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Nuestro hombre en Uruguay
Basándose en el personje real de Dan Anthony Mitrione, Costa Gavras realiza esta película, posterior a su previa y aclamada Z (entre ambas sólo estuvo La confesión), con la que Estado de sitio tiene muchos puntos en contacto, no sólo temáticamente, sino en cuanto a montaje y realización.
El citado Mitrione, llamado en el filme Santore, era un enviado de la CIA a Uruguay como asesor de comunicaciones, aunque su verdadera tarea era la de instruir a las fuerzas de seguridad uruguayas en la repugnante actividad de la tortura, de la que era un experto. Estado de sitio es una crónica de su breve secuestro, llevado a cabo por el grupo terrorista de los Tupamaros, y de la frenética actividad llevada a cabo por las autoridades norteamericanas y uruguayas para liberarle, mientras Santore es interrogado por sus captores antes de ser ejecutado.
A pesar de que el estilo semidocumental de la película puede parecer un tanto frío, lo cierto es que Costa Gavras consigue un apasionante y sobrecogedor filme que denuncia la injerencia (ya secular..) de los Estados Unidos en naciones ajenas, donde realiza numerosas actividades ilegales y clandestinas para defender sus intereses políticos y comerciales. Película rigurosa, seria, incluso grave (aunque se permite algún momento cómico, como aquel en el patio de la Universidad en el que los soldados tratan de destruir los altavoces desde que se oye una canción ensalzadora del Che Guevara, surgiendo cada vez que uno se destruía a patadas uno nuevo con el volumen más alto), Estado de sitio carece de concesiones a la comercialidad, priorizando el compromiso político y social, y consiguiendo que a través de la asepsia semidocumental con la que está rodada se filtren los elementos dramáticos y sentimentales de la película con enorme eficacia.
Nuevamente vuelve a contar Costa Gavras con el concurso de Yves Montand, actor con el que rodó varias películas, entre ellas las citadas Z y La confesión.
Juan 
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