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La mejor película de la década
Con pocos meses de diferencia desde que nos llegara la anterior obra del director, aparece ahora en muchas de nuestras salas lo nuevo de Clint Eastwood, y se trata esta obra, por cierto, de una pequeña gran obra maestra. Es pequeña porque no tiene la intención de contar nada grandilocuente ni ese estilo narrativo ambicioso y épico de otros directores. Y es una gran obra maestra porque esos mecanismos internos que tienen las películas, y que a veces no funcionan, en este caso lo hacen a la perfección. Se sale de la sala con la impresión de haber asistido a algo especial, único. Y no hay algún aspecto en particular que te lleve a tener esta impresión, es simplemente que todo encaja, no hay fisuras. Es un nuevo golpetazo a la sien del espectador por parte de Eastwood y es otra demostración de este genio de que es uno de los más grandes que se han dedicado a esto del cine.
Y lo peor es que hay algunos que se sorprenden de que este autor con mayúsculas sea todavía capaz de crear una obra maestra después de Sin Perdón (por cierto, ¿es necesario que se haga algún western más después de que se hiciera aquella obra cumbre?). Son aquellos que destrozaron Medianoche en el jardín del bien, Ejecución Inminente o Space Cowboys, incapaces de ver sus muchos aspectos positivos, sus momentos llenos de garra y crudeza. Ya con Mystic River (que es ya un clásico... y tiene un año y medio) muchos empezaron a vislumbrar que el talento del creador de Harry el Sucio aún no había desaparecido, y ahora ven confirmadas sus sospechas.
Las interpretaciones alcanzan la perfección. Muchos hay que se quejan de que Eastwood siempre repite el mismo personaje pero... ¿es necesario que sea versátil, cuando es gloriosa su actuación de perdedor? Hillary Swank es una actriz que a veces cae en los peores proyectos posibles pero otras veces (Insomnio o Boys don’t cry, que le reportó un Oscar) se revela como uno de los mayores talentos del momento. Y qué decir de Morgan Freeman, que, aparezca donde aparezca, siempre brilla con luz propia.
Puede parecer que hay un exceso de voz en off en el aspecto narrativo, pero un giro final consigue que esta forma de contar la historia sea perfecta.
Y es que Eastwood es un genio, y sus películas, casi sin quererlo, siempre dicen mucho más de lo que parece. Y esta historia de amor entre un padre y su hija, si hay justicia, debe ingresar en el club de películas imprescindibles de la historia del cine.
Antonio Blovk 
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