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La primera de muchas
Ocurre a veces que cuando una fórmula obtiene éxito, aunque sea incomprensiblemente, esta se repite una y otra vez, como si se tratara de un bucle. El terror moderno, entendiendo por este el de los 90´s sufrió una enfermedad parecida a lo que hablo. Así, parecía que se había hallado la quinta esencia cuando en 1996 apareció una película llamada Scream que marcó la salida de un absurdo subgénero de adolescentes americanos que aún hoy tenemos que sufrir. Suena gratificante que una mente japonesa venga a romper todos los cánones preestablecidos y aporte, ya no solo un soplo de aire fresco al género, sino un nuevo concepto de terror a todas luces. Fue esta película del maestro Hideo Nakata, adaptada magistralmente de la novela “Ringu” de Koji Suzuki, la que abrió la veda para unos encuadres todavía no vistos, para el recurso de los movimientos bruscos y acelerones de los “fantasmas” y sobre todo para la utilización del cabello como elemento de terror. Este ya no solo pasa a ser un apéndice más del monstruo oriental en general, como podemos apreciar en la larga retahíla de títulos de terror japonés y coreano que nos han invadido a principios del 2000, sino que en esta película en particular sirve de máscara para ocultar el terror informe del rostro de Sadako; de esta forma nuestra mente tendrá que imaginar lo que no ve, algo mucho mas terrorífico si cabe, que lo explícito. En suma, un film que ha marcado un antes y un después en un género que adolece de ideas nuevas y que para bien o para mal, ha influido decisivamente, como otras grandes películas, en la mente en blanco de algunos directores y guionistas americanos que solo la reproducen para, tristemente, obtener los verdaderos beneficios. Sobresaliente.
Bardo the Archer 
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