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Una de marcianos
Señales (2002) es la tercera película importante de M. Night Shyamalan, y, junto con El bosque, la más infravalorada. Basándose en uno de los fenómenos más significativos y perdurables de los últimos años, Shyamalan nos muestra la aparición de misteriosas y enormes señales aparecidas en campos de todo el mundo, en las que muchos creen ver presencias extraterrestres. Inquietante.
La trama empieza cuando unos signos misteriosos aparecen en los campos de cosecha de la granja del reverendo Mel Gibson, quien había renegado de su fe tras la muerte en accidente de su mujer. Una mera excusa para que el director retome su particular mundo de sombras y retrate la inquietud que genera en un hombre y su familia la amenazante llegada de seres desconocidos. No podemos hacer ningún reproche técnico: la profundidad de campo en cada escena enriquece la película entera, así como la forma original del cineasta para contar historias, aunque la figurita del marciano desafine.
El director esta vez prescinde de Bruce Willis y elige a Mel Gibson, quien ahora no es un héroe o alguien en busca de venganza. Es un padre como cualquier otro, con miedos, angustias, preocupaciones y, lo más importante, con un enorme amor por su familia. Joaquin Phoenix (que me gustó más en El Bosque) le acompaña bien, y Rory Culkin (sí, hermano de Macaulay) y Abigail Breslin -especialmente ella- componen unos hijos que de personajes secundarios tienen poco.
El cine de este director tiene verdadero talento para narrar historias, por lo general de corte fantástico, sin caer en los tópicos del género. La película tiene un arranque genial, con genuina tensión, pero, desgraciadamente, conforme pasan los minutos, va sumiéndose en algunas monumentales lagunas del guión. Pero la atmósfera de la película es tan poderosa que dejamos que el director nos conduzca por donde quiere, sin importarnos el sentido de lo que estamos contemplando. Qué gran virtud, dejar que la imaginación del espectador trabaje más que lo mostrado en pantalla. El ambiente claustrofóbico y de total indefensión que muestra el filme se mantiene siempre en un altísimo nivel, manteniéndonos pegados a la butaca. No hay exceso de efectos visuales. Es más, estos son casi imperceptibles, pero el resultado es apabullante.
La música de James Newton Howard mira esta vez a Hitchcock y Herrmann; la influencia de Vértigo es clara. A veces un piano suave, calmado, pero que no nos quita el malestar; otras veces notas llenas de fuerza que subrayan los momentos de más tensión de la película. Siluetas, apariciones fugaces, pisadas, sombras, reflejos.
¿Estamos solos en este planeta? No le tenemos miedo a una invasión extraterrestre. Señales es un drama de fe. El guión (del mismo Shyamalan) juega con los miedos infantiles y el dolor emocional del adulto en una forma pocas veces vista, por lo menos en la cinematografía actual. Que maravilla entonces.
helen 
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