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Un hombre con pasado
“Luces al atardecer” (homenaje en su título a la enorme “Luces de la ciudad”) supone el cierre de la trilogía iniciada con la estupenda “Nubes pasajeras” y remendada con la también recomendadísima “Un hombre sin pasado”.
Esta vez no he conectado totalmente con el cine de Kaurismäki, uno de los directores europeos más interesantes del panorama actual, pero en esta crónica de perdedores siguen intactos sus valores fílmicos.
Me interesa el acercamiento a los patrones del cine negro: pringado de turno necesitado de dinero lleno de sueños y pieza clave de un plan de la mafia, femme fatale, chica buena, matones, policías, etc., bajo las consignas ya vistas del cine del finlandés: fundidos a negro, numerosísimos silencios, personajes hieráticos, metáforas visuales, puesta en escena muy cuidada, ninguna piedad con los personajes y un cruce inclasificable y depurado del cine de Keaton, Chaplin y Bresson.
La femme fatale escupe “Todas las ciudades son lo mismo”. Y es que también todas las películas de Kaurismäki están cortadas por el mismo patrón. Parece que le salen como churros y todas ellas estupendas, aunque está vez ese humor negro y malsano sin concesiones aparece en contados momentos (la paliza en el exterior del bar rodada en fuera de campo, por ejemplo).
Pero pese a ese exagerado retrato de un ser marginado sin posibilidad de escape, frío y distante, sigue apareciendo la poesía que destilan sus imágenes y silencios, y la sensación de que “Luces al atardecer” es y será una de las cintas noir más originales que veremos proyectadas en una pantalla.
Maldito Bastardo 
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