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Teletransporte a Tontilandia
Qué cosa más mala, madre del demonio; y mira que Doug Liman había hecho la interesante El Caso Bourne y la entretenida Señor y Señora Smith, pero es que ésta no tiene ni pies ni cabeza. El planteamiento tiene su originalidad, ese muchachuelo soso (qué penoso y falto de carisma, el Hayden Christensen), que descubre el poder de teletransportarse de un sitio a otro. Y aquí se acaba la peli, porque todo lo demás es patético: los malos que lo persiguen, los Paladines, resultan ser miembros de la Santa Inquisición, que sobreviven desde el Medievo cazando a los zoquetes estos que se dedican a pegar saltos a través del espacio. Esto, cuanto menos, es chocante. Ah, y la novieta del prota tampoco tiene desperdicio, su cerebro mononeuronal no le da para preguntarle al chaval que por qué narices no se ha muerto al principio de la peli, claro que, como el tío le paga un viaje a Roma, la buena moza no se plantea eso de pensar, que es muy cansino. El pseudoargumento resulta ser una serie de disparatadas aventurillas entremezcladas con los viajecitos que se monta el saltimbanqui, pero es que es todo tan freaky que hasta Samuel L. Jackson debe estar dándose cabezazos contra la pared por haber participado en este sinsentido.
Lo mejor, la duración: menos de hora y media, porque si llega a durar un minuto más, perjudicaría seriamente la salud.
babayu 
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