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Hollywood y sus infumables secuelas
A ver si las distribuidoras de cine toman ejemplo de Pixar, que con todos sus enormes éxitos en taquilla, solo ha decidido hacer una secuela de Toy Story (que resultó ser, además, un excelente film). Aunque ya no se que decir al haber leído por ahí que pretenden sacar “Toy Story 3”. Y es que Hollywood no se si se cree que somos tontos o es que no les queda ni una pizca de originalidad (yo más bien opino que las 2 cosas) al sacar tantas secuelas, precuelas y demás películas excusando su falta de ideas. Y ya no lo digo solo por este año lleno de este tipo de films (“spider-man”, “piratas”, “28 semanas…”, “la jungla 4”) sino por lo preocupante que puede llegar a ser el decidir sacar otra trilogía de Terminator (¿?), otra de Spider-man (¿?), seguramente otra de Piratas (¿?) y, lo que van a leer es cierto, pensar en otra de Star Wars (¡¡¿?!!). Ah! Se me olvidaba, y también un spin-off del Gato con botas, para colmo. Espero que el público se de cuenta, no solo de que la mayoría de blockbusters (como esta de Shrek, por qué no decirlo) resultan ser de lo más carente de imaginación, sino de que a la industria del cine se le puede exigir algo más aparte de millonésimas segundas partes. Obviamente, hay muy buenas segundas partes, pero son la excepción que confirma la regla.
Aquí, en “Shrek Tercero”, no hace falta ser un lumbrera para ver que cualquiera de las cualidades que hacían especial a las dos entregas anteriores, aquí brillan por su ausencia. En la primera, su original crítica contra la obsesión por el aspecto físico y las parodias de los típicos cuentos infantiles; en la segunda, por resultar absolutamente tronchante en todo lo que dura el metraje (algo que, por cierto, no parece estar muy de moda en las comedias de hoy en día) y por añadir innumerables personajes, todos ellos muy bien presentados (sobre todo el Gato con botas). En esta tercera parte, el único personaje nuevo es Arturo, un adolescente sacado de Camelot, pretendiendo atraer a los quinceañeros, pero al personaje la falta carisma y sentido del humor. La historia parte de una idea original, pero desafortunadamente la cinta está llena de gags inútiles de relleno, pues esa idea no duraría ni 10 minutos. Así, puedo ver a un ogro rascarse el culo, a un asno haciendo payasadas y a un gato chistoso, todo sin la magia con la que lo hacían en las anteriores entregas. Si además de eso, la película se cierra con un final totalmente disneyano con Arturo dándonos una lección de ética, pues se rompe toda relación con los anteriores “Shrek”. Y por si fuera poco, la calidad de las canciones ha decaído en demasía, ya que aparte de una canción de Paul McCartney no hay nada reseñable.
Así que un mensaje para los productores de cine, a pesar del caso omiso que me puedan hacer: señores, ¡dejad ya de hacer secuelas infumables!
Lo mejor: La escena de las niñas pijas de Camelot.
Lo peor: Que Shrek debió acabar hace tiempo.
Johnny 
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