Cada vez que leo Asimov pienso en lo cinematográficas que son sus historias. Sus libros sobre la robótica y como ha unido esa beta con la excelente trilogía “Fundación” (ampliada a más de 30 años de su publicación) crea un mundo interiormente coherente, muy adecuado para llevar al cine.
Sin embargo son pocos los ejemplos de libros suyos que hayan visto cartel cinematográfico. ¿Es qué no se prestan para ello? La respuesta se me escapa de las manos; cuando antes estaba seguro de que eran casi como guiones.
Efectivamente, la fuerza visual que el despliegue del mundo asimoviano parece imponer, dificulta la traducción de sus contenidos más alegóricos, allanando el sentido de lo que se cuenta.
Por esto, pienso que es bueno separar la expectativa que una película basada en un historia de Asimov puede despertar por ese hecho, del producto cinematográfico que en definitiva deviene.
Desde esa perspectiva, “Yo, robot” adquiere un valor que de otra manera sería imposible darle.
La película complementa correctamente sus dosis de acción y drama, resultando divertida, pienso, para la mayoría de los espectadores. La trama policial está dentro de los cánones del género y se adapta sin problemas a la situación humanos-robots (algo que hereda bien de Asimov). Los actores se desempeñan según sus aptitudes y cumplen sus roles de acuerdo a lo esperado.
Podemos afirmar que su éxito de público y crítica (éxitos modestos), condicen con su lugar dentro del cine comercial.
spoiler:
La actitud de la computadora central respecto a la ley 0 de la robótica (una libre interpretación de la ley 1) es tratada muy linealmente. La complejidad paradojal que implican estas leyes es desechada por una fe ciega en algo así como los principios de la democracia republicana. Esto está muy a tono con el discurso preponderante en EEUU y probablemente en todo occidente, dejando de lado ciertos cuestionamientos que el planteo del problema implica. Es más, la evolución y encuentro que los libros sobre robótica y “Fundación” han tenido, terminan por plantear un robot (Daneel, heredero del robot que concibió la ley 0) llevando una muy pesada carga sobre los hombros: hacer viable la humanidad a pesar de los humanos.
¿El robot “libre” del final de “Yo robot”, la película, podría dirigirse a eso? Entonces vendrán más películas y quizá... no, mejor no ilusionarse con que Asimov será dignamente llevado al cine alguna vez, así podemos “disfrutar” de filmes entretenidos sin pedir más que eso, lo que, por supuesto, es lícito.