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COSMOGONÍAS CIENTÍFICAS
Cuatro ingenieros se reúnen en un garaje de los suburbios de Dallas para experimentar con tecnología punta. Por casualidad, crean un aparato capaz de distorsionar la realidad. Premiada en el pasado Festival de Sundance, Primer es, con el beneplácito de Matrix, la película de ciencia – ficción más desconcertante, apasionante y provocadora desde Pi (1998). Su creador, Shane Carruth, un ex ingeniero-matemático, dirige, escribe, produce, interpreta, musicaliza y protagoniza la que ya me arriesgo a denominar como nueva pieza de culto del género.
Montada por un debutante autodidacta, Primer es un largometraje difícil de etiquetar, con diálogos repletos de términos científicos y giros argumentales inesperados. Sustituye el encefalograma plano al que estamos acostumbrados por una rabiosa inventiva visual llena de virtuosismo gracias a la combinación de un paisaje hecho a base de casas prefabricadas, estética uniformada y temática hi-tech. Pero lo que encumbra precisamente a Primer es lo mismo que la aleja del espectador, su potencia cerebral. Viaje, “quedada”, pillada, llámenla como quieran, su virtud reside en la capacidad para mantener el alma del espectador en vilo hasta su desenlace. De estética sucia y montaje apresurado, Primer fascinará o se percibirá como una pompa de jabón.
Ambiciosa y enigmática, su doble y vertiginosa perspectiva metafísica elimina la noción del tiempo, sumergiéndonos en un vacío ingrávido que podía haber sido más vasto de no ser por sus 7.000 dólares de presupuesto. Compleja casi hasta la locura, roza la vanguardia. Sus personajes, científicos apasionados, se encierran voluntariamente – al igual que los astronautas de 2001 o Jack Torrance en el hotel Overlook - en un espacio donde viven las mismas obsesiones a través del mismo combate. Quizás sea sólo su incapacidad crítica la que lastre su ineludible humanidad. ¿Acaso el héroe no vive también de emociones?
De filosofía demoledora y pesimista, no es casualidad por tanto que recuerde a Kubrick, dada la inevitable posición del ser humano ante su tragedia al jugar a ser Dios. Hipnótica, hermética y gélida, necesita de un par de visionados para dejarse atrapar del todo por su telaraña temporal. Provocadora e inconformista, sus detalles son su mejor baza, y apasionará a cualquier estudiante de ciencias sin dudarlo. Tramposa por su inteligencia alegórica, anormal en su narración, su subterránea trama, de ribetes criminales, convierte a todos sus mirones en auténticos buscadores de humanidad, su semilla oculta.
La Maga 
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