Charo Piedra está demasiado buena como para hacer un juicio objetivo de esta película. Su rostro de gata en celo y su cuerpo de uno entre un millón hacen que las trampas de guión, las incoherencias, los trucos ilegales que utiliza el argumento, queden gasificados ante el potente calor de nuestra erección.
Si hace unas semanas ensalzaba yo aquí el polvo de OFICIAL Y CABALLERO, no queda más remedio que subir la nota ante el volcán de eyecciones estratosféricas entre Douglas y Charo. No apto para ver con tu novia mojigata: al sentir que tu entrepierna se agita ante tamaño espectáculo, te tomará por un sátiro y te abandonará. Por muchos esfuerzos que hagas, te ocurrirá...
spoiler:
En aquellos tiempos del 92, en el programa de Carlos Pumares en Antena 3 Radio, hubo mucha gente despistada con el giro (¡los giros!) finales, que le preguntaba, noche tras noche, quién coño era de verdad la asesina. El, harto ya de explicar la evidencia del picahielos bajo la cama, terminó respondiendo que, evidentemente, era Michael Douglas el criminal... Una parida ingeniosa, sí, pero si al guionista le hubieran dejado cinco minutos más de metraje, no te digo yo que no.