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Una excesiva historia de violencia (6.5)
Larry Clark tiende hacia el exceso; le gusta llevar las situaciones hasta el límite de lo creíble. El regustillo a falsedad no es problema del guión ni de la historia, que se asemeja bastante a las que vemos y seguiremos viendo cada cierto tiempo en los telediarios –de hecho, se ha vendido como basada en hechos reales–, sino que es por la efectista forma de editar y de precisar la psicología de los personajes durante la dirección de actores.
No obstante, reconozco nervio en su estilo. Una primera parte más o menos interesante, aunque desaprovechada, desemboca en un segundo tercio apasionante en el que el director despliega todo su saber hacer narrativo. Los juegos psicológicos de la parte final comienzan cómicos, pero terminan por alargarse demasiado.
Las escenas de sexo, de las que ciertamente se abusa, no son simple porno, sino que ayudan a definir las personalidades de los chicos y el ambiente evasivo –hedonista es un calificativo totalmente inadecuado– por el que se mueven. Y es una forma de vida que sabemos que existe en casi todos los estratos sociales, tanto pobres como ricos –si alguien no se lo cree, estaría dispuesto a quedar con él un sábado por la noche y llevarle a casa de un par de conocidos míos–.
La miga de toda la propuesta está en esa parte central de la que hablaba, en la que se reúne una panda de colgaos y retrasados mentales para llevar a cabo un asesinato sin apenas premeditación. Es la parte más graciosa y tensa.
jastarloa 
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