Entrega inaugural de una planeada “trilogía de la muerte” que su autor no pudo acabar por ser asesinado meses después de su estreno. La película desprende un sabor de tragedia humana y de pesadilla interminable. Desde el comienzo, la agresión visual del espectador es constante a través de las aberraciones perpetradas por cuatro altos cargos (representantes cada uno los distintos poderes políticos) a un grupo de jóvenes que han sido encerrados en una villa y convertidos en esclavos sexuales.
Toda esta alucinación contrasta brutalmente con una sosegada técnica cinematográfica mediante el recurso a imágenes equilibradas y armónicas. Las torturas son acompañadas al piano por las dulces melodías de una reservada pianista (álter ego del espectador) que observa en silencio ese espectáculo de horror. No dejan de chocar entre tanta obscenidad las reflexiones en torno al poder, la estética o la filosofía sazonadas con la cita a Klossowski, Baudelaire y Nietzsche. Escalofriante el contraste entre la masacre y los hermosos espacios donde ésta se desarrolla decorados con obras de arte cubistas y dadaístas (impresionante el salón pintado por Fernand Léger).
Lo más exasperante es la sensación de que aquel delirio no tendrá un fin.
spoiler:
La película no concluye con un desenlace esperanzador. El único personaje sensato, la pianista, se lanza desde una ventana al no poder soportar el cáriz que va adoptando semejante experimento. Y así la película trasciende la especificidad de los hechos narrados adquiriendo un carácter simbólico-mítico de castigo infernal sin solución. Durante una de las torturas un verdugo grita a su víctima después de disparar un arma descargada sobre su cabeza: "Imbécil, ¿Creías que íbamos a matarte?, ¿no sabes que querríamos matarte mil veces hasta el fin de la eternidad?".