaya tomadura de pelo esta propaganda para creyentes!!
Ahora la pondré a caldo en el spoiler, en...
.... 3
........ 2
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GO!
Ahora la pondré a caldo en el spoiler, en...
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GO!
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
“Señales del futuro” no es más que un gigantesco panfleto religioso oculto entre explosiones y ciencia-ficción.
Se nos presenta a un profesor de astrofísica, ateo y rendido ante el azar del mundo en el que vivimos. El mensaje religioso comienza cuando se entreven las razones de su ateísmo. Él no se basa en los hechos, él no se basa en todo lo que ha estudiado, deja a un lado la física cuántica y decide que el mundo se mueve por el caos el día que su mujer muere. Por tanto, sólo un hombre dolido, enfrentado eventualmente al padre por sus vivas convicciones religiosas, podría rechazar el determinismo religioso.
El paso de un Nicolas Cage ateo a creyente da asco, usando frases como “Ahora ya sé que hay algo después de la muerte”, “escúchame, soy como el profeta y debes hacerme caso y transmitir mi palabra”, etc.
Cuando comienza la trama principal, todos y cada uno de los detalles acaecidos llevan a la idea de que hay algo más. El mundo no se termina con la muerte. La Biblia ya sabía lo que iba a pasar y la primera profetisa la tenía como libro de cabecera. Los paralelismos con la imaginería católica se van haciendo cada vez más palpables, hasta llegar al espeluznante final, donde Proyas decide simular el arca de Noé, inventarse marcianos con forma de ángel y llevar a los niños al jardín del Edén, con árbol y todo, aunque sin la serpiente esta vez.
Se nos presenta a un profesor de astrofísica, ateo y rendido ante el azar del mundo en el que vivimos. El mensaje religioso comienza cuando se entreven las razones de su ateísmo. Él no se basa en los hechos, él no se basa en todo lo que ha estudiado, deja a un lado la física cuántica y decide que el mundo se mueve por el caos el día que su mujer muere. Por tanto, sólo un hombre dolido, enfrentado eventualmente al padre por sus vivas convicciones religiosas, podría rechazar el determinismo religioso.
El paso de un Nicolas Cage ateo a creyente da asco, usando frases como “Ahora ya sé que hay algo después de la muerte”, “escúchame, soy como el profeta y debes hacerme caso y transmitir mi palabra”, etc.
Cuando comienza la trama principal, todos y cada uno de los detalles acaecidos llevan a la idea de que hay algo más. El mundo no se termina con la muerte. La Biblia ya sabía lo que iba a pasar y la primera profetisa la tenía como libro de cabecera. Los paralelismos con la imaginería católica se van haciendo cada vez más palpables, hasta llegar al espeluznante final, donde Proyas decide simular el arca de Noé, inventarse marcianos con forma de ángel y llevar a los niños al jardín del Edén, con árbol y todo, aunque sin la serpiente esta vez.

Rose Byrne
Usar la ciencia-ficción para propagar la religión es indecente. Muchos pensarán que no venden la idea de Dios, ni de Jesús, puesto que no aparece la típica simbología cristiana. Si lo hiciese, provocaría el escozor y la ira del espectador medio, aunque en el disimulo sus efectos se mantienen vigentes. Nos vende el agnosticismo, un destino, seres más listos que manejan los hilos y controlan todo lo que puede pasar en la tierra, pero sin hacer nada hasta el momento final, donde los “elegidos” serán salvados, y recibirán el mensaje “divino”.
Maldito sea Proyas, por gastar su talento en bodrios así. De Nicolas se entiende, debe pagar las deudas que ha contraído con el fisco estadounidense y rechazar 8 millones no es buen plan.
Maldito sea Proyas, por gastar su talento en bodrios así. De Nicolas se entiende, debe pagar las deudas que ha contraído con el fisco estadounidense y rechazar 8 millones no es buen plan.
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