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El fin de la civilización
Hay en Apocalipto una mirada personal destinada a poralizar las opiniones de los ojos que la miran suscitada por el megalómano y polémico Gibson. Su nombre propio imprime el sello de una película ambiciosa y espectacular, de una calidad incuestionable y un prodigioso trabajo de documentación. Cinta de acción, de aventuras, antropología cultural, hipótesis de la posible caída de la civilización maya (las luchas tribales, las plagas, la desertización, los colonos) y profunda reflexión de encuentros e ideales de su autos, Apocalipto se erige como una gran obre cinematográfica, que además de una profunda convicción en sus ideales, muestra a Gibson como un verdadero poeta épico y un maestro artífice cinematográfico, capaz de captar con su cámara algunos de los momentos más espectaculares del cine reciente (las escenas de masas) o más íntimos y bellos (el parto del personaje femenino, Seven).
Pero Apocalipto se quedaría sólo en un fugaz y eficaz entretenimiento si no fuera por la mirada de Gibson. Es curioso comprobar como un autor tan criticado y extremo en su vida personal, convertido por medios y audiencias en bandera cuasi fascista, ofrece en su última obra magna ese descrédito a la violencia (pese a que la hay a raudales, pero realista) y respeto por los pueblos invadidos; a la par que convierte la huída de su protagonista en una consecución y consagración de valores como la familia, la fe y el honor.
jaly 
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