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La cosa
Título duro, pero no se me ocurre otro calificativo para ese ser pequeñito, insignificante pero de gran valor que dá a luz Sonia. Los Dardenne envuelven al espectador dentro de un ambiente que de tan natural termina por provocar escozor, será que Bruno maneja un ambiguo sistema de valores...
80, no, 50, no, 75, no, 60...la peli abunda en los negocios truncos, los famosos códigos de la calle dominan no sólo a una pareja: a una cultura. Los niños se disfrazan de vándalos, los padres actúan como cómplices, todo tiene un precio, todo es negociable. En medio de esta atmósfera de hedor repulsivo, Bruno y Sonia mantienen una relación cuasi desfazada del contexto en el que se manejan. Un bebé, un tal Jimmy que la cámara, tan cómplice como los protas, apenas se digna a enfocar: o su cuna, o sus ropitas cubriendo un cuerpo, un trámite, un negocio más.
Resulta extraño este Bruno, o bien nos sabe a lacra callejera o bien expresa desde lo más profundo de sí un amor hacia su pareja que inspira una cierta ternura. No lo justificamos, la peli tampoco se toma esas demagojias, es honesta desde lo que expone, pero inusitadamente humana.
Algo en Bruno no permite que lo condenemos definitivamente, muestra una vena sensible que cala al espectador: de ahí su amor casi incondicional por Sonia y sus esfuerzos por reparar su falta; de ahí su relativa noción del compromiso para con sus aprendices, niñitos potencialmente perdidos.
Pero algo queda bien claro: ese bebito era una gran venta, sobre él se estructura la trama y, significativamente, apenas tenemos algunos planos de él. La redención de Bruno es tan cierta como su necesidad de una Sonia que le aporte todo, todo lo que a él le falta.
Juan Rúas 
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