Roma se ha engalanado para darle la bienvenida a Hitler, que viene a entrevistarse con Mussolini en uno de los momentos de éxtasis del nazismo. Emmanuele (John Vermon), que tiene seis hijos que le ha dado Antonietta -Sophia Loren- (alguien podría hacer un chiste de sal gorda por esa circunstancia), se coloca el uniforme de fantoche y sale con toda la prole a vivir uno de los días más grandes de su estúpida existencia; y mientras los aparatos de radio de toda la vecindad lanzan a todo volumen las proclamas, los discursos complacidos y los himnos patrióticos, su pobre esposa se queda sola en casa, frente a las inmensas tareas caseras que le esperan. Pero el azar o los duendes de la casualidad la llevan a encontrarse brevemente con otro ser solitario y amargado, Gabriele (Marcello Mastroniani): corto encuentro del que intuímos surgirá un amor volcánico (aunque las intuiciones a veces no funcionan)*. Con esta entrada en situación rueda Ettore Scola una pequeña y sencilla historia de amistad-amor, algo increíble (pero si no fuera así muchas películas no verían la luz), de dramatismo sosegado, final previsible y pocas pretensiones. Vemos a una Sophia Loren despojada de los atributos del maquillaje y pobremente vestida (pero en aún en tales circunstancias es un bello animal), y a un Marcello Mastroniani obligado a representar un papel poco viril. Digamos que interesante película, ni mucho menos genial.
spoiler:
El pobre Gabriele es un periodista que acumula dos desgracias en su persona: ser antifacista... y homosexual; lo que imposibilita que surja la llama del amor eterno entre él y la hermosa Antonietta.