Nada más que un puro producto de acción, pero tampoco nada menos que eso. Un filme que en ningún momento pretende ser otra cosa y que cumple por ello las expectativas. Facilita entretenimiento "trepidante", como acostumbra a decirse, y no defrauda; que nadie se llame a engaño.
La receta es convencional: una pareja protagonista carismática (con Clooney como el Expeditivo Guerrero del Peligroso Mundo Real y Kidman como la Ingenua Flor de los Invernaderos de Washington Que -sin embargo- Aprende Rápido) en el papel de eficaces servidores del Imperio del Bien luchando contra unos terroristas que surgen, cual inmortal mala hierba, del resentimiento que se cuece entre las ruinas de la URSS y de Yugoslavia.
La potente banda sonora recuerda constantemente a la de Gladiator; sin duda Zimmer, el compositor, se autoplagiaría poco después para el filme de Ridley Scott.
spoiler:
Al final sabe a poco que la motivación del terrorista sea sólo personal e intransferible: vengar la muerte de su familia asesinada. Los guionistas no se atrevieron a ir más lejos.