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Discriminación positiva de la crítica
Ningún asalariado de la crítica cinematográfica se atreverá a reconocerlo, pero a muy pocos artistas se les consiente tanto que se repitan una y otra vez y aún así sean alabados.
En la película están presentes todas las virtudes del cine de Allen: su hipocondría, su neurosis, su ingenio, su mordacidad, el perfecto conocimiento de su oficio, las cuales le permiten alcanzar ciertas cimas de hilaridad y profundidad en su sátira acerca de los entresijos del cine, donde productores, representantes de artistas, los propios intérpretes, e incluso los espectadores, reciben la "bofetada intelectual" que propina la desbordante imaginación del director.
Por ello se trata de una buena película, pero no hay que minimizar sus defectos sólo porque el autor sea un genio y tenga una trayectoria cinematográfica irrepetible, por la cual los amantes del séptimo arte estamos obligados a amar a este hombre enclenque, tímido y nervioso; así como a propagar su obra a nuevas generaciones enseñando sus películas a nuestros hijos.
Hay gags carentes de gracia, frases vacías con pretendida carga de trascendencia, un exceso gesticulatorio de Allen que llega a ser irritante, y la relación con su ex mujer posee elementos que no encajan por mucho que uno se empeñe en encontrarles un sitio.
Y esto hay que decirlo, no ocultarlo, a aquellos a quienes se admira es a quienes hay que exigir más, pues de lo contrario se endiosarán y comenzarán a ser mediocres, y resulta evidente que Allen ya ha rodado los mejores fotogramas de su vida hace mucho tiempo, y que desciende en "carrilana" hacia no se sabe bien dónde, lejos de la excelencia que en su día frecuentó.
THE END
justopastor 
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