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Un puto disparate minuciosamente elaborado
Solo de unas mentes tan fértiles y bizarras como las de los hermanos Coen podía surgir una peli tan sumamente original y desquiciada como “El gran Lebowski”.
El argumento, a bote pronto, parece hasta trillado e incluso podría extrapolarse -salvando las distancias- a cualquier film de cine negro clásico protagonizado por Bogart o Mitchum. Sin embargo, el todopoderoso Coen ‘touch’ es el que desmarca esta peli de cualquier otro trabajo más convencional y le acaba imprimiendo ese inconfundible gracejo que convierte cada obra de los hermanísimos en un producto difícilmente clasificable. La excepcionalidad y extravagancia de Joel y Ethan, sin embargo, no se halla reñida con unos métodos de trabajo extremadamente metódicos y unas constantes estilísticas perfectamente pautadas. Me refiero, por supuesto, a ese cinismo desbocado, a ese talante paródico, a ese humor negro tan agudo como contundente, a la fuerza expresiva de su banda sonora, a esa puesta en escena preciosista, a esos planos de composición pictórica... a ese talento artístico que jamás nos deja indiferentes. “El gran Lebowski” constituye, en definitiva, una prueba más que fehaciente de que una comedia disparatada, descacharrante y alucinatoria puede urdirse con tan buenos mimbres como el mejor de los dramas o la mejor película de arte y ensayo (spoiler).
El trabajo interpretativo merece un comentario aparte. Los Coen nunca dejan nada al azar, y el reparto no iba a ser menos. Jeff Bridges y John Goodman forman una pareja tan bien avenida como Lemmon y Matthau, mientras que el resto de los actores, muchos de ellos colaboradores habituales de los Coen, estereotipan sus papeles a la perfección. Así pues, los reincidentes Turturro, Buscemi, Polito y cía siempre suponen, en este sentido, una apuesta segura, mientras que Gazzara, Moore, Neill y Seymour Hoffman, aunque intervienen poco, aportan ese pequeño granito de arena que nunca está de más.
Mucho mejor que “Barton Fink”. Al menos te ríes más.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: ¿Qué mejor resultado podríamos obtener de una historia que relata las peripecias de “el nota”, un tipo que se pasea a todas horas en chanclas y albornoz, que bebe vodka con leche y fuma hachís, que prefiere jugar a los bolos a trabajar y que se ve implicado, junto a su colega deportivo, un violento judío excombatiente en Vietnam, en el fraudulento secuestro de la joven esposa de un acaudalado inválido, y que le supondrá verse perseguido por matones de pacotilla, sheriffs reaccionarios y reputados pornógrafos?. Parece caótico, lo sé, pero los Coen manejan con mano de santo los hilos de este magnífico despropósito confiriéndole un orden y una belleza palpable a todas luces.
Taylor 
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