Probablemente sea la película más atípica de Clint Eastwood que se aleja por completo de la imagen a que nos tenía acostumbrados. Esta extraña road movie nos cuenta el declive de un hombre que busca desesperadamente una última oportunidad de dejar su huella antes de morir. Curiosamente tiene que ser su propio sobrino de 16 años quien cuide de él e intente alejarle de los vicios que le han llevado por un camino autodestructivo. Clint muestra su lado más débil como ser humano, el de un hombre al borde de la muerte por tuberculosis que aspira a tener su momento de gloria, que se ha ganado la vida cantando en tugurios de mala muerte.
spoiler:
Sin ningún valor moral, no duda en adoctrinar a su sobrino en los vicios que le han convertido en quién es, así le lleva a un prostíbulo para que tenga su primera experiencia sexual, no duda en darle de beber alcohol, robar gallinas o permitirle ser el conductor sin tener ni edad ni permiso para ello. A pesar de ello el afecto de su sobrino es lo suficientemente responsable, tiene la experiencia innata en un niño por las duras condiciones de su familia como para ser consciente de la naturaleza de su tío y de su destino al que en un principio se niega a creer y de quien se convierte en una especie de salvador. Literalmente llega incluso a sacarle de la cárcel a la antigua usanza. El film no está salpicado de ningún tipo de mensaje moralista, se limita a mostrar a través de sus imágenes el retrato de una sociedad dura, un film presidido por la desdicha y el pesimismo. Otra muestra del talento que mucho antes de esta época Eastwood atesoraba y poco se le reconocía.