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Cassandra's nightmare
Muchos llevan tiempo aconsejándole que deje aparcada su manía de realizar una película por año. Lo hicieron con ‘Un final made in Hollywood’, posteriormente con su acercamiento a la comedia adolescente en ‘Todo lo demás’ y se lo han vuelto a sugerir con esta última parada en Londres antes de recalar en nuestro país. Es probable que las tres marquen un descenso cualitativo en la carrera de Woody Allen, pero resulta injusto recriminarle esta práctica saludable sólo cuando sus obras no están a la altura. Es más fácil aceptar que con un ritmo de producción semejante el espectador asiduo al director esté condenado a vivir sus películas como en una montaña rusa, con momentos sublimes, por ejemplo en forma de anillo en ‘Match point’, y con descensos de ingenio como el que desprende ‘Cassandra’s dream’.
El último filme de Allen carece de todo lo que hace peculiar a Allen. Dicen que el director ha querido ponerse serio y para ello ha prescindido de los diálogos inteligentes, de los golpes de efecto, de la neurosis y, sobre todo, del desenlace ingenioso. El resultado final no es otro que el de una historia aséptica sin ningún tipo de guiño al seguidor que cada año acude a su cita con el cineasta.
Estamos de acuerdo en que no todos sus filmes deberían versar sobre maníacos adictos al psicoanalista o extravagantes situaciones de enredo en torno a un asesinato pero una historia como la que cuenta ‘Cassandra’s dream’ sin ese algo más que suele proporcionar el hombre de las gafas de pasta aporta algo menos que nada.
Allen ha querido suplir la carencia de sus toques personales con personajes secundarios realmente logrados. Colin Farrell y Ewan McGregor, al que echábamos en falta, logran encarnar perfectamente sus papeles de protagonista, el primero como oveja negra de la familia adicta al juego, el segundo como hermano protector, ambos en un sinvivir de quiero y no puedo. Pero son el resto de secundarios los que dotan al filme de un cariz más particular, como la madre absolutamente cegada por su hermano y el padre absolutamente celoso del cuñado.
Hermano y cuñado a la vez a cargo de un Tom Wilkinson que se erige en el intérprete más logrado de ‘Cassandra’s dream’. Es cuando aparece, excesivamente avanzado el metraje, que la película va adquiriendo mayor interés. Desde el momento en que encarga a sus sobrinos que maten a uno de sus socios es cuando el dilema moral de sus protagonistas consigue atrapar de alguna manera al espectador. Sin embargo, la historia avanza demasiado lenta y previsible, mientras uno espera en su butaca que la batuta del director la conduzca hacia algo inesperado. No ocurre así y por orden y gracia de los títulos de crédito finales ‘Cassandra’s dream’ se convierte de inmediato en un título para olvidar.
polvidal 
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