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Una cereza me salvó la vida.
Kiarostami sigue fiel a sus film costumbristas con esta especie de road-movie, en donde, un hombre decidido a suicidarse recoge a todo tipo de pasajeros con el único fin de que lo entierren una vez haya concluido con su cometido, ante tal tesitura se encontrará con todo tipo de respuestas: miedo, compasión, negación... a la vez que se da cuenta de que realmente existen cosas por las que rebatir su decisión.
Genial de nuevo el director, que pese a que imprime a sus films un ritmo lento, por veces anodino, consigue mantener al espectador atento en todo momento, mientras muestra al mundo a sus gentes y paisajes de Irán.
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