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El picahielos
En el seno de las familias estadounidenses de los setenta se ha colado un chino. Y no contento con ello, se ha puesto a diseccionar sus entresijos con la precisión de un cirujano, removiendo hasta los cimientos, para lograr desde una cultura ajena una bomba que nos afecta a todos. Con un par.
El chino nos abre la puerta de estas familias como si fuera su casa, qué cabrón, y dentro hace un frío espantoso. Entre todos los montones de hielo del interior, el guía nos indica cuál es el motor que hace que se circulen los miembros de estas familias: el sexo. Tampoco están tan alejados de nosotros, pienso.
La atmósfera es helada, todo está congelado por planos de cuberterías, témpanos, ramas quebradizas, escarcha, ríos de hielo en definitiva que arrastran a los personajes sin concederles un soporte al que agarrarse. Caen en picado y yo también empiezo a resbalarme con facilidad. El chino se ríe por lo bajini.
Llegamos a los corazones de los personajes, y vemos que están separados, que quieren acercarse entre sí y no saben cómo, pero están lo suficientemente cerca para latir juntos. Conforman un corazón grande, un tanto frío, pero que todavía funciona. De repente, el chino, como si de una tormenta repentina se tratase, clava un picahielos en el centro de este corazón. Siento el pinchazo como si fuera propio y estoy al borde de la lágrima.
Le pido al chino que me saque de aquí, que el dolor empieza a ser insoportable, a lo que éste me responde: "Si esta es tu casa". Y no sé vosotros, pero yo me quedo helado.
GVD 
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