|
Hopkins sentando cátedra.
Esta película debe ser puesta como ejemplo de como se puede elaborar un drama sobre gente que no debería importarnos un pimiento, tan grandes son las distancias que nos separan de ellos a los latinos tanto en espacio como en hábitos y cultura, y que sin embargo consigue atraparte desde el principio.
Para conseguirlo, el guionista no duda en meternos en la verdadera historia a través de multitud de microrelatos que encajan a la perfección unos con otros. Todas esas historias que hacen que el desarrollo sea muy ameno, tienen como objetivo ayudarnos a comprender al personaje de Hopkins, como ha transcurrido su vida, el ejemplo que ha tenido en su padre, y de qué manera se ha convertido en el ser reprimido y solitario que es, incapaz de mostrar sus emociones ante una mujer a la que ama.
Es ésta una crítica feroz a lo que se conoce como la flema británica, y de qué manera puede arruinar vidas y hacer infelices a los que la aplican de manera fundamentalista, como es el caso. Muy explicativa a este respecto es la anécdota que cuenta el padre del protagonista con el fin de explicar cómo debe comportarse un buen mayordomo inglés y que sirve de ejemplo de hasta qué punto puede una persona reprimir sus instintos si ha sido educado para ello.
El contrapunto de esta historia es la Thompson, que está mejor que nunca, aparece de repente y hace a Hopkins dudar de todos sus principios, las escenas entre ambos son extraordinarias, algunas rebosan ternura, cuando el mayordomo baja un poco la guardia y podemos ver en sus ojos la expresión de un adolescente que se enamora con treinta años de retraso(Impresionante Hopkins), pero la flema tira, y mucho.
En resumen, gran película si quieres disfrutar de un drama hecho con buen gusto y grandes interpretaciones, incluyendo a Superman dando lecciones de política a los 'aficionados' europeos. Muy recomendable.
Castigado sin cenar 
|