A medio peldaño de "El resplandor" de Kubrick, nos encontramos ante una extraordinaria cinta de terror, una obra maestra de esas que te quitan el sueño durante varias y varias noches.
Con una dirección insuperable de Richard Donner (una pena que dejara este género y se pasara a dirigir cine de acción de "blockbuster"), cuenta, además, con unas extraordinarias interpretaciones (Dios salve a Gregory Peck), un guión milimétrico y perfecto, y, por encima de todo, con la mejor banda sonora de la Historia del Cine de Terror (me río yo de la de "El exorcista"), a cargo del maestro Goldsmith, quién, de manera más que merecida, fue premiado con el Oscar.
LLena de momentos inolvidables (mirar spoiler), es una película que cualquiera que sepa apreciar el verdadero cine de terror (no esas porquerías de adolescentes victimas de asesinos torpes a más no poder) debe de visionar de manera obligada.
Un clásico indiscutible, una obra maestra a reivindicar.
Advertencia: Abstenerse de ese vergonzoso "remake" (más bien plagio) surgido para explotar la fecha 6- 06- 2006; ¿es qué nadie se da cuenta de que para que fuese el número del maligno sobraría un 2 y algún que otro 0, o es que esto es como con las sumas, que los 0 no los contamos?).
spoiler:
el suicidio de la niñera, la muerte de Lee Remick, la impresionante decapitación del fotógrafo, pero, por encima de todo, ese final, con la cara de Damien sonriéndonos, como si hubiese sido consciente de todo lo ocurrido y nos estuviera diciendo con su mirada: "he vencido, joderos, cabrones".