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El límite de la ambición
Woody Allen, desde su privilegiada posición artística (es un genio, le pese a quien le pese), se permite sorprendernos una vez más con un drama duro y sin concesiones disfrazado de thriller que habla sobre la familia, los remordimientos y, sobre todo, la ambición. El tono es el mismo que en Match Point, éso desde luego, pero a mí me parece menos forzado y retorcido que en la película con Scarlett Johansson. También es más corta, lo que sin duda ayuda a su disfrute, y los actores están soberbios. Puesto que decir que tom wilkinson es un pedazo de intérprete está de más (es una pena que su personaje salga tan poco), voy a repartir los halagos entre la debutante Hayley Atwell, espléndida, y Colin Farrell y Ewan McGregor. Pese a que como pareja no pegan mucho, individualemente ambos lo bordan en personajes teóricamente opuestos a lo que ellos suelen hacer: mientras que Ewan es el listo extrovertido (y a la postre, el más miserable y ambicioso de los dos), Colin es vulnerable, inseguro y alcohólico.
Lo que queda claro una vez más es que Allen sabe muy bien cómo sorprender al espectador con los golpes de efecto que introduce en la historia, que una vez más nos envuelve con su genialidad. De lo mejor del año.
Lo mejor: Los tres actores principales, y toda la trama criminal que los envuelve.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Lo peor: Los personajes femeninos son, en una palabra, floreros, y no aportan nada a la historia ni a los protagonistas. Por otra parte, aunque a mí no me aburrió, es posible que Allen se tome demasiado tiempo al comienzo para hacer aparecer al personaje de Tom Wilkinson, y lo mismo le ocurre al final. Hay demasiados minutos entre el asesinato de Martin Burns y la muerte de los dos hermanos.
Sibila de Delfos 
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