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Libérrima nadería autocomplaciente.
Presuntamente, Ming Liang se autocree un genio y pretende hacernos creer a los demás que estamos ante una genialidad, cuando definitivamente "El sabor de la sandía" está más cerca de la nadería llamativa y pseudopornográfica que de otro tipo de cosas.
La película parte de un argumento tan extraño como peculiarmente atractivo pero que ni se desangra en comedia pseudopornográfico/musical (ahí es nada) ni en nada de otro pelaje. Tal es así, que "El sabor de la sandía" no tiene gran sentido la verdad, haciéndose tediosa y rayano lo absurdo en ocasiones, con fugaces hallazgos visuales o algún pasaje llamativo u ocurrente. El conjunto resulta autocomplaciente, autocontemplativo y tan libérrimo como escaso de entidad y/o fundamento, muy cercano a lo irritante.
kafka 
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