|
Garras que simulan caricias
Podría ser la hermana menor de esa obra maestra de Olea, Pim, pam, pum, sobre todo porque plantea el abuso de poder, la búsqueda de satisfacción carnal o económica, lo mismo da, a través de la sólida posición de quien tiene un cargo en una dictadura, un cargo oficial o el de un empresario influyente, un tipo a cubierto, con posibilidades de espiar y de empalmarse y correrse con la debilidad ajena, llevando la falocracia a la poderosa situación del torturador, sumergiéndose en ese placer con la certeza de que seguirá gozando de su posesión cuanto se le antoje.
Todo brilla al mejor estilo Mercero. Hay buenas dosis de sentimentalismo, humor e intriga: emoción, con grandes actores del primero al último: Adriana Ozores en uno de sus primeros grandes papeles en el cine después de años "encerrada" en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, de Adolfo Marsillach, realizando estupendas interpretaciones. Una jovencísima Leonor Watling, un magnífico Luis Cuenca (quien venía de la revista picaresca de Barcelona, donde fue cabeza de cartel durante muchos años) y el siempre notable Juan José Otegui.
Muy buena película con gran reparto, sí, y destaque especialísimo de Héctor Colomé: el portador de las malas noticias.
horacio 
|